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sábado, 21 de septiembre de 2019

Las tensiones del mundo actual

El mundo contemporáneo vive una serie de tensiones complejas que se manifiestan en todos los aspectos de la vida. Se puede tomar algo tan cotidiano como la vestimenta para desarrollar una narración de tales tensiones.

Estas tensiones son en realidad una única tensión: la tensión entre las que denominaremos necesidades globales y las individuales. Sea realizado un recorrido por diversas tensiones antes de llegar a la medular.

Un recorrido

Un primer punto a relatar es la tensión entre la cultura global y la cultura local. La globalización permitida por las tecnologías de la información y las comunicaciones tienden a uniformar la cultura. Las celebridades lo son a nivel casi global. Estas celebridades mundiales son principalmente las mediáticas, no los intelectuales ni los científicos, sino los políticos, que vemos en todos los medios de comunicación social, los artistas de los medios del entretenimiento visual – cine, series televisivas y videoclips musicales -, y los de los nuevos medios: influencers en medios como Youtube e Instagram. Estas celebridades aplican discursos que sean entendidos en cualquier cultura, requisito fundamental para tener una audiencia mundial. De esta forma difunden un modo de ver la vida global. Uno de los aspectos de su lenguaje no verbal es que visten acorde con modelos globales. Así que son también modeladores de formas de vestir.

El manejo de marca global de las celebridades, lograda gracias a que la tecnología eliminó la distancia, no es algo que escape a la visión de las marcas. Las marcas, sea en alianza estratégica con la celebridad, sea una marca propia, crean colecciones que son ofrecidas a nivel mundial en cadenas comerciales y puntos de venta especializados. Los consumidores más jóvenes desean imitar a los artistas y deportistas. Los consumidores de más edad imitan la elegancia de políticos para vestir la corbata que exhibirán en sus reuniones ejecutivas.

Para reflejar la tensión recordemos a un conspicuo icono de la conciencia humana: Gandhi. Uno de los símbolos que utilizó él para mover a sus conciudadanos a adquirir una conciencia de identidad nacional fue la de vestir la indumentaria propia de la cultura india, el dhoti. Era rechazar la indumentaria británica. Además, hilaba a mano la tela que usaba para implicar aún más contundentemente el rechazo a los productos británicos.

Otro ejemplo es Rigoberta Menchú quien viste la indumentaria tradicional guatemalteca de los quichés mayas. Recibió el Premio Nobel de la paz en reconocimiento a su lucha por la justicia social y reconciliación etno cultural basada en el respeto a los derechos de los indígenas. Su vestimenta era una reivindicación de ese respeto reclamado. En su discurso exclama: “¡Libertad para los indios donde quieran que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!” (Rigoberta Menchú, s.f.) No podemos dejar de recordar la reivindicación del premio Nobel de literatura de 1992, Gabriel García Márquez, al recibir su premio vestido con el liqui liqui, traje de gala propio de los llanos de Colombia y Venezuela.

Son claros ejemplos de la existencia de la tensión entre la cultura global y la local.

