Mostrando las entradas con la etiqueta John Henry Newman. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta John Henry Newman. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de enero de 2019

Desarrollo o corrupción

El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal alemán Gerhard Müller, explicó que un “cambio de paradigma” en la doctrina católica no es desarrollo sino corrupción.

Así lo indicó el Cardenal en un ensayo publicado el 20 de febrero en la revista estadounidense First Things, con  el título “Development or corruption?”.

En el texto el Cardenal explicó que el intento de algunos de modificar la doctrina católica para promover su agenda es contrario a los mandamientos, y denunció que quien alienta un cambio de la enseñanza de la Iglesia en la teología moral, como si fuera una “decisión de conciencia digna de alabanza”, en realidad “habla contra la fe católica”.

En su opinión, un “cambio de paradigma” en la doctrina, es decir “un cambio fundamental en las formas teóricas del pensamiento y la conducta social” respecto a la “presencia de la Iglesia en el mundo”, simplemente no es posible porque “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”, como afirma el libro de los Hebreos en la Biblia.

Esto último, precisó, “es nuestro paradigma, que no se cambiará por ningún otro”.

Por ello, “un cambio de paradigma, por medio del cual la Iglesia tome los criterios de la sociedad moderna para ser asimilados, no constituye un desarrollo sino que es corrupción”.

El Cardenal alemán explicó también que el Papa y los obispos tienen el deber de preservar la unidad de la fe y evitar la polarización. Por ello, es también un deber de conciencia corregir cuando las palabras “cambio pastoral” son usadas por algunos para “promover su agenda que se aleja de la enseñanza de la Iglesia, como si la doctrina fuera un obstáculo para la atención pastoral”.

En su ensayo, el Purpurado se refirió al concepto del “desarrollo de la doctrina” en la Iglesia, según lo explicaba el Beato John Henry Newman, y su relación con el debate sobre la interpretación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia que el Papa Francisco publicó en 2016.

El Cardenal recordó que el capítulo ocho de la exhortación “ha sido objeto de interpretaciones contradictorias”, y alertó que cuando se habla en este contexto de un “cambio de paradigma”, en realidad parece que se propone “una recaída en una forma modernista y subjetivista de interpretar la fe católica”.

En la fe católica, continuó el Prefecto Emérito, “el método adecuado para interpretar la revelación requiere el trabajo conjunto de tres principios que son: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la Sucesión Apostólica de los obispos católicos”.

La Reforma protestante, continuó, es un ejemplo en la historia sobre cómo funcionan las cosas cuando se introduce un nuevo principio formal, en este caso el de considerar sólo las Escrituras.

“Este nuevo principio hizo que la doctrina católica de la fe, como se desarrolló hasta el siglo XVI, cambiara radicalmente”. Así, precisó, “la comprensión fundamental del cristianismo se convirtió en algo completamente diferente”.

El Cardenal Müller también se refirió a la recepción de la Eucaristía por parte de los divorciados en nueva unión y dijo que no se puede olvidar la enseñanza de San Juan Pablo II, que en su exhortación apostólica Familiaris Consortio de 1981 señaló que “los divorciados que viven en nueva unión deben decidir si viven en continencia o, de otro modo, abstenerse de recibir los sacramentos”.

El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe también dijo que “cuando los cardenales, los obispos, los sacerdotes y los laicos le piden al Papa una clarificación sobre el tema, lo que en realidad piden no es una aclaración de la opinión del Papa, sino claridad sobre la continuidad de la enseñanza del Papa en la Amoris Laetitia con el resto de la tradición”.

Hablando sobre las distintas declaraciones y opiniones de los obispos y las conferencias episcopales, el Cardenal alemán indicó que para que los prelados sean ortodoxos, “no es suficiente con que declaren su conformidad con las que se presumen son las intenciones del Papa” en la Amoris Laetitia.

