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domingo, 3 de mayo de 2020

Consistencia de los Evangelios II

La narración de los Evangelios dejan muy claro el odio que había entre los judíos hacia los romanos. Barrabás era considerado asesino por parte de Pilato por cuenta de una muerte en medio de una sublevación. Judas y muchos otros esperaban que la liberación de la que hablaba Jesús fuera de la sumisión a los invasores.

En la entrada anterior ya mencioné que los evangelios según san Mateo y según san Marcos son ubicados hacia la década de los años 70 del siglo I. El Evangelio según san Lucas en la década de los 80 y el Evangelio según san Juan en la de los 90. El emperador Tito había arrasado con el templo de Jerusalén en la década de los 70 (ver esta entrada). No había nada más doloroso para los judíos. No obstante, los evangelios según san Mateo y según san Lucas narran la conversión de los soldados romanos: "Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»" (Mt 27, 54). "Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»" (Lc 23, 47). Lucas no menciona si el centurión convertido en el libro de Los Hechos de los Apóstoles es este mismo (Hc 10). En Hechos le pone nombre propio al centurión: Cornelio. En el Evangelio no, así que debemos pensar que son diferentes. No es el mencionado en Mateo 8-5, ya que éste ya estaba convertido antes de la crucifixión del Señor. Eso nos lleva a que fueron al menos tres los centuriones que creyeron en la divinidad de Cristo.

En medio de tanto odio a los romanos, escribir sobre la conversión de algunos era aventurado, pero tiene todo que ver con la universalidad (catolicidad) del mensaje de Jesús.

Respecto a la mención de nombre propios, he aquí otro pasaje que menciona a personas que probablemente conocían las comunidades de cristianos de la segunda mitad del siglo I:

"Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz." (Mt 27, 32) "Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús." (Lc 23, 26) El Cireneo es un personaje importante para la fe. Representa a los cristianos en general, que deben ayudar a Cristo a cargar la cruz. Pero es un personaje real ya que está ligado a dos nombres que eran conocidos por aquellos a quienes se les narraba la historia: "Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz." (Mc 15, 21)

El siguiente comentario tiene que ver con otra entrada que hace referencia con la maternidad de María, la madre de Jesús:

Al pie de la cruz había varias personas afectas a Jesús: "Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo." (Mt 27, 55-56)

La madre de los hijos del Zebedeo es la madre de los apóstoles Santiago y Juan, así que los que oían las narraciones, al menos en Judea y Galilea, conocían de quien se hablaba. Marcos nos dice que la mujer se llamaba Salomé: "Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé," (Mc 15, 40).

De María Magdalena sabemos que fue sanada por Jesús: " y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios," (Lc 8, 2) y que fue fiel acompañante de los discípulos ya que estuvo presente el día de la resurrección, y por la Tradición se conoce que continuó acompañando a los apóstoles.

Los que me parecen más interesante son María, Santiago y José. ¿Quiénes son? Juan nos aclara quién es la mujer: "Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena." (Jn 19, 25) Es decir, es prima de la madre de Jesús.

Muchos dirán, ¡-No!, dice que es la “hermana” de su madre- Pero ¿qué sentido tiene llamar a dos hijas con el mismo nombre? No son hermanas, son parientes, probablemente primas ya que en esa época se llamaban “hermanos” a los primos. Hablar de los parientes de Jesús nos recuerda otros pasajes: "Vuelve a casa. Se aglomera otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: «Está fuera de sí.»" (Mc 3, 20-21) "¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?" (Mt 13, 55) "¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él." (Mc 6, 3), "Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»" (Mt 12, 46-47). María, la madre de Jesús en algún momento, probablemente hacia el tercer año de su predicación, salió a seguirlo en su camino hacia Jerusalén. La acompañaron su prima y un par de hijos de ésta. Ya el otro par de primos, Santiago y Judas Tadeo, habían creído en él y se contaban entre sus Apóstoles. Ciertamente no eran sus hermanos, aunque así los llamaban. Al pie de la cruz el Señor dejó a cargo de María, su madre, a Juan. Si Santiago y Judas Tadeo eran hijos de ella, no tenía por qué encargársela a nadie. Y si también estaban Simón y José, ¿por qué encargársela a Juan?

miércoles, 22 de abril de 2020

Consistencia de los Evangelios

El siglo pasado se dieron discusiones impropias alrededor de la veracidad de los evangelios. Impropias porque los evangelios no están escritos en orden a verdades inmanentes sino trascendentes. Eran discusiones acerca de la incoherencia entre los cuatro relatos.

