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martes, 19 de mayo de 2020

Oración del moribundo

Dulce Jesús mío, quiero morir en Tú Voluntad.

Uno mi agonía y la de todos los hombres a la tuya, y que tu agonía sea mi fuerza, mi luz, mi defensa y la dulce sonrisa de tu perdón.

Mi último suspiro lo pongo en el último suspiro que diste por mi en la cruz, para que pueda presentarme ante ti, con los méritos de tu misma muerte.

Ah, Jesús mío, ábreme el cielo y ven a mi encuentro a recibirme con aquel mismo amor con el cual te recibió tu Padre, cuando exhalaste sobre la cruz tú último respiro.

Luego, llévame al cielo entre tus brazos, y yo te besaré y me dedicaré a ti eternamente.

Madre mía, ángeles y santos, vengan a asistirme como asistieron a la muerte de Jesús, ayúdenme, defiéndanme y llévenme al cielo.

Así sea.

martes, 27 de marzo de 2018

Oración de la familia

Espíritu Santo, concededme para mí, para mi esposa y para mis hijas,
aquellos dones divinos con que fortaleciste a los Apóstoles;
aquella gracia poderosa que ilumina el entendimiento,
mueve dulcemente la voluntad,
y vence gloriosamente la concupiscencia.

Concédenos el don de una clara inteligencia,
el conocimiento del bien
y buena voluntad de ejercitarlo.

Toma bajo tu divina protección a nuestras hijas;
presérvalas de toda pasión vergonzosa,
protégelas, líbralas de caer en los lazos de la seducción con que el demonio intenta hacerlas caer en el pecado.

Hazlas humildes, obedientes, honradas y temerosas de Dios;
amantes de la verdad y de la religión.
Dales gracia para vencer los vicios y pasiones.

Y a nosotros concédenos la gracia y el acierto necesario para educarlas y dirigirlas y hacernos obedecer de ellas.

Amén.

viernes, 13 de octubre de 2017

Oración para el inicio de las labores diarias

Oh Espíritu Santo Amor del Padre y el Hijo.

Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas,
y mi propia santificación.

Espíritu Santo
regálame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.

Concédeme acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.

Amén.

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Composición atribuído al Cardenal Verdier.

Las última parte de esta oración es de Santo Tomás de Aquino.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Una experiencia sobrenatural

Una noche me acosté, ya tarde, pero el sueño no llegaba, afectado como estaba por la enfermedad de mi hermano: un cáncer terminal. Así que como las otras noches, me metí en mi saco de dormir en la sala del apartamento de mis padres y empecé a rezar el Rosario para acompañar a mi hermano en su dolor.


Al poco tiempo de empezar, me sentí como dentro de una amplia tienda de campaña de color marrón. En la tienda entró un monje. Por lo menos así me pareció por su atuendo de lana burda color café y su capucha puesta sobre la cabeza. Tenía al cinto un largo rosario. Sin decir palabra se sentó a mi izquierda y me acompañó en el rezo. No habían pasado un par de aves marías cuando otro monje entró en la tienda. También sin mediar palabra se sentó a la izquierda del primero y nos acompañó. Así fue avanzando el Santo Rosario, con la entrada graneada de una docena de hombres, todos de vida contemplativa, que se fueron sentando al borde de la carpa acompañándonos en el rezo. Aún sin conocerlos, me daba cuenta que no pertenecían a la misma orden religiosa. De algún modo cada uno era diferente. Ya acabando la oración entendí que eran Santos que se habían unido a mi oración y que entre todos formábamos un cenáculo que intercedía por mi hermano. Una vez acabada la oración quedé profundamente dormido en la paz del Señor.

martes, 6 de septiembre de 2016

Al Señor - Papa Clemente XI

Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en Ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.

Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin; te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en Ti, porque eres mi protector.

Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda.

Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en Ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de Ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por Ti.

Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres Tú, como Tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.

Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.

Dame Tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mí, para buscar el bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.

Dame Tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con mis inferiores, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.

Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.

Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.

Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.

Ayúdame a conservar la pureza de alma, a ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi conducta.

Concédeme Tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí Tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.

Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad futura.

Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y obtener Tu gloria.


Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

viernes, 26 de agosto de 2016

Una oración en cada dedo

1. El pulgar es el más cercano a ti. Así que empieza orando por quienes están más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. Orar por nuestros seres queridos es "una dulce obligación".

2. El siguiente dedo es el índice. Ora por quienes enseñan, instruyen y sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. Ellos necesitan apoyo y sabiduría para indicar la dirección correcta a los demás. Tenlos siempre presentes en tus oraciones.

3. El dedo medio es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes. Ora por el presidente, los congresistas, los empresarios, y los gerentes. Estas personas dirigen los destinos de nuestra patria y guían a la opinión pública. Necesitan la guía de Dios.

4. El cuarto dedo es nuestro dedo anular. Aunque a muchos les sorprenda, es nuestro dedo más débil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano. Debe recordarnos orar por los más débiles, con muchos problemas o postrados por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. Nunca será demasiado lo que ores por ellos. También debe invitarnos a orar por los matrimonios.

5. Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. Como dice la Biblia "los últimos serán los primeros". Tu meñique debe recordarte orar por ti. Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las tuyas.

[1] Atribuido al Papa Francisco.

martes, 17 de mayo de 2016

Ven creador Espíritu

Viene la celebración de Pentecostés!

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Ven Creador Espíritu
de los tuyos la mente a visitar,
a encender en tu amor los corazones,
que de la nada te gustó crear.

Tú que eres Gran Consolador
y Don Altísimo de Dios,
Fuente viva y Amor y Fuego ardiente
y Espiritual unción.

Tú, tan generoso en dádivas,
Tú Poder de la diestra paternal;
Tú, Promesa magnifica del Padre,
que el torpe labio vienes a soltar.

Con tu luz ilumina los sentidos,
los afectos inflama con tu Amor;
con tu fuerza invencible fortifica
la corpórea flaqueza y corrupción.

Lejos expulsa al pérfido enemigo,
danos pronto tu Paz,
siendo Tú nuestro guía,
toda culpa logremos evitar.

Denos tu influjo conocer al Padre;
denos también, al Hijo conocer,
y en Ti, de Uno y Otro, Santo Espíritu,
para siempre crecer.

A Dios Padre, alabanza, honor y gloria,
con el Hijo, que un día resucitó, y a Ti,
abogado y consuelo del cristiano,
por los siglos se rinda admiración.

Amén.