“Solo serán ortodoxos si están de acuerdo con las palabras de Cristo preservadas en el depósito de la fe”, subrayó el Cardenal Müller.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA

martes, 26 de septiembre de 2017

La visión protestante de los anglicanos

En el libro Perder y ganar, Newman hace varios apuntes acerca del punto de vista protestante:

"Es una estupidez intentar que una nación tan religiosa como la inglesa sea más religiosa a base de poner imágenes por las calles. Ese no es su estilo y sólo conseguiría ofenderlos. Si fuese su estilo, hubiera surgido ya sin que nadie se los dijera. Como la música empuja a bailar. Pero, lo mismo que el baile no hace mejor la música que uno está escuchando, tampoco las ceremonias hacen más religioso a quien no le gustan las ceremonias." Pag 56

A esto responde Newman: "Lo católicos creen que hay un poder en las imágenes. No las ponen como algo meramente externo, para crear sentimientos, sino que dan verdadero culto a las imágenes porque son más de lo que parecen, no son pura apariencia externa. Les rinden culto a las imágenes bendecidas o a aquellas cosas que pertenecieron a algún santo o porque se obró algún milagro a través de ellas, porque tienen un vínculo con el mundo invisible de la gracia." Pag 56

Otro punto de vista protestante: "La Escritura dice muchas cosas sobre fe y santidad pero ni una palabra sobre iglesias y formas externas. La gran tendencia, la desdichada tendencia del entendimiento humano es crear un mediador (se refieren a la Iglesia) para interponerlo entre él y su Creador; y lo mismo da si ese intermediario falaz es un rito, un credo, una fórmula de oración, las buenas obras, o la comunión con iglesias particulares. La única manera segura de servirse de esas cosas es usarlas con la conciencia de que puede uno prescindir de ellas, que ninguna de ellas surgía directamente del núcleo porque la fe, ese firme convencimiento de que Dios me ha perdonado, es lo único absolutamente necesario; que donde esta esa única cosa, todo lo demás resulta superfluo." Pag 69.

Newman anota que mantienen los protestantes esto de manera tan inconmovible, bajo la base de la verdadera fe, que les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación. Pag 69. Newman pensaba que no se puede dar gusto a todo el mundo. Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas. Pag 65.

Para el efecto del párrafo anterior, Newman anotó una contradicción en la iglesia anglicana luego de estudiar los 39 artículos de la religión que son la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos, a medio camino entre Roma y los protestantes, que datan de 1563, junto con el Prayer Book, libro sobre el ritual y el ceremonial, que data a su vez de 1570, y que constituyen los textos fundamentales de la Iglesia de Inglaterra. Los anglicanos dicen que el Prayer Book se deduce de la Escritura al igual que el credo Atanasio, aceptado por la Iglesia de Inglaterra. Uno de los Artículos dice que se deben recibir como “fundados en la Escritura”, aún siendo invención humana. Y los Artículos no dicen que sea necesario admitir sus proposiciones para la salvación. Pag 70. De tal manera que los libros que dan sustento a la religión que profesan no están fundados en la Escritura, en contravía del énfasis en la “Sola Scriptura” de los protestantes. Recordemos que el estudio minucioso de los Artículos fue el causante de que el superior jerárquico de Newman le obligara a cejar en la publicación de los Tracts of the Times.

Los anglicanos parten de la base que la Iglesia Católica tiene muchas corrupciones y abominaciones. Por eso Henry Newman les dice: "Lo cierto es que conocen poco o nada de ella.", y “No me gusta lo malo de la Iglesia Católica, si es malo, sino lo bueno. Y si voy, es por lo bueno, no por lo malo.” Pag 74.

Explica los prejuicios que tienen los protestantes acerca del Magisterio de la Iglesia: “¡Las tragaderas que hacen falta pasar, sin más, el montón de basura que los católicos tienen que meterse dentro! ¡Es como coger y, a sangre fría, atarse al cuello un dogal y darle luego la cadena al cura!” Pag 137

Newman añade por boca de un protagonista del libro:“… imagínate por un momento que el catolicismo tiene la verdad, ¿No es una oportunidad de que te conviertas?” Pag 132 "Por supuesto que estaba buscando la verdad. Era su deber. Una vez su tutor – no se le olvidaría, no – le explicó que el libre examen era un deber. Esa era la verdadera diferencia entre católicos y protestantes; los católicos empiezan por la fé, los protestantes por la interrogación."Pag 92

Tal vez por esta razón Newman desarrolló tanto el concepto de conciencia, como ya lo mencioné en otra entrada, como profundización de lo que es el verdadero "libre examen".