Denótese que los evangelios se escribieron años después de ocurridos los hechos. Sería demasiado sospechoso que coincidieran mucho. Sobre todo, porque parten del relato de testigos oculares o personas que escucharon los relatos de testigos oculares. En todo caso, transmitido por predicadores del mensaje de Jesús, no de su biografía. Eran tiempos y culturas basadas en el relato oral y la memoria, así que estaban entrenados en memorizar historias, así que los muchos años transcurridos dan lugar a alteraciones menores, pero sin alterar lo que realmente era importante transmitir.

La comparación de los evangelios es una tarea larga y extensa. Limité el ejercicio al relato de la aprensión, juicio y crucifixión de Jesús y me interesaron mayormente los comentarios anecdóticos, no los sustanciales, que es otro tipo de ejercicio.

Los cuatro narran el momento de la aprensión (Mt 26, Mc 14, Lc 22 y Jn 18). Mateo y Marcos narran que “alguien” de los que acompañaba a Jesús en el huerto de los Olivos, Getsemaní, sacó la espada y agredió a uno de los sirvientes de los sacerdotes que fueron con Judas y los soldados romanos a aprender a Jesús: "Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja." (Mc 14, 47). "En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja." (Mt 26, 51). Sólo, se menciona que los discípulos fueron al huerto, así que hemos de suponer que fue alguno de los apóstoles, pero bien pudo haber sido algún otro discípulo diferente a los doce. En la agresión le cortó la oreja al criado. No dicen que haya quedado separada del cuerpo, sólo que “le llevó la oreja”. Podemos suponer que manó abundante sangre. Juan especifica el nombre del agresor y del sirviente: "Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco". En las narraciones sólo se menciona el nombre de las personas que pueden ser identificadas por parte de los oyentes, así que debemos suponer que Malco con el tiempo se convirtió al cristianismo. Lucas también menciona el nombre del agresor, el apóstol Pedro. También menciona que Jesús, al tiempo que increpaba a Pedro por usar la violencia le sanó la oreja al sirviente: "Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó" (Lc 22, 51). Tal vez por eso valía la pena mencionar la anécdota. Jesús evitó que los ánimos se alborotaran para lograr que dejaran libres a los discípulos. Un hecho de sangre hubiera sido contraproducente.

En esta misma escena el evangelio según san Marcos narra algo muy anecdótico que, por supuesto, no figura en los otros evangelios: "Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo." (Mc 14, 51-52). Es una escena que no viene al caso, excepto para aquel que la narró. Hemos de suponer que el joven que escapó desnudo era el mismo Marcos.

Durante el juicio, las palabras que pronunció el mismo Jesús para que se diera la condena a muerte fueron las palabras del profeta Daniel (Dn 7, 13): "Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»" Lo mencionan los tres evangelios sinópticos: (Mt 26, 64; Mc 14, 62; Lc 22, 69)

También los tres mencionan cómo golpeaban a Jesús en casa de Caifás. La profecía de Isaías sobre el juicio y muerte es detallada: "Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos." (Is 50, 6). Una mención del evangelio según san Mateo lo deja a uno perplejo: "Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo: «Adivinanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»" (Mt, 26, 67-68). ¿Le golpean y luego preguntan quién te ha golpeado? Parece absurdo. Es un gazapo de redacción de dicho evangelio. Los escritos según san Marcos y san Lucas explican la escena de manera lógica: "Algunos se pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina», y los criados le recibieron a golpes." (Mc 14, 65), "y cubriéndole con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?»" (Lc 22, 64).