Lo local puede que a muchos no le signifique mucho en relación al vestir. Pero sí en relación a la búsqueda de la justicia de los trabajadores de zonas remotas vs. la economía familiar local. Naomi Klein es una periodista, escritora y activista canadiense que crítica la globalización y el capitalismo. En el año 2000 publicó un libro denominado No Logo que, “… para muchos, [es] el manifiesto de los movimientos contra la globalización de las corporaciones privadas” (Naomi Klein, s.f.). En No Logo, Klein además de atacar las estrategias de las grandes empresas que incitan la cultura de masas a través de las marcas, acusa a algunas de tales empresas de explotar a trabajadores del tercer mundo por obtener mayores beneficios. Para el ejemplo, un botón: H&M, una multinacional que comercializa prendas de vestir es denunciada en 2017 por el periódico británico The Guardian por confeccionar sus prendas en Myanmar en fábricas cuyos trabajadores son menores de edad a quienes les pagan la mitad de un salario mínimo (How high street…, 2017). Es sólo una actualización de las denuncias que Naomi Klein realiza en su libro acerca de las marcas globales. La conciencia sobre la justicia de los trabajadores de zonas del mundo en vías de desarrollo hace que los ciudadanos sientan la tensión entre obtener prendas bonitas y baratas o comprar unas más costosas pero que no obtienen su margen de ganancias a raíz de la explotación de trabajadores de países en donde la legislación permite tales perfiles de explotación laboral. Pero no basta con tener la conciencia de la justicia hacia la dignidad de los trabajadores de otras latitudes. El acceso a información acerca del origen de las prendas y las condiciones en que son confeccionadas no es de fácil consecución y por tanto no es fácil saber qué es ético comprar y qué no. Hay asimetría en la publicidad. Klein denuncia que las empresas que comercializan marcas utilizan grandes cantidades de dinero en comercializar estilos de vida y grandes cantidades de esfuerzo en ubicar fábricas en Asia y África donde la manufactura es supremamente barata a costa del bienestar y derechos fundamentales de los trabajadores (Klein, 2001). Hay organizaciones no gubernamentales, como por ejemplo The Global Business of Forced Labour project o Antislavery.org, que denuncian las prácticas no éticas, pero viven de las donaciones y les es vedado acceder a las fábricas para recoger pruebas fehacientes de dichas malas prácticas. Antislavery.org menciona que su trabajo tiene que ver con que “Creemos que las empresas tienen un papel importante que desempeñar para acabar con la esclavitud. No boicoteamos las marcas, pero defendemos que la transparencia de la cadena de suministro y la debida diligencia en materia de derechos humanos son necesarias para eliminar el riesgo de prácticas de explotación.” (Our work on, s.f.)

La anterior tensión no es ajena a otra, también de carácter económico: la del mercado laboral. De nuevo el consumidor es puesto a elegir entre comprar prendas bonitas y baratas o conservar su puesto de trabajo. La revista Gerente Colombia introduce su análisis del sector Confección con la siguiente frase: “La cadena textil-confección ha tenido que enfrentar retos en materia de consumo interno, exportación y, sobre todo, contrabando. En 2017 su producción cayó 8.4% (muy superior al 0.5% en 2016) como resultado de la competencia desleal, el contrabando y los problemas de competitividad” (Competitividad, 2018). Un informe del grupo SURA, editado en el año 2014 dice:
“En el contexto internacional los productos chinos en el año 2012 representan cerca del 26,8 de las exportaciones mundiales de textiles y el 35,8% de la confección gracias a los bajos precios, mano de obra barata y el uso de tecnología avanzada que permiten la producción a gran escala en menor tiempo. El desempeño del sector [confecciones colombiano] en el contexto internacional dependerá del mejoramiento de las políticas contra la competencia desleal y el contrabando, la reducción en el nivel de los precios internacionales, la variedad en la oferta de los productos ofrecidos, el mantenimiento de calidad de los productos y la reducción de los tiempos de entrega.” (Hecho con Orgullo, 2014).
Es un problema que viene de vieja data y por tanto no se pueden considerar coyunturales. Generan pérdida de puestos de trabajo. Por ejemplo, RCN radio transcribe las declaraciones del presidente de la Cámara Colombiana de la Confección en agosto de 2017: “... la crisis del sector textil por cuenta de las masivas importaciones de prendas de vestir a precios irrisorios y el contrabando, que han generado la pérdida de más de 80.000 empleos, se podría agravar aún más en este segundo semestre del año donde la cifra incluso superaría los 150.000 empleos” (¿Qué pasa en …, 2017). Una opción para combatir tal situación es que la población concuerde en apoyar los productos locales. Propaís, una entidad colombiana de carácter mixto, facilita alianzas entre el Gobierno y entidades privadas con el objetivo de fortalecer el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas de Colombia, promoviendo políticas, generando información y desarrollando programas. Uno de éstos es la estrategia “Compre colombiano” que busca promover el mercado interno. No es fácil medir su impacto.