El diagnóstico de Newman respecto al libre examen como identidad de la Iglesia Anglicana le lleva a escribir esta afirmación en labios de uno de sus personajes en Perder y Ganar: “Nuestra iglesia admite una gran libertad de pensamiento en sus miembros. Entre nuestros teólogos hay diferencias muy notables. Éste es un gran principio de nuestra Iglesia: estamos de acuerdo en ser distintos.” Pag 109 Por eso "...les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación." Pag 69.


sábado, 23 de septiembre de 2017

Esbozos del pensamiento de Newman

A Newman lo conocemos como pensador. Aún no se ha difundido su espiritualidad. Pero de una se puede deducir la otra. Trataré de dar un esbozo de algunas cuestiones a partir de frases del libro Perder y ganar[1]:

Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139

“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49

"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65

"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131

"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.

"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.

“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.

Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.

"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.

A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.

“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139

Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.

Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]


--------------------------------------------------------

[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Lo bello, lo bueno y lo santo.

Los conversos eminentes tienen interés por cuanto usualmente son personas que nacieron fuera del contexto de la Iglesia Católica y por tanto aportan una mirada fresca a las riquezas del catolicismo que no son vistas por los propios católicos que nacieron inmersos en ésta. Solemos dar por sentadas muchas cosas sin ser capaces de apreciar su belleza.

Para explicar el tema, quiero transcribir una descripción dada por John Henry Newman en su novela Perder y Ganar[1]: En el capítulo séptimo de la Primera Parte el protagonista se hace preguntas sobre la razonabilidad de la fe: "Siempre he pensado que la razón era un don general y la fe un don particular, personal. Si la fe es realmente racional, todos deberían darse cuenta de que es racional, pero, según eso, será que no es racional. Pero, ¿cómo vamos a encontrar la verdad si no es mediante la razón?". Luego se responde a sí mismo: "Los hombres nos movemos por sentimientos, por pasiones, por el sentido de lo bello, lo bueno y lo santo. Religión es hermosura: nubes, sol y cielo, los campos, los bosques, todo es religión." Luego continúa, haciendo referencia a que en la Iglesia Católica “.. el celebrante, el diácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto ... el coro cantando el Kyrie y el sacerdote y sus ayudantes, inclinados, diciéndose el «Yo confieso» unos a otros. Esto es adoración y está a años luz por encima de la razón."

El punto no es menor. Algunas denominaciones protestantes procuraban ser muy austeras en tiempos de Newman, y la facción pro protestante de la Iglesia Anglicana entendía la liturgia muy centrada en La Palabra, sin adornos. Por el contrario la Iglesia Católica siempre ha llenado la Liturgia de signos que resaltan el contenido del culto, y aprovechan los cincos sentidos para transmitir el mensaje: los gestos, las luces, el humo de los cirios en la atmósfera, los colores litúrgicos, la música y los cantos, el incienso, el abrazo de la paz, los responsorios, las oraciones comunes, ... el ser humano en su integridad cuerpo-alma elevan a Dios su plegaria y su alabanza.

En el capítulo veinte de la Segunda Parte de la misma novela Newman pone en boca de un amigo del protagonista, converso al catolicismo, la descripción de sus sentimientos por la Misa: "No se trata de recitar unas palabras. Es una gran Acción, la Acción más grande que puede darse en la tierra. Es no solo la invocación sino ... la evocación del Dios Eterno. El que hace temblar a los demonios, el que recibe la reverencia constante de los ángeles, Él mismo se hace presente sobre el altar en cuerpo y sangre. Ése es el hecho sobrecogedor que da sentido a toda la Misa. Las palabras hacen falta, pero sólo como medios, no como fines. Las palabras hacen mucho más que dirigirse al trono de la gracia, son instrumentos de algo que es mucho más alto: la consagración, el sacrificio. Que todo es muy apresurado, dices tú ... Sí, las palabras van rápidas..., como si estuvieran impacientes por cumplir su misión. Son rápidas; todo es rápido, porque todas son partes de una acción única. Son rápidas, porque son las palabras impresionantes de un sacrificio, algo demasiado grande como para demorarse en ellas. «Lo que has de hacer, hazlo rápido». Pasan de prisa porque el Señor Jesús pasa con ellas; como pasó de prisa por el lago llamando primero a uno, después a otro. Pasan rápidas, porque como el relámpago reluce de una parte a otra del cielo, así es la venida del Hijo del Hombre. Pasan rápido, porque son como las palabras de Moisés invocando el nombre de Dios, que descendía cubriéndole con su nube. Como Moisés en la montaña, nosotros también «corremos e inclinamos la cabeza hasta el suelo, adorando». Nosotros también, no solo el sacerdote, cada uno desde su sitio y en todas partes anhelamos el gran advenimiento, «aguardamos el movimiento del agua». Cada uno en su sitio, desde su corazón, sus deseos, sus pensamientos, sus intenciones, con su propia petición; distintos pero unidos, contemplando lo que pasa, contemplando cómo pasa, uniéndose a la consumación de todo aquello... y no limitándose a seguir de principio a fin, aburrido y cansado, unas fórmulas monótonas; todos y cada uno. Como instrumentos musicales, distintos y unánimes, participando con el sacerdote de Dios, apoyándole, guiados por él, lanzamos al cielo una plegaria de valor infinito..."