Los evangelios relatan que durante el juicio Pedro está afuera, para ver en qué acababa toda aquella situación. Fue en esa circunstancia que se narra la triple negación de Pedro. El evangelio según san Mateo menciona que fueron dos sirvientas las que preguntaban, y luego algunos hombres alrededor del fuego: "Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.» Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.» Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno.» . Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!». Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»" (Mt 26, 69-73). ¿Narran lo mismo los otros dos evangelios sinópticos? Veamos a Marcos: "Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote y al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.» Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un gallo. Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Este es uno de ellos.» Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo.» Pero él, se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!»" (Mc 14, 66 – 71) Concuerda bien. En muchas de las escenas los evangelios según san Mateo y san Marcos concuerdan plenamente, como si la fuente que les relató los hechos hubiera sido la misma. Son evangelios que la crítica bíblica ubica en la década de los años 70 del primer siglo. El evangelio según san Lucas supo de los hechos después, por tanto, puede que su fuente fuera distinta: "Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él.» Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!» Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «¡Hombre, no lo soy!» Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.» Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aun hablando, cantó un gallo," (Lc 22, 56-60) Dicho evangelio añade un dato que no mencionan los otros: "y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»" (Lc 22, 61) Tal vez fue el mismo Pedro el que le narró la escena. Tal vez fue un añadido para darle mayor dramatismo a la escena.

La profecía de Isaías sobre el juicio y muerte dice más adelante: "Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca." (Is 53, 7), de tal manera que pareciera se contradice la profecía ante las conversaciones que efectivamente se narra tuvo Jesús en su juicio con Caifás y con Pilato. Pero no hay tal. Si bien contestó un par de veces, los evangelios narran: "Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?» Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»" (Mt 26, 62-63). Fue conjurado en el nombre de Dios a hablar, pero en general callaba. Delante de Pilato, lo mismo: "Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.» Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada. Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?» Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido." (Mt 27, 11-14). Lo que dijo fue en razón a asegurar que se cumpliese su crucifixión, su misión salvífica.

"Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?» Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?» Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo.»" (Mc 14, 60-62)

El Evangelio según san Juan pone en boca de Jesús unas palabras adicionales con el propósito de dar enseñanzas, no con el de ser fiel a los sucesos: "El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»" (Jn 18, 19-21)

"Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?» Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.» Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» "Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él." (Jn 18, 33-38)

Recordemos que el Evangelio según san Juan es el más teológico, escrito muchos años después de los tres sinópticos y que complementa a éstos a partir de la Tradición. La crítica bíblica ubica su escritura en la década de los noventa del siglo primero. La respuesta de Pilato, ¿qué es la verdad? representa al relativismo contemporáneo, el cual probablemente ya estaba presente en los tiempos de san Juan.

Los evangelios según san Mateo y según san Marcos mencionan que los dos ladrones crucificados al lado de Jesús lo insultaban: "De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él." (Mt 27, 44). "¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También le injuriaban los que con él estaban crucificados." (Mc 15, 32). Pero el evangelio según san Lucas dice: "Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»" (Lc 23, 39-43). Probablemente se narró de esta manera para dar a entender la importancia de acogerse a la misericordia de Dios, no necesariamente corresponde a un hecho verídico. La crítica bíblica ubica la redacción del evangelio según san Lucas en la década de los ochenta del siglo primero.

Los evangelios apócrifos dicen que el nombre del “ladrón” era Dimas. Lo cierto era que si los crucificaban probablemente no era por ladrones sino por algo más grave. Obsérvese que para Pilato la alternativa que tenía para intentar liberar a Jesús de la inquina de los sacerdotes judíos era Barrabás. Tanto el evangelio según san Marcos como el escrito según san Lucas dejan claro que era un asesino: "Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato." (Mc 15, 7) "Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato." (Lc 23, 19).

