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jueves, 29 de agosto de 2019

¿Ignorancia o acomodación?

En un equipo de trabajo en el que nos reunimos una mañana a la semana, y que trata de ser muy enfocado para no alargar la reunión, se han colado de vez en cuando comentarios desobligantes hacia los curas y hacia la Iglesia Católica. Suelo quedarme callado para no entrar en controversias, pero ante la insistencia de la aparición de tales comentarios, hice una pregunta. Se la dirigí a la jefa del grupo: ¿Por qué tanto disgusto hacia la Iglesia Católica? La respuesta fue dada sin prevención: - No tengo ningún malestar hacia la Iglesia Católica. De hecho, soy católica bautizada, sólo que no practicante. Voy a misa, pero no todos los domingos, sino cuando lo creo conveniente y por supuesto no me confieso.-

La respuesta me dejó frío. ¿Cómo puede alguien realizar comentarios en contra de la Iglesia y decir sin ningún reparo que es católico y que no va a misa sino cuando le parece bien? Es ignorancia total o acomodación a la propia conveniencia.

El sentimiento de estupor me ha durado varias semanas.

Pero el Evangelio me invita a no ver la paja ajena sino la viga propia. Debo preguntarme de qué maneras soy acomodaticio e ignorante. De muchas.

Las lecturas litúrgicas del domingo me han dado algunas respuestas: "Habéis echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge. Sufrís para corrección vuestra. Como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?" "Cierto que ninguna corrección es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella. Por tanto, levantad las manos caídas y las rodillas entumecidas y enderezad para vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino que más bien se cure." Hb 12, 5-7, 11-13

Y en el Evangelio, "Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Él les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Y os responderá: "No sé de dónde sois." Entonces empezaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas"; y os volverá a decir: "No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!" «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. «Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.»" Lc 13, 22-30

Claramente el mensaje es sobre la necesidad de cultivar la voluntad y las virtudes y de cómo no basta con creerse cristiano. Como dice un sacerdote que nos acompaña en la parroquia los días ordinarios, - Ser cristiano es fácil, basta con el Bautismo. Lo difícil es parecerlo. –

Como conclusión, reflexión personal. Como esperanza, la oración colecta del correspondiente domingo:

Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que mandas y desear lo que prometes, para que en medio de las inconstancias del mundo, permanezcan firmes nuestros corazones en las verdaderas alegrías. Por Jesucristo nuestro Señor, Tu hijo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Así sea.

sábado, 5 de enero de 2019

Dios o nada

Hoy transcribo algunas frases escritas por el Cardenal Robert Sarah, en su libro Dios o nada.

"Durante esos dos años pude constatar cuánto fue capaz de sufrir Guinea bajo un régimen dictatorial que no le ofrecía ningún futuro. La mentira y la violencia eran las armas preferidas de un sistema basado en una ideología marxista destructiva. La economía del país se había hundido y los habitantes de las ciudades padecían una pobreza extrema."… “ Séku Turé, obsesionado por la realización de su plan mesiánico, iba cayendo en una creciente paranoia que le llevaba a ver por todas partes enemigos de la revolución que tramaban su perdición. Guinea estaba herida, asolada y destruida. Hasta su alma se estaba reduciendo como una flor marchita”.

“En general, las medidas más importantes de los gobiernos revolucionarios afectan siempre a la familia. Por eso, durante los cinco primeros años de mi episcopado dediqué todas mis cartas pastorales a la defensa de la familia cristiana."

"Yo, personalmente, he conocido el comunismo de Guinea, tan lleno de generosas promesas. Amparándose en excusas tramposas, condujo a la muerte a multitud de compatriotas míos."

"Hoy día se utilizan los medios de comunicación, la demagogia, los métodos de control mental y todo tipo de procedimientos para engañar a la opinión pública y manipular las almas, lo que representa una violación colectiva de las conciencias y una grave confiscación de las libertades y el pensamiento."

"El vagabundeo espiritual viene dado también por el ambiente relativista. A merced de modas pasajeras sin raíces espirituales, sin el alimento de la oración, cualquier cristiano está en peligro."