Este extracto creo que da cuenta del atractivo de la prosa del cardenal Newman. En la próxima entrada tocaremos otras de sus reflexiones.


[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. Pags. 313 y 314.

martes, 8 de agosto de 2017

Biografía de John Henry Newman[1]

Habiendo leido la entrada anterior, en donde se proporciona un contexto de la época que vivió, se hace una corta biografía del beato Newman:

(1801) Nacimiento en la ciudad de Londres. Hijo de un trabajador de un banco, lo cual le dio la posibilidad de estudiar en un colegio privado.

(1816) Último año de colegio. Año en que conoce el evangelismo anglicano, que "le dotó de un sentido de lo religioso que lo hizo inmune a la tentación a las malas compañías" tanto en el colegio de Ealing como luego en Oxford.[2] Decide permanecer célibe. Destacable que haya sido a sus quince años, pero aún más porque el concepto era poco común tanto en la sociedad inglesa como en la propia Iglesia Anglicana.

(1825) Se ordena presbítero anglicano.

(1826) Tutor en Oriel College, de la Universidad de Oxford, mismo año en que es nombrado becario Froude, luego miembro del movimiento de Oxford y cercano amigo de Newman. "Froude fue una fuente pausada pero inagotable de inspiración religiosa, no solo por su modo de hablar y comunicarse, sino también por su gran clase intelectual, que necesariamente debió causar un impacto perdurable en la receptiva y crítica mente de Newman. Froude fue uno de los primeros británicos de creencias anglicanas que intentaron y consiguieron hacerle justicia a la iglesia de Roma y utilizaron para ella un lenguaje respetuoso y amable. Alentó así en Newman una visión nueva sobre la comunión Romana, sin ignorancia afectada, y poco a poco, sin prejuicios importantes"[3].

(1828) Comienza a leer los Padres de la Iglesia. Muere su hermana Mary, de la que es muy cercano. En el mismo año Newman fue nombrado vicario de Santa María, Iglesia del recinto universitario a la que se unió el beneficio de Littlemore (al sur de la ciudad de Oxford) en donde Newman consigue construir hacia 1935 una capilla, estilo gótico, que se convirtió en un modelo para las iglesias pequeñas de la época[4]. En Santa María predica sermones a los jóvenes universitarios donde pretendía alejarlos "de una espiritualidad pietista, burguesa, sin raíces en la vida cotidiana, y devolverles al ámbito de la verdadera batalla cristiana en medio del mundo"[5]. Pusey, un eminente teólogo, fue nombrado Profesor Regio de Hebreo en Oxford. También fue escritor de algunos «tractos» del movimiento de Oxford.

(1830) Época en que se acaba su evangelismo anglicano. Los principios básicos del evangelismo anglicano eran: escasa elaboración doctrinal, acento en lo afectivo, autoridad de la sola Escritura y justificación por la sola Fe que hace del bautismo algo meramente simbólico, distinción entre elegidos y cristianos puramente nominales, preponderancia de la actividad externa destinada a provocar la conversión carismática del corazón del hombre tibio[6].

(1832-33) Viaje al Mediterraneo italiano en compañía de Froude. En el viaje enfermó Newman y durante ésta concibió que su misión era reformar la Iglesia Anglicana.

(1833) Un sermón titulado "Apostasía nacional" dado por el teólogo y poeta John Keble fue el que incentivó a Newman a dar el paso hacia la reforma que había concebido como misión, iniciando la publicación de los “Tracts of the Times”, lo que a su vez dió forma a lo que se denominó el movimiento de Oxford. Su objetivo era asegurar a la Iglesia de Inglaterra una base definida de doctrina y disciplina.