Otra estrategia por la que puede optar un gobierno en su soberanía es la imposición de aranceles. La revista Dinero, coloca como encabezado de un artículo: “El gremio de la confección quiere arancel al 37,9%. La Cámara Colombiana de la Confección y Afines, que agrupa a 70.000 empresas colombianas dedicadas a la producción textil y a la confección, se encuentra sumamente preocupada por la inequidad que según ellos se está presentando en la industria, por cuenta de las confecciones provenientes de Asia y África.” (El gremio de …, 2019) Pero la presión internacional de los países desarrollados hace inviable tal pretensión. No es fácil ejercer la soberanía. Lo que sí permiten es la apertura de zonas económicas especiales, en Colombia denominadas zonas francas, con beneficios fiscales durante un cierto periodo de tal manera que atraigan la inversión extranjera. Espejismo en el que han caído muchos gobiernos, cuando no es que los funcionarios de turno lo han hecho en connivencia ya sea con gobiernos extranjeros, ya sea con multinacionales. Espejismo porque si bien hay algunos casos de éxito, hay muchos otros de fracaso. En artículo del periódico El País, Lotta Moberg, del departamento de Economía de la Universidad George Mason (EE UU), explica que
"«La mayor parte de los proyectos se centran en atraer inversiones extranjeras y no en experimentar con reformas que pueden ser aplicadas a escala nacional.» «Al tiempo, muchos hacen demasiado énfasis en los incentivos fiscales y no en realmente dar infraestructuras de calidad y un entorno competitivo. Además, los gobiernos necesitan sacar recursos en forma de impuestos, así que tienen menos dinero para gastar, invertir y, en consecuencia, contratar gente». La falta de recursos se acentúa por la caída en los ingresos tributarios: muchas zonas ofrecen vacaciones fiscales, a veces permanentes” (El populismo, 2015).
En el mismo artículo Patrick Neveling, profesor de Antropología Cultural en la Universidad de Utrecht y especialista en el desarrollo histórico de las Zonas económicas especiales dice:
“«Muchos países recurrieron al FMI y al Banco Mundial para rescatar sus economías, y entre las condiciones impuestas estaban las zonas económicas especiales … las empresas [de las zonas económicas especiales] no se hacen cargo del coste social que supone una persona que empezó a trabajar en la maquila a los 15 años y que a los 40 está agotada físicamente y no tiene formación para hacer otra cosa si pierde el trabajo o la empresa cierra»” (El populismo, 2015).
También se aclara en el mismo artículo que “La propia OIT alerta de que en muchos casos el efecto neto sobre el empleo es cero: las empresas simplemente trasladan los puestos de trabajo del resto del país a las zonas económicas especiales.” (El populismo, 2015). Aún no siendo un trabajador del sector moda y confecciones el desempleo de los conciudadanos afecta la economía local y por ende la propia. La tensión existe.

Una tercera alternativa es la de volver a un patrón de consumo austero como el que se manejaba a mediados del siglo XX. Un artículo del la BBC que investiga quién realmente paga la cuenta de la ropa barata indica que “Los británicos, por ejemplo, compran cinco veces más prendas de las que adquirían en la década de los 80, dice Dharshini David, reportera de economía de la BBC.” (El precio de …, 2019)

La austeridad coloca un dedo en la llaga respecto a una tensión muy presente en los medios de comunicación y las redes sociales: la existente entre el consumismo y la conservación del medio ambiente. El modelo económico promulga que el consumo es el que mueve la economía, crea puestos de trabajo, genera salarios y riqueza. Los productos son diseñados con una obsolescencia programada para obligar la renovación. Las campañas publicitarias promueven colecciones periódicas y modas cada vez más frecuentemente cambiantes. No sólo en las prendas de vestir, pero también en ellas. Los activistas ecológicos tratan de generar conciencia sobre la depredación que se está realizando, forzando a la naturaleza a dar más de lo que puede, generando degradación ambiental, pérdida de diversidad de flora y fauna, fuente de riqueza para generaciones futuras, y poniendo en peligro nuestra subsistencia como especie.