"La ideología de género transmite una burda mentira, ya que niega la realidad del ser humano como hombre y mujer. Los grupos de presión y los movimientos feministas la promueven violentamente y se ha transformado en una lucha contra el orden social y sus valores. Su objetivo no se detiene solo en la deconstrucción del sujeto: su principal interés es la deconstrucción del orden social. Se trata de sembrar la duda sobre la legitimidad de las normas sociales e introducir una sospecha en cuanto al modelo de heterosexualidad"

"Las ideologías embrutecen, aplastan y destruyen a los hombres, porque no están intrínsecamente orientadas al beneficio suyo."

"Ya no sabemos qué es el hombre, porque se ha apartado de su creador.”

"Debemos ser precisos cuando elegimos las palabras. El lenguaje de la ONU y de sus agencias, que quieren eliminar la pobreza confundiéndola con la miseria, no es el de la Iglesia de Cristo. ¡El Hijo de Dios no ha venido a hablar de los pobres con eslóganes ideológicos! La Iglesia debe desterrar los eslóganes de su lenguaje. Porque han embrutecido y destruido a los pueblos cuya conciencia intentaba seguir siendo libre."… "Cerrar los ojos es faltar a la caridad. Callar ante las palabras y los eslóganes capciosos es faltar a la caridad."

"El igualitarismo es una ideología que se desarrolla sobre el olvido de lo religioso."

"La ideología está por naturaleza desconectada de la realidad y es necesariamente fuente de división, pues no puede traer consigo una adhesión duradera entre hombres que, para bien o para mal, siempre estarán anclados en lo real."

"Pretender ayudar a quienes están en la miseria sin promover su libertad y su responsabilidad no hace sino acentuar las necesidades de la población."

"El relativismo moderno llega incluso a pretender ser la encarnación de la libertad."

sábado, 27 de enero de 2018

Política, corrupción e ideología de género

Para un ser humano de fe, todo se mira con los ojos de la fe. Hoy quisiera conectar temas aparentemente disímiles: política, corrupción e ideología de género.

Para empezar el tema debo hacer referencia a dos agrupaciones muy comunes en todo país, y que en el imaginario colectivo se asocian con el capitalismo unos y con el socialismo otros: gremios económicos y gremios de trabajadores. Los gremios económicos actúan igual que los gremios de trabajadores: una vez ganado un beneficio, ya no lo agradecen, sino que lo asumen como derecho y empiezan a exigirlo. En específico, hablemos de los beneficios legales que se establecen en las reglas de juego de un sistema económico como resultado de una coyuntura específica. Reglas de juego que denominamos leyes. Emanan del Congreso, en donde personas, elegidas por los ciudadanos, discuten propuestas y mediante un trámite afinan el contenido de las mismas en pro del beneficio de la sociedad, es decir, de los ciudadanos y su convivencia pacífica, y que finalmente se promulgan como de obligatorio cumplimiento.

Si un gremio empresarial o de trabajadores siente que las reglas de juego van a cambiar para desmontar un beneficio sobre su gremio, empiezan a presionar a los legisladores para que no se desmonte el mismo. Se llama cabildeo o lobby. Su origen es permitir que los afectados hagan oír sus voces y pongan sobre la mesa consideraciones que a lo mejor no se habían tenido en cuenta. Pero el ser humano tiende a tener una visión limitada y cree firmemente que lo que tiene no lo debe dejar perder. Si el gremio es grande, tiene poder económico y hace uso de él, presionando a los legisladores, pagándoles si lo consideran necesario, para que no desmonten el sistema de beneficios, así las circunstancias del país, o la región, o el sector económico hayan cambiado y dicho beneficio ya no sea provechoso para el bienestar general sino sólo para el de dicho grupo. Sólo dos ejemplos: exenciones tributarias para las empresas de cierto sector económico, sistemas pensionales especiales para cierto gremio de trabajadores.

El sistema sindical y empresarial premia a aquellos directivos o representantes que logran mantener sus beneficios, u obtener adicionales. Son sistemas viciosos. Es de prever que el sistema político tienda a corromperse ante los embates del sistema económico y por ello se crean contrapesos para desestimular la corrupción: la independencia de las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, y la creación de organismos de control. Pero si el poder económico de unos pocos crece, también crece su poder político y su capacidad para lograr presionar no sólo en un eslabón de la cadena, sino en varios eslabones simultáneamente.