Se mencionan un par de datos relacionados con la muerte de Jesús que fuera del ámbito de la fe son anecdóticos: "Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona." (Mt 27, 45) Es decir, desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde. También se narra en Mc 15, 33 y en Lc 23, 44. Y: "En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron." (Mt 27, 51). También en Mc 15, 38 y Lc 23, 45. Ambos datos son muy importantes en el contexto de la fe. No serán explicados aquí.

El propio apóstol Pedro, muchos años después, menos impulsivo y más sabio, explica la pasión del Señor: ¿Pues qué gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado? Pero si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia; el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados. Erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas." (I Pe 2, 20-25)

viernes, 30 de septiembre de 2016

La tabla periódica de la Biblia

Hoy sólo quiero mostrar algo curioso. El original es de un sitio protestante (ver aquí). Lo tomé, añadí los libros Deuterocanónicos, traduje algunas cosas y quité otras que no me constan. El resultado es este:

A la izquierda el Antiguo Testamento, a la derecha el nuevo.

En la primera fila, a la izquierda, los cinco libros el Pentateuco, a la derecha, los cuatro evangelios.

En segunda y tercera fila, a la izquierda, los libros históricos.

En segunda fila, a la derecha, el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y en la tercera, algunas de las cartas de Pablo. Recordemos que el orden de estas cartas no es cronológico sino en base a su extensión. Las más largas primero. Hay que distinguir que las cartas a los romanos, corintios, gálatas, filipenses, tesalonicenses y a Filemón fueron escritas por Pablo según los estudiosos, La carta a los hebreos hoy se reconoce que no fue escrita por Pablo. Las restantes están en discusión, sin embargo, la crítica la atribuye a discípulos de Pablo quienes las escribieron y firmaron con el nombre de su maestro dando a entender que son enseñanzas de él. Sin importar las plumas que las hayan escrito, se consideran inspiradas por el Espíritu Santo.

En la cuarta fila, a la izquierda, los libros sapiensales (de la sabiduría). A la derecha, más cartas de Pablo.

En la quinta fila, a la izquierda, los profetas mayores, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Añado en otro color dos, que algunos denominan también profetas mayores y otros no. A la derecha, las restantes cartas denominadas tradicionalmente paulinas y la de los apóstoles Santiago, Pedro, Juan y Judas Tadeo.

Y en la última fila, a la izquierda, todos los profetas menores. A la derecha, el Apocalipsis de Juan.

martes, 5 de julio de 2016

Origen de la Biblia

Los orígenes de la Biblia se encuentran en las "tradiciones orales", transmitidas de padres a hijos. Éstas, a falta de escritura, tenían antiguamente mucha más vigencia que en la actualidad. Las primeras de esas tradiciones se remontan al tiempo de Moisés, hace 33 siglos (hacia los 1,300 años a.C.). En cuanto a los primeros textos escritos, datan del siglo XI a.C. (1100 a 1001 a.C.), o sea, de la época del rey David. A partir de entonces, se fue "haciendo" la Biblia. Para los judíos -que sólo tienen lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento- ella quedó terminada dos siglos (200 años) antes de Jesucristo. Para los cristianos, en cambio, a fines del siglo I (año 50 al año 100) de nuestra era, con el último libro del Nuevo Testamento (Apocalipsis). La composición de la Biblia abarca, por lo tanto, nada menos que un milenio (1,000 años), y ninguno de sus autores sabía que estaba escribiendo la Biblia...

El Pueblo israelita, primero, y luego la Iglesia reconocieron que esos escritos -entre muchos otros también de carácter religioso- habían sido inspirados por Dios para manifestarse a los hombres a través de ellos. Pero esto tampoco ocurrió de golpe sino progresivamente. Sólo después de la destrucción de Jerusalén en el año 70, los judíos completaron su lista -lo que se llama el "canon"- de Libros Sagrados. Y la Iglesia terminó de hacer lo propio en el curso del siglo IV (año 301 al 400), pero basándose en la lista del canon Alejandrino, fijado entre los siglos III y II a.C.