El artículo de la BBC ya mencionado informa que el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes del Reino Unido destacó en un informe reciente que la fabricación de una sola camisa y un par de jeans en algodón puede requerir hasta 20.000 litros de agua. Pero a continuación añade el articulista que “Sin embargo, una camisa de poliéster hecha de plástico virgen tiene una huella de carbono mucho mayor. El transporte de los productos aumenta aún más esa huella y la coloración de las telas puede introducir más contaminantes.” (El precio de …, 2019)

Parece que no hubiera salida. Pero no basta con la descripción y comprensión de los males que aquejan a nuestra sociedad actual. Se deben encontrar caminos que no dejen sinsabor y pesimismo.

La conciencia

El consumismo es una característica de la civilización occidental tal como la entendemos hoy en día. Sólo se controla apelando a la conciencia, como hacen los ambientalistas.

Una entidad occidental de importante influencia internacional para apelar a la conciencia de los individuos es la Iglesia Católica. Desde el punto de vista político tiene status de observador permanente en las sesiones de la Organización de Naciones Unidas y eso les da derecho a exponer su punto de vista en las cuestiones que son debatidas en la Asamblea General. Más de una vez han intentado echarla de la ONU por cuenta de sus posturas, por ejemplo, acerca del aborto (Feministas, 2019). Por otro lado 1,254 millones de personas alrededor del mundo se autodenominan como católicos (Estas son …, 2015), lo cual debería significar que aceptan a la Santa Sede como guía moral de sus comportamientos en lo que respecta a lo trascendente, pero también respecto a cuestiones inmanentes. Es un tema que los no católicos no entienden. En la exhortación apostólica Evangeli Gaudium el Papa Francisco lo explica:
“Ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas «para que las disfrutemos» (1 Tm 6,17), para que todos puedan disfrutarlas. De ahí que la conversión cristiana exija revisar «especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común»”.
De este modo, la Iglesia Católica da pautas a sus fieles acerca de cómo afrontar las incoherencias en las que hemos caído como especie.

En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco se extiende acerca del significado de la solidaridad como concepto importante. Escribe: “la palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.” (Francisco, 2014). En realidad, el corpus de propuestas de la Iglesia Católica se llama Doctrina Social de la Iglesia. Además de anunciar y denunciar el estado de las tensiones descritas en la presente entrada del blog, proponen soluciones que surgen principalmente del cambio de comportamientos y actitudes que debemos tener todos y cada uno de los seres humanos.

No existe sólo este compendio de documentos. Hay otras propuestas dadas por otras entidades tal vez menos influyentes y menos espirituales, pero todas pasan finalmente por la interioridad y la reflexión. Las soluciones deben ser vistas a la luz de la ética y el humanismo, materias que han sido suprimidas de los currículos tanto de la educación básica como de los estudios terciarios. Una vez se tiene la luz de un cuerpo de normas que ayudan al “buen vivir” se deben poner en práctica, pero la naturaleza humana tiende al egoísmo y al mínimo esfuerzo.

Es el espíritu humano el que se sobrepone a su naturaleza y sabe abstenerse de bienes inmediatos para lograr bienes futuros, el que logra ser austero en el modo de vida actual en pro del bienestar de sus congéneres presentes y generaciones futuras. Pero implica también educar la voluntad, otro tema que ha sido sacado de la agenda familiar y social. Así que el reto es la reflexión y la autoformación. De otro modo no pasaremos por la vida, sino que la vida pasará por sobre nosotros.

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Referencias bibliográficas

¿Qué pasa en el sector textilero y de confecciones? (14 de agosto de 2017) recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://www.rcnradio.com/economia/que-pasa-en-el-sector-textilero-y-de-confecciones

Competitividad, clave para el repunte (11 de junio de 2018). Revista Gerente. Número 236.