(1833) Publicación de los tractos #1 #2, #3, #6, #7 y #11, entre otros de los que era autor: “Pensamientos sobre la comisión Ministerial", "La Iglesia católica”, “Pensamientos respetuosamente dirigidos al clero sobre alteraciones en la Liturgia. El servicio de entierro. El Principio de la Unidad.”, “La actual obligación de la práctica primitiva. Un pecado de la Iglesia.”, “La Iglesia Episcopal apostólica” y “La Iglesia Visible”, respectivamente. Para los anglicanos el catolicismo incorpora lo litúrgico, pero excluye la subordinación a Roma.

(1834) Publicación de los tractos #31, #33, #34, #38 y 41, y #47, entre otros de los que era autor: “La Iglesia Reformada”, “El Episcopado primitivo”, “Ritos y usos de la Iglesia”, “La Via media” y “Sobre la Iglesia Visible”, respectivamente.

(1836) Publica el tracto #75 del que era autor: “Sobre el Breviario Romano como encarnando la sustancia de los Servicios Devocionales de la Iglesia Católica”. También escribió en el ámbito político "Aclaraciones de las afirmaciones teológicas del Dr. Hampden" para evitar que el primer ministro lo nombrase para la cátedra de Teológía en Oxford. El escrito era un muestrario e implacable crítica a Hampden probando su heterodoxia y reduccionismo dogmático[7].

(1837) Publica el tracto #79, del que era autor: “Sobre el Purgatorio”. El purgatorio no era admitido por parte de la Iglesia Anglicana.

(1841) Publica el tracto # 90. En este examen detallado de los Treinta y nueve artículos sugirió que sus redactores dirigieron sus negaciones no contra el credo autorizado del catolicismo, sino solamente contra los errores populares y las exageraciones. Recibió un gran rechazo por parte de los opositores al Movimiento de Oxford y su obispo lo obligó a no volver a publicar mas tractos.

(1842) Inicia su retiro en Littlemore, donde vivió cuatro años bajo condiciones monásticas con un pequeño grupo de seguidores. Entre los protestantes no hay monasterios, por lo cual fue algo muy inusual. Años más tarde, en su libro "Perder y ganar" enuncia su pensamiento de que la llamada al celibato es ahogada por la sociedad, pero que él no era el único que había recibido tal llamado.

(1843) Retractación formal de todas las afirmaciones que pronunciara contra Roma. Aduce que siempre siguió a los teólogos que así lo afirmaban, pero sin conocer él personalmente mayor cosa sobra la Iglesia de Roma.

(1845) Es acogido en la Iglesia Católica por parte del Cardenal Wiseman.

(1847) Ordenado sacerdote católico.

(1848) Escribe su novela filosófica Perder y Ganar. Describe el clima religioso de la Universidad de Oxford durante la década de 1840, un momento de gran contienda entre varias facciones dentro de la Iglesia de Inglaterra. Algunas facciones abogaban por las doctrinas protestantes, renunciando al desarrollo de la doctrina a través de la tradición y enfatizando la interpretación privada de las Escrituras y unas exigencias morales cercanas al puritanismo (era lo que se denominaba la Low Church). Contra estas y otras facciones religiosas liberales, es que el Movimiento de Oxford defendía una interpretación católica de la Iglesia de Inglaterra, alegando que la Iglesia y sus tradiciones eran autoritarias (lo que se denominaba la High Church).

(1851) Se convierte al catolicismo Henry Edward Manning, clérigo de la Iglesia de Inglaterra desde 1832, luego Cardenal. También miembro del movimiento de Oxford. En 1842 empezó a compartir púlpito con Newman en la capilla de St. Mary’s. Fue importante para la conversión de la madre de Hilarie Belloc, quien fue un futuro apologeta católico y difusor del distribucionismo, modelo económico apoyado por la Iglesia Católica. Manning no se llevó bien con Newman por considerarlo un converso de corazón anglicano.

(1854) Funda la Universidad de Irlanda a solicitud de los obispos de dicho país. Las universidades existentes en Irlanda eran protestantes y deseaban crear una católica. Newman abogaba por una educación en dónde hubiera cabida para todas las confesiones, y en la que el laicado se preparara para ser fermento en el mundo, pero no recibió respaldo a sus propuestas[8].

(1859) Funda una escuela en su oratorio de Birmingham (donde estudió el propio Hilarie Belloc). Newman les proponía a los jóvenes un alto ideal de vida y exigencia en la vida intelectual y espiritual.

(1859) Se pone al frente de la revista católica Rambler. Inicia un periodo de depresión para Newman, que continuó hasta 1864.