¿Y en qué orden se escribió la Biblia? Ciertamente, no en el que figura actualmente. Así, por ejemplo, los cinco primeros Libros que ahora la encabezan sólo adquirieron su forma definitiva en el siglo V (años 401 al 500) antes de Jesucristo, cuando ya existían muchos otros del Antiguo Testamento. Y antes de que se escribieran los Evangelios, ya habían aparecido varias Cartas apostólicas. Sólo el Apocalipsis sigue un orden cronológico: es el que cierra la Biblia y, a la vez, el último que se escribió.

También varía el orden actual de ubicación de los Libros del Antiguo Testamento según su versión.

- La Biblia Hebrea es una de las versiones. Sigue un orden que contiene tres partes: la Ley, los Profetas y los demás Escritos.

- La Biblia Griega, es una de las versiones que se usa en la mayoría de las Biblias y sigue el orden que ubica el AT dentro de cuatro partes: el Pentateuco, los Libros históricos, los libros proféticos y los libros poéticos o sapienciales.

En cuanto a los originales de la Biblia, se perdieron hace mucho tiempo, lo mismo que los originales de los grandes escritores de la antigüedad. Las copias más antiguas de casi toda la Biblia griega datan de los años 301 al 500 (siglos IV al V de nuestra era). De la Biblia hebrea completa, los manuscritos más antiguos son de los años 801 a los 1100 (siglos IX al XI). Pero entre los años 1947 y 1957 se descubrieron cerca del Mar Muerto 600 fragmentos del Antiguo Testamento que datan de la época de Jesús. Y del Nuevo Testamento también se conservan algunos fragmentos bastante cercanos a la época en que fueron escritos.

La Iglesia, instruida por el Espíritu Santo, se esfuerza por acercarse cada vez más a una mayor comprensión de las Sagradas Escrituras para poder alimentar continuamente a sus hijos con las enseñanzas divinas.

Muchos buscan en los Evangelios datos biográficos de Jesús, pero éstos no fueron escritos para dar datos históricos sino en orden a la trasmisión de las enseñanzas de Jesús y a la salvación de las almas. Por ello no se debe buscar lo que no hay.

viernes, 29 de abril de 2016

Las diferencias en las Escrituras

La Biblia es una sola, pero del Antiguo Testamento existe una versión hebrea y otra griega. La versión griega fue elaborada en la ciudad de Alejandría, en Egipto, unos doscientos años antes de Jesucristo, para uso de los judíos que habitaban fuera de Palestina. En esta versión griega hay siete libros y algunos fragmentos de otros dos que no fueron reconocidos como "inspirados" por los judíos de Palestina.

Estos Libros que no entraron en el canon hebreo son Judit, Tobías, I y II de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, incluida la Carta de Jeremías. A ellos hay que agregar una parte del libro de Ester y otra del libro de Daniel. La razón para no admitirlos es que algunos de ellos habían sido escritos originariamente en griego y de otros sólo se conservaba la traducción en esa lengua, por ejemplo el libro Eclesiástico o Sirásides que fue escrita originalmente en hebreo pero solo se pudo conservar en la traducción al griego.

Al igual que los judíos, otras denominaciones no católicas, no los aceptan[1]. La Iglesia Católica, en cambio, los incluye con el nombre de "deuterocanónicos", o sea, "reconocidos en segundo término", si bien hoy se sabe que fueron reconocidos en primer término.

La historia consta de dos partes, y es la siguiente:

Luego de la muerte de Alejandro Magno (309 a.C.) sus generales se repartieron el imperio. Ptolomeo se aseguró de detentar el poder sobre el reino de Egipto, el sur de la actual Turquía, que se llamaba en ese entonces Cilicia, las islas de la zona de Chipre, y la costa fenicia, en específico las ciudades de Tiro, Sidón y Jerusalen. Ptolomeo gobernó hasta el 285 a.C. Para la historia que interesa en este capítulo basta saber que dicho gobernante fue quien mandó construir la famosa biblioteca de Alejandría, su ciudad capital, y que en la zona de Palestina fue muy duro con los judios. Su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo fue en cambio amable con el pueblo judío y éstos en agradecimiento le enviaron una copia de todos los libros sagrados que contenía el templo de Jerusalem con destino a la mencionada biblioteca. Ptolomeo II dio gran consideración a dichos escritos e invitó a Alejandría a una gran cantidad de eruditos judios para que tradujeran al griego los escritos sagrados. Es el origen de la Biblia Septuaginta, en idioma griego. Su nombre deriva de que la tradición dice que fueron poco mas de setenta los eruditos que realizaron dicha traducción. Se sabe que tomó poco más de dos siglos terminarla. Como ya se mencionó, es la versión que utilizaban los judios que vivían en las diversas ciudades de la costa del mar Mediterráneo.

Casi cuatro siglos después la situación había cambiado grandemente. Quien gobernaba Egipto y la zona de Palestina era el Imperio Romano. Tito, hijo del emperador Vespaciano, arrasó con Jerusalen en una guerra cruel en el año 70 d.C. Muchos fariseos habían huido de Jerusalen antes de la debacle. Hacia el año 90 se reunieron en la ciudad de Yamnia ubicada en lo que actualmente es Jordania y establecieron lo que hoy en día se conoce como el canon palestinense, ya que eran judios de Palestina, y hace referencia al conjunto de libros que contemplaban como sagrados, un acuerdo que nunca antes habían considerado necesario establecer de manera formal. En dicho canon entraron sólo los libros que estaban en posesión del templo de Jerusalen en los años en que huyeron. No hay historia escrita que explique por qué habia menos libros en el templo en el siglo I d.C que en el siglo III a.C. Sólo se conocen los múltiples disturbios, guerras civiles y saqueos que sufrió el Templo en dicho intervalo de tiempo[2].

Ahora se comprende por qué los “deuterocanónicos” fueron reconocidos en un primer término, 400 años antes. Pero en tiempos de Lutero esta historia no se conocía. Lutero consideró que el canon adecuado era el “palestinense” y no el “alejandrino” como lo había establecido el Concilio de Roma en el siglo IV d.C. (382). La ironía es que fueron fariseos anticristianos los que definieron el canon que siguen los protestantes.

Las cartas de San Pablo y los evangelios (fueron escritos en ese orden) hacen referencia a muchos pasajes del Antiguo Testamento, la mayoría de ellos fieles a la traducción septuaginta, por tanto, ¿por qué considerar el Canón Alejandrino como no válido?, ¿no será que el Canón Palestinense estaba incompleto?[3]



[1] Actualmente se incluyen en las Biblias luteranas, anabaptistas, anglicanas y episcopalianas.
[2] En Qumrán, la evidencia bíblico-arqueológica más antigua, han sido encontrados algunos fragmentos de tres libros deuterocanónicos: del Eclesiástico (gruta 2), de Tobías (gruta 4) y de Baruc (gruta 7). Fuente: Wikipedia
[3] Hay multitud de referencias cruzadas entre los libros deuterocanónicos y los canónicos, no se contradicen, se complementan.

viernes, 22 de abril de 2016

Sola Scriptura

Dice San Pedro en su primera carta: “Y así se nos hace más firme la palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana. Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios” (I Pe 1, 19-21) Y luego, respecto de las cartas de San Pablo: “Consideren que las demoras de nuestro Señor son para nuestra salvación, como lo escribió nuestro querido hermano Pablo con la sabiduría que le fue dada, e insiste sobre esto en todas sus cartas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes y poco firmes en la fe interpretan torcidamente para su propio daño, como hacen también con las demás Escrituras.” (II Pe 3, 15-16)