Colombia estuvo sometido durante varias décadas a la visión mafiosa de los narcotraficantes, dicha visión fue una expresión exagerada de la visión facilista del inmoral, aquel que busca maximizar el beneficio propio minimizando el trabajo, explotando sin consideraciones la debilidad y la honestidad de los que se encuentran a su alrededor. Bajo dicha visión, la sociedad se acostumbra a premiar a los que parece poseen dinero. El inmoral logra escalar socialmente y salir de la pobreza material. El ciudadano que carece de bienestar material y espiritual, que quiere ser parte de ese espejismo de éxito tiene dos opciones, o volverse traficante de algo, o colocarse en puestos de poder administrativo que tengan que ser tocados por el poder económico para defender sus intereses. Ya no solo buscan los puestos de servidor público para garantizar su estabilidad laboral y su futura pensión (al menos hasta hace poco). Los mejores representantes de esa opción son los políticos que acceden, ya sea al poder ejecutivo, ya sea al legislativo, a veces alternando entre uno y otro, porque adicional a su abultado sueldo y prestaciones, tienen poder de veto o de propuestas, y pueden pedir contraprestación a la acomodación de su visión a la del mejor postor.

Pero el panorama económico mundial ha cambiado. Las empresas grandes se fusionan generando monstruos empresariales con un poder incalculable. Y la corrupción ya no es a nivel de organismos regionales, ya no sólo afecta entidades del orden nacional, sino también a los organismos internacionales.

Una vez establecida la corrupción en el poder ejecutivo y legislativo, se empiezan a minar los poderes judiciales y de control.

Es inmoral la visión del escalamiento social a costa del traficar. Es inmoral la visión de lucrarse de subvenciones, beneficios fiscales o prestacionales. Es inmoral sobornar al servidor público para que se convierta en servidor de intereses particulares. Es inmoral premiar socialmente a aquellos que gozan de bienes materiales sin mediar otro tipo de consideraciones.

Una pregunta que me realizan mucho cuando hablo de la ideología de género es - ¿Pero quién está interesado en financiar una ideología absurda y destructiva como esa, fuera de la minoría que se siente identificada con sus preceptos?

Hay tres intereses entremezclados de gran poder: los gremios económicos que se nutren de sus frutos, los ingenieros sociales, y las mafias de la corrupción. No puedo dejar de añadir algo sobre los ingenieros sociales. Hace referencia a aquellos que dicen amar a la humanidad, pero que desprecian a los individuos. Apoyan procesos sociales y culturales que limiten el crecimiento de los que consideran indeseables, por temor a la escasez de recursos, a revueltas sociales, a la pobreza, a sus propios fantasmas… Los procesos sociales y culturales que actualmente apoyan son el aborto, la eutanasia y la ideología de género. Las tres limitan el crecimiento de la población. La degradación moral asociada es un costo que piensan no les va a afectar.

Quienes presionan su implantación en las leyes nacionales son los oficiales de los organismos internacionales, en contravía a los mandatos de la Asamblea General de la ONU. Los que la financian son los dueños de las multinacionales que se lucran con las actividades asociadas a dicha industria de la muerte y quienes corrompen son las mafias que actúan de intermediarias.

¿Quién se opone? La Iglesia.

El 15 de junio de 2017 el Papa Francisco citó al teólogo francés, Henri de Lubac que decía: “el peligro más grande es la mundanidad espiritual, que es la corrupción, y que es más desastrosa que la infame lepra”. Para el Papa la corrupción es “el lenguaje de las mafias y de las organizaciones criminales en el mundo” y sostiene que el corrupto “olvida pedir perdón porque está sacio y lleno de sí”. Y añadió que “la corrupción es la peor plaga social porque genera gravísimos problemas y crímenes que implican a todos”. Son palabras escritas en la introducción de la obra “Corrosión”, la cual fue escrita por el cardenal ghanés Peter Tuckson, prefecto del nuevo Dicasterio del Desarrollo Humano Integral, en conjunto con el filósofo y miembro de esa institución vaticana Vittorio Alberti.

Y cito las palabras del Papa Francisco porque la religión, cualquiera que se quiera denominar así, es decir, cualquier conjunto de normas destinadas a religar al ser humano con Dios, es fuente de enseñanzas morales y espirituales para combatir la corrupción de la política y la destrucción del bienestar común.