(1864) Escribe “Apologia pro vita sua, historia de mis ideas religiosas”. Defiende sus creencias frente a las críticas en torno a su propia conversión, el sacerdocio y la Iglesia Católica. Uno de sus grandes apostolados fue intentar convencer a la sociedad inglesa que se puede ser ingles y católico simultáneamente.

(1875) Publica su carta al Duque de Norfolk, "donde desarrolla el tema de la conciencia como lugar sagrado de encuentro ente dos personas, la persona Divina y la persona humana... Newman se desmarca claramente del sentido de conciencia que tienen los protestantes, en cuanto que, para estos, la conciencia significa subjetivismo y juicio privado, mientras que para Newman, la conciencia debe estar formada y sometida a la verdad"[9]

(1879) Es nombrado Cardenal.

(1890) Muere.

(2010) Beatificado por el papa Benedicto XVI.

__________________________________

[1] Fuente: Wikipedia donde no se indica lo contrario.
[2] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. pag 33
[3] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[4] Fuente: Wikipedia, en la entrada https://en.wikipedia.org/wiki/Littlemore
[5] Nota a pie de página de la 5ta edición de Perder y ganar, ya mencionada, en la pag 151, cuya fuente, a su vez, es José Morales.
[6] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[7] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[8] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[9] Ibidem

lunes, 31 de julio de 2017

John Henry Newman

En relación con los Padres de la Iglesia, deseo hacer varias entradas relacionadas con John Henry Newman, quien se convirtió del anglicanismo al catolicismo a partir de la lectura de los Padres de la Iglesia.

John Henry Newman nació en Inglaterra en 1801. Antes de comentar su pensamiento e influencia, recapitularé la historia del siglo y país en que vivió. La fuente de lo escrito en esta entrada es Wikipedia cuando no se especifica.

Nació bajo la Iglesia Anglicana, la cual es una combinación entre el catolicismo no papal y el protestantismo. En el momento de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma por razones personales del rey, en 1534, admitían toda la doctrina católica. Fue Isabel I, en la década inicial de la segunda mitad del siglo XVI, la que dotó al anglicanismo de textos y normas oficiales, dando paso a la influencia protestante en la formación del credo anglicano[1]. Se consideran a sí mismos una vía media bajo tres pilares: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la razón.

El denominado “Siglo imperial” del Imperio Británico, que comprende el periodo 1815-1914, fue de radical cambio social y político en el Reino Unido y en el cual la religión desempeñó un papel significativo. Si bien el auge imperial fue entre 1880 y 1930, concentrado en África y Asia, la época previa fue de expansión comercial y colonial hacia América. Por ejemplo, en 1806 y 1807 intentaron tomar por la fuerza, sin éxito, la zona del Rio de la Plata a los españoles. Sus grandes colonias americanas fueron las de América el Norte, las que luego dieron nacimiento a los Estados Unidos de América y de Canadá.

Al principio de este período, muchos anglicanos equipararon el bienestar religioso del país con el de la propia Iglesia Anglicana, mientras que los disidentes protestantes y católicos sufrían bajo la discriminación de la legislación religiosa. Por ejemplo, previniendo una revuelta social en Irlanda, en 1829 se aprobó el Acta de Ayuda Católica en la que se permitió que un católico hiciera parte del Parlamento, es decir, antes estaba prohibido. Dicha Acta multiplicó por cinco los requisitos económicos para tener derecho al voto, buscando que disminuyeran la cantidad de campesinos y granjeros católicos de Irlanda que pudieran votar.

Newman estudio su carrera clerical en el Trinity College de Oxford. Las universidades de Oxford y Cambridge desempeñaron un papel central en la Iglesia de Inglaterra. Eran instituciones completamente anglicanas. En Oxford, los estudiantes tenían que suscribirse a los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra como parte del proceso de admisión; mientras que en Cambridge nadie podía graduarse sin hacerlo. Eran los principales viveros del clero anglicano y muy influyentes en el país en general. Los Treinta y Nueve Artículos definen la doctrina de la Iglesia de Inglaterra en cuanto a su relación con la doctrina calvinista y la práctica católica. Fueron definidos inicialmente en 1563, aunque con desarrollos durante los siglos siguientes[2].