Con lo cual se entiende que el apóstol Pedro opinaba que la interpretación de los misterios de Dios no es bueno hacerlo por cuenta propia, pues de otro modo podría llevar a una mala interpretación. No quiere decir esto que la Iglesia Católica prohíba de algún modo leer las escrituras y dejarse llevar por las escrituras para la oración personal[1]. Al contrario. Ni siquiera históricamente. El Padre Miguel Angel Fuentes, sacerdote I.V.E. referencia a los autores Tuya y Salguero: “Mucho antes de que Lutero iniciase la reforma protestante, existían numerosas versiones de la Biblia en las lenguas vulgares de muy diversos países. Según el P. A. Vaccari, entre los años 1450 y 1500 se cuentan unas 125 ediciones diferentes de la Biblia, lo que demuestra cuán extendida estaba su lectura. En España, se leía la Sagrada Escritura en romance ya antes de Alfonso X el Sabio (1252-1284). En Alemania, se hizo una versión en 1466, de la que aparecieron 15 ediciones antes del año 1500. La primera edición en lengua vulgar italiana, se publicó en Venecia el año 1471, de la que se conocen nueve ediciones antes de 1500. En Francia, también se hizo una traducción el año 1477, que tuvo tres ediciones antes del año 1500”[2]. Lo que no permite la Iglesia Católica es la difusión como doctrina de las iluminaciones personales. Para ello está el Magisterio de la Iglesia.

Jesús oró reiteradamente por una sola Iglesia bajo un solo Pastor. Pero se cuentan varios miles de denominaciones protestantes, todas ellas bajo el principio de la “Sola Scriptura” y en contradicción unas con otras en cuestiones medulares. Eso nos dice claramente que no basta solamente la Escritura. De hecho, los protestantes dicen que la Biblia es la única norma de fe, doctrina y conducta, pero tal aseveración no figura en la Biblia. ¿Caen en contradicción?[3].

En Mc 12-24 se lee: "Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios?" Juan Pablo II nos dice "... Cristo se encuentra aquí con hombres que se consideran expertos y competentes intérprete de las Escrituras. A estos hombres -esto es, a los saduceos- les responde Jesús que sólo el conocimiento literal de la Escritura no basta. Efectivamente, la Escritura es, sobre todo, un medio para conocer al Dios vivo, que se revela en ella a sí mismo, igual que se reveló a Moisés en la zarza"[4].

Jesús advirtió que Él se marcha y que es necesario porque de esa manera vendrá el Paráclito, el abogado, el Espíritu Santo, el cual “os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho”(Jn 14, 26). ¿Se lo iba a enseñar sólo a los apóstoles? Todas las iglesias coinciden en que las Escrituras van dirigidas a los creyentes, a cada uno de ellos. La Biblia no fue escrita para que el pueblo de Dios creyera, fue el pueblo de Dios creyente el que escribió la Biblia[5]. La tradición apostólica y los primeros Padres de la Iglesia dan fe de todo lo que el Espíritu Santo les recordó a los apóstoles, y el Espíritu Santo sigue enseñándonos aún hoy en día. La Iglesia católica proclama solum verbum Dei: «solo la palabra de Dios».




[1] Un equívoco extendido es expresar que en los tiempos de la reforma la Iglesia prohibía la lectura de la Biblia. El tema estaba más relacionado con que el pueblo llano no sabía leer. Muy pocos eran los ilustrados en el leer y escribir. Lutero lo que implementó en su reforma es que la liturgia fuese en lengua vernácula, no en latín, por lo menos en las asambleas con el pueblo llano, dejando el latín para los monasterios, lo cual, como se explicará más adelante, es un concepto ausente entre los protestantes en cuanto que no hay comunidades de consagrados.
[2] P. Miguel Angel Fuentes, sacerdote I.V.E. en http://es.catholic.net/op/articulos/5739/cul-es-la-diferencia-entre-una-biblia-catlica-y-otra-protestante.html
[3] Lo infieren de II de Timoteo 3,16, pero inferir va en contra de la sentencia "Sola Scriptura".
[4] El celibato apostólico y la resurrección de la carne. Teología del cuerpo III. Juan Pablo II. Ediciones Palabra. 4ta edición, 2012.
[5] 101 preguntas y respuestas sobra la Biblia. Raymond E, Brown. Ediciones Sigueme. Salamanca 2006.