Los corruptos le temen a la religión porque los ricos espirituales no se dejan deslumbrar por la riqueza material. En la jerarquía y en el pueblo de Dios puede haber manzanas corruptas, pero el núcleo de la religión es la riqueza espiritual y por eso subsiste en medio de los medios más corrompidos.

Los ojos de la fe observan una combate espiritual en donde aquellos que se han dejado engañar por el padre de la mentira, el que ofrece los espejismo de la riqueza, el poder o el hedonismo, atacan a los humildes, los honestos, los débiles, aquellos que precisamente son los predilectos de Dios. La mentira los ha convencido de que algo ganarán. Lo cierto es que ya han perdido. Por ahora, la paz en el corazón, la inocencia, la alegría y en el futuro: se juegan la vida eterna.

viernes, 3 de noviembre de 2017

La Política y la Fé.

En época de elecciones se vuelve una obligación para el cristiano indagar acerca de las opciones políticas que ofrecen candidatos y partidos (hoy en día no necesariamente están alineadas las propuestas de uno y otro), elegir una y votar. La perspectiva inmadura de no votar con el argumento de que hay mucha corrupción, o que ya se sabe quien va a ganar, o que son los organismos internacionales los que deciden lo que se realiza en el país, u otras varias es ir en contra de la obligación ética y moral de todo ciudadano y de todo creyente.

Jesús sentó “un principio de enormes consecuencias para la vida social de los pueblos y de las naciones, que están compuestas por personas individuales”, cuando dijo 'Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios' (Mt 22,21).1

Seamos claros, no puso en contraposición lo uno y lo otro, sino que nos pidió que pusiéramos cada cosa en su sitio.2

Hay dos tipos de soberanía de Dios. La soberanía espiritual y trascendente y la soberanía temporal o inmanente. Dios ejerce su soberanía temporal indirectamente, confiándonos como causa segunda la elección de nuestros gobernantes. César y Dios no están al mismo nivel, porque también el César depende de Dios y debe rendirle cuentas a Él3. Como Dios creador, es soberano de todo lo creado. Como soberano temporal, es Él quien permite que algunos hombres dirijan los pueblos: "El hace alternar estaciones y tiempos, depone a los reyes, establece a los reyes, da a los sabios sabiduría, y ciencia a los que saben discernir."(Dn 12, 21).

“Dad al César lo que es del César” significa, por tanto, “dad a Dios lo que Dios mismo quiere que le sea dado al César4. "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas." (Rm, 13,1)

En nuestras sociedades democráticas no delegamos toda la responsabilidad en los gobernantes. Votamos por aquel que dirigirá el Poder Ejecutivo y votamos por aquellos que ejercerán el Poder Legislativo. Pero los ciudadanos mantenemos responsabilidades políticas: debemos colaborar en la construcción de una sociedad justa, debemos promover valores como la dignidad de la persona humana, la familia como célula de la sociedad o la solidaridad con los más débiles y/o pobres.

Transcribo, al respecto de la política, apartes del discurso de Benedicto XVI ante el Parlamento Federal de Alemania en su viaje apostólico de septiembre de 20115:
«En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”6, dijo en cierta ocasión San Agustín… Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.
Una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En este punto quiero que seamos nosotros, los ciudadanos, quienes seamos responsables en los criterios que orienten nuestra selección de un candidato, ya sea presidencial o para alcaldía municipal, ya sea para el senado de la República.

Vivimos bajo el imperio de los extremismos a nivel político, ya sea de la izquierda, ya sea de la derecha. Los elementos comunes de estos extremismos son7:
  • Manipular los sentimientos para convencer.
  • Utilizar falacias y argumentos superficiales.
  • Omitir datos y manipular estadísticas.
  • Emplear falsas dicotomías dando sólo dos opciones extremas para inducir a que se elija una en concreto.
  • Demonizar grupos y estigmatizar ideas.
  • Manipular significados y redefinir el lenguaje.
  • Utilizar tácticas de despiste y desviar la atención.
Y para ello, los medios de comunicación son siervos útiles. Y muchas veces no sólo siervos, sino dirigentes de dichas tácticas.