Políticamente, la Iglesia Anglicana era abrumadoramente Tory (conservadora). El partido Whig (liberal) y su programa de reforma se soportaba en gran medida en el apoyo de los protestantes más liberales. A pesar del alivio parcial proporcionado por el Acta de Ayuda Católica y revocación de la obligatoriedad de suscribir los Treinta y Nueve Artículos en los años treinta, los no anglicanos seguían sufriendo una grave discriminación. En 1830 se pasó de un gobierno dominado por liberales-conservadores (Pittite-Tories) a un gobierno liberal (Whig). Esto creó tensiones entre la Iglesia Anglicana y el Estado. Por ejemplo, veintiún obispos votaron en contra de la reforma del Parlamento en 1831. Si todos hubieran votado a favor, el proyecto de ley habría pasado. En 1832 se aprobó el Acta de Reforma al sistema electoral de Inglaterra y Gales. Muchos clérigos temían que el gobierno se estuviera preparando para invadir los derechos y la constitución de la Iglesia Anglicana. Dicho temor se volvió patente cuando en 1833 un Acta del Parlamento reformó los territorios episcopales de la Iglesia de Irlanda. Es necesario aclarar que en ese tiempo los clérigos anglicanos eran funcionarios del Estado y la Iglesia dependía totalmente de los cargos civiles[3].

Ante tales perspectivas, una serie de teólogos, principalmente de la Universidad de Oxford, exhortaron a la recuperación de las tradiciones más antiguas para enfrentar el fuerte movimiento de secularización.

Newman detectó que el talento en boga y la corriente de la opinión pública se estaba posicionando en contra de la Iglesia. Predominaba el vivir bien, el sentido hedonista, relativista, materialista, laicista y ateo. Newman veía cómo la Iglesia anglicana era muy débil para afrontar los cambios que se estaban dando porque dependía del Estado para vivir, los clérigos observaban mudos el fin del prestigio de las autoridades eclesiásticas, y los principios de la Reforma protestante eran impotentes para rescatar a la Iglesia[4]. Así que preguntó ¿qué es la Iglesia de Inglaterra? y así inició el denominado “Movimiento de Oxford” con la publicación de una serie de escritos, “Tracts of the Times”, entre 1833 y 1841, que eran la materialización de este movimiento. Su primer número, escrito por el mismo Newman se titulaba "Tenéis que decidiros".

La próxima entrada proporciona una cronología de su biografía.

--------------------------------

[1] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[2] "En 1538 Enrique VIII, con el fin de llegar a un acuerdo con los príncipes luteranos de Alemania, promulgó los Trece Artículos, que pasaron a ser los Cuarenta y Dos Artículos en 1553 con el arzobispo Thomas Cranmer, que obligó a los sacerdotes a jurarlos para evitar controversias y eliminar resistencia de anabaptistas y católicos. El paso decisivo a los Treinta y Ocho Artículos de 1563, redactados con deliberada ambigüedad para consolidar una Iglesia Nacional que admitiera el mayor número posible de opiniones. La última revisión fue en 1571: los Treinta y Nueve Artículos." Nota del traductor, Víctor García Ruiz, al inicio del capítulo quinto del libro Perder y Ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro, Madrid. 2017.
[3] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[4] Ibidem.

lunes, 17 de octubre de 2016

Libertad y conciencia moral

La libertad en el ámbito cristiano está íntimamente relacionada con la conciencia moral: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales.” (CIC 1782) “La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.” (CIC 1784).

Michael Novak[1] afirma que el concepto de libertad no es el mismo para todos. Opina que en los países de tradición romana libertad y ley se contraponen. Por ejemplo, se me ocurre que, en referencia a la libertad de mercado, el hecho de que la iniciativa privada sólo pueda hacer lo que no esté prohibido ejemplifica su punto de vista. No sé si estar de acuerdo. No obstante, lo que me parece interesante es que dice que, en los países de tradición anglosajona, la libertad se entiende dentro de la ley, nunca afuera de ella. Supongo que también es discutible dicha afirmación, no obstante, me llama la atención que precisamente el desarrollo del concepto de la conciencia moral en el Catecismo de la Iglesia Católica está basado en las reflexiones del cardenal John Henry Newman, inglés: “La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina:

La conciencia «es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa responsabilidad y deber, temor y esperanza [...] La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo» (John Henry Newman, Carta al duque de Norfolk, 5).” (CIC 1778)

La contraposición en el concepto de libertad entre los católicos y los liberales es crucial a la hora de abordar discusiones de carácter moral.