¿Qué debemos hacer entonces para evitar caer en el facilismo o actuar como estúpidos que caen en tales populismos?
  • Cultivar la razón y apelar a ella para informarnos.
  • Tratar los temas en profundidad, con todas sus complejidades.
  • Buscar conocer la realidad, no la parcialidad.
  • Juzgar en base a las verdades de la Fé en las cuestiones fundamentales, a la luz del Magisterio de la Iglesia, sin permitir que utilicen de manera aislada versículos para apoyar visiones parcializadas.
  • Llamar a las cosas por su nombre y utilizar las palabras de acuerdo a su verdadero significado.
  • No especular alrededor de idealismos, sino atenerse a la realidad del hombre y la sociedad, abordando los temas sin evitar aquellos que puedan ser controversiales, que precisamente suelen ser los fundamentales.
Sepamos seleccionar al César, cumpliendo en ello la Voluntad de Dios. Pero conocer la Voluntad de Dios implica humildad, oración y formación.

¿Cuáles son las cuestiones fundamentales? Benedicto XVI en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis los denomina principios no negociables: "… el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana."[8]

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1 Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, España. Texto
2 Mons. Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo en la Región Metropolitana de Chile.
3 Ibid
4 Ibid
5 Texto del discurso de Benedicto XVI
6 La Ciudad de Dios, IV, 4, 1.
7 Revista Misión. España. Varios números.
8 Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis del Santo Padre Benedicto XVI al episcopado, al clero, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre la eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la iglesia. Numeral 83.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Esbozos del pensamiento de Newman

A Newman lo conocemos como pensador. Aún no se ha difundido su espiritualidad. Pero de una se puede deducir la otra. Trataré de dar un esbozo de algunas cuestiones a partir de frases del libro Perder y ganar[1]:

Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139

“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49

"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65

"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131

"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.

"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.

“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.

Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.

"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.

A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.

“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139

Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.

Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]


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[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.

martes, 17 de enero de 2017

Las ofensas a la castidad

La introducción al blog especifica que comprende, entre otras, "ética en el contexto actual". Encuentro que además de hablar de cuestiones de derechos humanos, trato mucho el tema de la sexualidad. Pero no es de extrañar. Estamos en una sociedad que vende el sexo como sinónimo de felicidad. Bien nos advierte Pedro en I Pe 5,8 que Satanás es como león rugiente buscando devorar a su presa y Jesús en Jn 8,44 lo define como el padre de la mentira.

Lo que vende el mundo son ofensas a la castidad, o dicho de otra manera impureza. ¿Por qué es importante para Satanás la impureza? Lo cierto es que no es posible ver a través de agua turbia. Y en cuestiones espirituales no es posible ver el amor de Dios a través de la impureza. Una vez eres impuro, no te será claro el bien y el mal y quedas en manos del mundo y sus tentaciones, sin entender por qué te hacen mal.

Transcribo los numerales correspondientes a las ofensas a la castidad del Catecismo de la Iglesia Católica:

2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.

2352 Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. “Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”. “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”. Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de “la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 9).
Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral.

2353 La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores.

2354 La pornografía consiste en sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales, reales o simulados, para exhibirlos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.

2355 La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.

2356 La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf. incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.

Algunas aclaraciones:

Desordenado significa que no está bajo el dominio (las órdenes) de uno mismo.

Venéreo significa "relativo o concerniente al place sexual".

De la masturbación, muchos nos justificamos diciendo que no le hacemos daño a nadie, no obstante, el daño es amplio y duradero. La venérea masturbación requiere de la fantasía sexual, por eso masturbación y pornografía van juntas. Dicha fantasía lleva a exigir de la pareja real comportamientos irreales, generando disconformidades que atentan contra el verdadero significado del amor y la sexualidad como entrega mutua (don de sí a la pareja). Los psicólogos dicen que alrededor del 70% de las separaciones matrimoniales tienen asociada la pornografía. Un camino cierto para llegar a la incapacidad de crear y mantener relaciones estables de pareja son estas ofensas contra la castidad. Por el contrario, si buscas una relación estable y feliz, evita a toda costa la pornografía y la consecuente masturbación. Sólo Dios es capaz de borrar las imágenes pornográficas impresas profundamente en la mente. Obsérvese que ambas ofensas las califica el Catecismo de 'graves'.

De la lujuria y la fornicación ya se ha hablado abundantemente en otras entradas.

La prostitución y la violación van mucho más allá de un pecado sexual comprendiendo en realidad un abanico completo de pecados.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Contracepción

Una amiga me contó la historia de los esposos Scott y Kimberly Hahn, teólogos de la denominación protestante presbiteriana. Ambos convertidos al catolicismo por diferentes caminos. La historia de ella es la que me dio pie para escribir esta entrada, tema pendiente en la exposición de posiciones diferenciales entre católicos y protestantes. El punto es que ella se preguntaba sobre la razonabilidad bajo la fe de autorizar a la conciencia de cada cristiano el uso de los métodos contraceptivos como método de planificación familiar. Eso implica plantearse muy diversos temas éticos: ¿cuál es el papel de la sexualidad entre los esposos?, ¿es lícito desligar el acto conyugal de la concepción?, ¿desde qué momento podemos considerar que una persona es una persona?

Vamos por partes. Lutero, monje agustino del cual ya hemos hablado en alguna entrada anterior, tenía preocupación por la mentalidad de su época en contra de la familia y la fertilidad[1]. Estamos hablando del siglo XVI. Los primeros protestantes entendían cómo la contracepción llevaba hacia una visión egoísta. Pero bien saben que prefiero tomar fuentes protestantes para discutir estos temas controversiales. El teólogo Albert Mohler [2], Baptista, advierte cómo las iglesias protestantes no tenían teología sustancial acerca del matrimonio, el sexo y la familia entre 1930 y 1970, época en que las teorías maltusianas del control de la natalidad y las eugenésicas de Margaret Sanger estaban en boga. Los protestantes dieron la bienvenida a los métodos contraceptivos.

Los católicos también, pero el Magisterio de la Iglesia no. La Iglesia Católica tenía como guía la encíclica escrita en 1880 por el papa León XIII “Arcanum divinae sapientiae”, y el Papa Pío XI escribió en 1930 “Casti connubii”, ambas sobre el tema del matrimonio cristiano. Para la década de los años sesenta había una muy fuerte presión para que el Magisterio se pronunciase a favor de los métodos contraceptivos. El Papa Pablo VI afrontó el reto y, en contra de la opinión de la mayoría del clero que abordó el asunto, declaró ilícitos los métodos contraceptivos en 1968. Comprendía que la mejora de la salubridad había traído un crecimiento demográfico sin precedentes, que la tasa de mortalidad de niños de 0 a 5 años había disminuido drásticamente y que el tamaño de las familias presionaba unas condiciones socioeconómicas difíciles para los hogares. A su vez, comprendía que la revolución industrial había desplazado a los campesinos hacia las urbes generando condiciones sociales denigrantes debido a la alta densidad poblacional, y que la desvinculación del campo ocasionaba problemas de abastecimiento de alimentos para las familias numerosas que devengaban sueldos mínimos. Pero también argumentaba que el matrimonio cristiano es válido sólo bajo los fundamentos de la unión, el amor, la fidelidad y la fecundidad y que el acto conyugal no puede separar los dos principios que lo rigen: el unitivo y el procreativo[3]. También que la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya se haya iniciado va en contra de las leyes morales e indica diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, y se abriría la puerta para que los estados intervengan en temas íntimos de la pareja y en la implementación de políticas para el control de la natalidad. Finalmente solicitó a las autoridades públicas que se opusieran a las leyes que deteriorasen las leyes naturales de moralidad, a los científicos que estudiasen mejores métodos de control natal natural, y a doctores, enfermeras, y sacerdotes para que promovieran los métodos naturales[4]. Fue una encíclica profética. El papa Juan Pablo II reafirmó todas estas tesis y las extendió a los temas de reproducción asistida mediante documentos como:
  • Teología del Cuerpo (conferencias entre 1979-1984)
  • Evangelium Vitae, Teología y Moral familiar y de la vida, encíclica del 25 de marzo de 1995.
  • Donum Vitae, Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces presidida por el cardenal Ratzinger, luego papa Benedicto XVI), sobre el respeto a la vida humana y la procreación, febrero de 1987.
  • El Catecismo de la Iglesia Católica de 1992
  • Y Veritatis splendor, encíclica sobre la Moral Fundamental, del 6 de agosto de 1993.
Las Iglesias protestantes en cambio le dieron su visto bueno a los nuevos métodos contraceptivos mecánicos, como los implantes en el útero que impiden el anidamiento del óvulo fecundado, y a aquellos que alteraban la química corporal para impedir las condiciones de anidamiento o que creaban barreras de algún tipo.