Novak comenta a manera de ilustración cómo un buen amigo suyo es muy conservador en las ideas económicas, pero muy liberal en las ideas acerca de la sexualidad. Le critica que no reflexiona cómo las licencias morales en lo privado (el hedonismo) va en contra del cultivo de las virtudes que esos mismos liberales anglosajones muestran metódicamente en su cumplimiento de la ley.

Yo prefiero el ejemplo en el ámbito político. Los ciudadanos esperamos de un político que se dedique a atender el bien común por encima de sus intereses particulares, pero si ese individuo, coherentemente con sus ideas liberales no cultiva la virtud, sino que se deja llevar de sus placeres en el ámbito privado, tendrá tendencia a terminar esclavo de sus deseos y eso repercute en sus actuaciones públicas. Su perdida de autocontrol en lo privado hará que sea un sujeto débil ante el soborno de intereses particulares contrarios al bien público.

El autor citado menciona el caso de los anglosajones que abogan por el “pro-choice”, el “derecho a elegir” por parte de la mujer acerca de su embarazo. Dice que los anglosajones con el pro-choice hacen referencia a que consideran justo que sea cada individuo en la libertad de su conciencia moral quienes elijan sin la coerción de una ley que decida por ellos. No obstante, continúa Novak, la ley debe establecer quiénes tienen derecho a decidir sobre la vida y la muerte y debe establecer en qué ámbito se define la vida humana, independientemente de situaciones concretas y pasiones. En cuestiones de “vida y muerte” no se trata de “gustos”, se trata de una reflexión democrática pensada y reflexionada. La reflexión es acerca de si el aborto lleva a la sociedad efectivamente a una mejora de la convivencia y se fundamenta efectivamente en la dignidad de las personas.

A ese respecto el catecismo nos dice: “La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad («sindéresis»), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en definitiva el juicio formado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen o juicio.” (CIC 1780).

Para los cristianos, la conciencia moral es la presencia de Dios inscrita en nuestro corazón: “Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (cf Rm 2, 14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (cf Rm 1, 32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla.” (CIC 1777)

“«En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal [...]. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón [...]. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella»(GS 16)”. (CIC 1776)

Ya en la entrada sobre autenticidad y espontaneidad transcribí las palabras del profesor de ética y moral que aludían a la responsabilidad del hombre sobre sus actos. “La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Si el hombre comete el mal, el justo juicio de la conciencia puede ser en él el testigo de la verdad universal del bien, al mismo tiempo que de la malicia de su elección concreta. El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia. Al hacer patente la falta cometida recuerda el perdón que se ha de pedir, el bien que se ha de practicar todavía y la virtud que se ha de cultivar sin cesar con la gracia de Dios:

«Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 19-20).” (CIC 1781)

Se eliminaron ya hace tiempo de los estudios básicos y universitarios la ética y la moral. Ahora estamos en una época en que se quiere eliminar la libertad de conciencia y de religión:


  • En la semana del 10 de octubre Wikileaks filtró correos del director de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, y a su directora de Comunicación, Jennifer Palmieri, intercambiando ideas con distintos corresponsales sobre el modo de neutralizar a los católicos en la vida pública americana.
  • La US Commission on Civil Rights dirigido por Martin Castro, nombrado personalmente por el presidente Barack Obama, publicó el 7 de septiembre de 2016 un nuevo informe de 296 páginas con el título «Coexistencia pacífica: reconciliar los principios de la no discriminación con las libertades civiles» en el que se expresa que «en el pasado, en nuestro país la religión fue utilizada para justificar la esclavitud. Ahora vemos que el argumento de la "libertad religiosa" está volviendo de nuevo a nuestro discurso político y constitucional con el propósito de minar los derechos de muchos americanos. Esta generación de americanos debe ponerse en pie y hacer oír su voz para asegurarse de que la religión ya no se utilice para negar a los otros la plena promesa de América».
  • Y Hillary Clinton, como candidata expresa que "los códigos culturales profundamente enraizados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales".


La conciencia moral y la libertad van de la mano: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. «No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa» (DH 3)” (CIC 1782).

------------------------------------------------
[1] Catholic Ethic and the Spirit of Capitalism. Free Press. New York. 1993.
[2] La primavera católica de Hillary
[3] Informe oficial de la administración Obama identifica la libertad religiosa con intolerancia
[4] Hillary Clinton declara la guerra a la religión