Si bien hoy en día los protestantes están alineados con el catolicismo en el rechazo al aborto, aún hoy en día admiten los contraceptivos. Apenas en esta última década es que empieza a haber una conciencia de varios factores que el Dr. Mohler expone en su artículo:
  • Aceptan que la mentalidad contraceptiva lleva a una mentalidad abortiva. 
  • Aceptan que todo matrimonio debe estar abierto al don de los hijos, lo que los católicos denominamos “estar abiertos a la vida”. Los esposos que demandan una unión sexual que no esté abierta a la vida contradicen el plan de Dios para con el ser humano: los hijos nunca deben verse como una carga, sino como un regalo de Dios.
  • Aceptan que los métodos contraceptivos llevan con facilidad a la infidelidad y la inmoralidad sexual, lo que lleva a la promiscuidad y la miseria (sentimental y espiritual).
  • Admiten que es lícito realizar una planificación familiar. La distinción entre la planificación familiar natural que propone la Iglesia Católica y la planificación familiar artificial con la que denominamos a los restantes métodos les parece postiza y el Dr. Mohler propone generar una teología protestante propia.
  • Aceptan que las parejas usen en momentos determinados métodos contraceptivos con conciencia clara de las razones, pero que en términos generales su matrimonio esté abierto a la vida, y sobre todo, que los métodos que elijan sean inequívocamente anticonceptivos, no abortivos.
No puedo sentir otra cosa que satisfacción al leer que hay una voz importante del protestantismo planteando estas cuestiones. La Iglesia Católica se ha sentido acompañada de los grupos pro-vida protestantes en su lucha en contra del aborto, pero se siente sola en su lucha contra los métodos contraceptivos. Dos aclaraciones de importancia, tanto para los protestantes como para los propios católicos, acerca del punto de vista católico:
  • Muchos católicos creímos durante mucho tiempo que la Iglesia Católica también dejaba el tema a la conciencia de cada pareja cristiana, pero Juan Pablo II fue enfático en afirmar que el uso de contraceptivos artificiales no es una práctica aceptada por la Iglesia Católica bajo ninguna circunstancia. Aquellas circunstancias que lleven a una relación sexual con algún tipo de peligro para la salud llama a la castidad en el matrimonio.
  • A medida ha habido investigaciones sobre el tema, se ha ido aclarando que todo método anticonceptivo termina de alguna manera siendo abortivo, por tanto la determinación del siglo pasado de declarar como moralmente malo cualquier método artificial se ha abierto camino, a pesar de que dichos resultados definitivamente no se han difundido por parte de los medios de comunicación y en muchos casos se han querido ocultar[5].
  • La planificación familiar natural es igual o más efectiva que la artificial, a pesar de que los colegios médicos se niegan a considerarla por cuanto disminuye los ingresos de los gineco-obstetras y de la industria farmacéutica. El método Creighton[6] es científico y es el recomendado actualmente. No conocerlo es una falta de omisión. Creer que no son efectivos es creer que la ciencia sigue al nivel que tenía en 1968.

lunes, 17 de octubre de 2016

Libertad y conciencia moral

La libertad en el ámbito cristiano está íntimamente relacionada con la conciencia moral: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales.” (CIC 1782) “La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.” (CIC 1784).

Michael Novak[1] afirma que el concepto de libertad no es el mismo para todos. Opina que en los países de tradición romana libertad y ley se contraponen. Por ejemplo, se me ocurre que, en referencia a la libertad de mercado, el hecho de que la iniciativa privada sólo pueda hacer lo que no esté prohibido ejemplifica su punto de vista. No sé si estar de acuerdo. No obstante, lo que me parece interesante es que dice que, en los países de tradición anglosajona, la libertad se entiende dentro de la ley, nunca afuera de ella. Supongo que también es discutible dicha afirmación, no obstante, me llama la atención que precisamente el desarrollo del concepto de la conciencia moral en el Catecismo de la Iglesia Católica está basado en las reflexiones del cardenal John Henry Newman, inglés: “La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina:

La conciencia «es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa responsabilidad y deber, temor y esperanza [...] La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo» (John Henry Newman, Carta al duque de Norfolk, 5).” (CIC 1778)

La contraposición en el concepto de libertad entre los católicos y los liberales es crucial a la hora de abordar discusiones de carácter moral.

Novak comenta a manera de ilustración cómo un buen amigo suyo es muy conservador en las ideas económicas, pero muy liberal en las ideas acerca de la sexualidad. Le critica que no reflexiona cómo las licencias morales en lo privado (el hedonismo) va en contra del cultivo de las virtudes que esos mismos liberales anglosajones muestran metódicamente en su cumplimiento de la ley.

Yo prefiero el ejemplo en el ámbito político. Los ciudadanos esperamos de un político que se dedique a atender el bien común por encima de sus intereses particulares, pero si ese individuo, coherentemente con sus ideas liberales no cultiva la virtud, sino que se deja llevar de sus placeres en el ámbito privado, tendrá tendencia a terminar esclavo de sus deseos y eso repercute en sus actuaciones públicas. Su perdida de autocontrol en lo privado hará que sea un sujeto débil ante el soborno de intereses particulares contrarios al bien público.

El autor citado menciona el caso de los anglosajones que abogan por el “pro-choice”, el “derecho a elegir” por parte de la mujer acerca de su embarazo. Dice que los anglosajones con el pro-choice hacen referencia a que consideran justo que sea cada individuo en la libertad de su conciencia moral quienes elijan sin la coerción de una ley que decida por ellos. No obstante, continúa Novak, la ley debe establecer quiénes tienen derecho a decidir sobre la vida y la muerte y debe establecer en qué ámbito se define la vida humana, independientemente de situaciones concretas y pasiones. En cuestiones de “vida y muerte” no se trata de “gustos”, se trata de una reflexión democrática pensada y reflexionada. La reflexión es acerca de si el aborto lleva a la sociedad efectivamente a una mejora de la convivencia y se fundamenta efectivamente en la dignidad de las personas.

A ese respecto el catecismo nos dice: “La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad («sindéresis»), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en definitiva el juicio formado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen o juicio.” (CIC 1780).

Para los cristianos, la conciencia moral es la presencia de Dios inscrita en nuestro corazón: “Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (cf Rm 2, 14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (cf Rm 1, 32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla.” (CIC 1777)

“«En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal [...]. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón [...]. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella»(GS 16)”. (CIC 1776)

Ya en la entrada sobre autenticidad y espontaneidad transcribí las palabras del profesor de ética y moral que aludían a la responsabilidad del hombre sobre sus actos. “La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Si el hombre comete el mal, el justo juicio de la conciencia puede ser en él el testigo de la verdad universal del bien, al mismo tiempo que de la malicia de su elección concreta. El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia. Al hacer patente la falta cometida recuerda el perdón que se ha de pedir, el bien que se ha de practicar todavía y la virtud que se ha de cultivar sin cesar con la gracia de Dios:

«Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 19-20).” (CIC 1781)

Se eliminaron ya hace tiempo de los estudios básicos y universitarios la ética y la moral. Ahora estamos en una época en que se quiere eliminar la libertad de conciencia y de religión:


  • En la semana del 10 de octubre Wikileaks filtró correos del director de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, y a su directora de Comunicación, Jennifer Palmieri, intercambiando ideas con distintos corresponsales sobre el modo de neutralizar a los católicos en la vida pública americana.
  • La US Commission on Civil Rights dirigido por Martin Castro, nombrado personalmente por el presidente Barack Obama, publicó el 7 de septiembre de 2016 un nuevo informe de 296 páginas con el título «Coexistencia pacífica: reconciliar los principios de la no discriminación con las libertades civiles» en el que se expresa que «en el pasado, en nuestro país la religión fue utilizada para justificar la esclavitud. Ahora vemos que el argumento de la "libertad religiosa" está volviendo de nuevo a nuestro discurso político y constitucional con el propósito de minar los derechos de muchos americanos. Esta generación de americanos debe ponerse en pie y hacer oír su voz para asegurarse de que la religión ya no se utilice para negar a los otros la plena promesa de América».
  • Y Hillary Clinton, como candidata expresa que "los códigos culturales profundamente enraizados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales".


La conciencia moral y la libertad van de la mano: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. «No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa» (DH 3)” (CIC 1782).

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[1] Catholic Ethic and the Spirit of Capitalism. Free Press. New York. 1993.
[2] La primavera católica de Hillary
[3] Informe oficial de la administración Obama identifica la libertad religiosa con intolerancia
[4] Hillary Clinton declara la guerra a la religión