El gremio de la confección quiere arancel al 37,9%. (30 de abril de 2019). Revista Dinero. Recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://www.dinero.com/pais/articulo/camara-colombiana-de-la-confeccion-y-afines-propone-arancel-compensatorio-del-379/270196

El populismo de las zonas francas. (20 de abril de 2015). El país. Recuperado el 17 de septiembre de 2019, de https://elpais.com/economia/2015/04/20/actualidad/1429522015_936312.html

El precio de comprar ropa barata: ¿quién paga realmente la cuenta? (7 de agosto de 2019). BBC. Recuperado el 17 de septiembre de 2019, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-49268325

Estas son las cifras oficiales de los católicos en el mundo (17 de abril de 2015). Aciprensa. Recuperado el 19 de septiembre de 2019, de https://www.aciprensa.com/noticias/estos-son-los-numeros-de-los-catolicos-en-el-mundo-segun-anuario-pontificio-2015-40519

Feministas frustradas y disidentes católicos claman por la exclusión de la Santa Sede de la ONU (23 de marzo de 2019). Center for family and Human Rights (C-Fam). Recuperado el 19 de septiembre de 2019, de https://c-fam.org/friday_fax/feministas-frustradas-y-disidentes-catolicos-claman-por-la-exclusion-de-la-santa-sede-de-la-onu/

Francisco. (2014) Evangelii Gaudium. Bogotá. San Pablo.

Hecho con Orgullo. Hecho para progresar: Análisis del comportamiento y oportunidades del sector sistema moda. (septiembre de 2014). Sura.

How high street clothes were made by children in Myanmar for 13p an hour. (5 de febrero de 2017) recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://www.theguardian.com/world/2017/feb/05/child-labour-myanmar-high-street-brands

Klein, N. (2001). Nologo: el poder de las marcas.  Barcelona: Paidós.

Naomi Klein (s.f.) recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://es.wikipedia.org/wiki/Naomi_Klein

Our work on supply chains (s.f.) recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://www.antislavery.org/what-we-do/work-supply-chains/

Rigoberta Menchú Tum – Nobel Lecture (s.f) recuperado el 16 de septiembre de 2019, de https://www.nobelprize.org/prizes/peace/1992/tum/26034-rigoberta-menchu-tum-nobel-lecture-1992/

martes, 5 de febrero de 2019

La educación cristiana

Hoy deseo hacer referencia a la educación en el contexto de la familia cristiana, la cual debe ser diferente en varios aspectos a la educación en general.

Transcribo entonces apartes de uno de los documentos resultado del Concilio Vaticano II. Como la Iglesia es universal los textos originales se escriben en latín y luego se traducen. El documento toma el nombre de las dos primeras palabras de su texto, por tanto, éste se llama Gravissimus educationis. Es un texto breve, pero que incorpora otros aspectos de la educación adicionales a los que aquí transcribo. Disculpen la particular forma en que fue redactado.


La educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último.

Se debe ayudar a los niños y a los adolescentes a desarrollar armónicamente sus cualidades físicas, morales e intelectuales, y a que gradualmente vayan adquiriendo un sentido más completo de la responsabilidad, lo mismo en el recto desarrollo de su vida, mediante el continuado esfuerzo, que en la adquisición progresiva de la verdadera libertad, superando los obstáculos con grandeza y constancia de ánimo.

Los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a estimar los valores morales con conciencia recta y abrazarlos con adhesión personal, así como a conocer y amar más perfectamente a Dios.

La educación cristiana no persigue solamente la madurez de la persona humana sino que mira principalmente a que los bautizados, a medida que se van introduciendo gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación, se vayan haciendo cada día más conscientes del don de la fe que han recibido; que aprendan, en primer lugar en la acción litúrgica, a adorar a Dios Padre con sinceridad de espíritu, que se preparen para realizar su propia vida, conforme al hombre nuevo que son, en la justicia y en la santidad de la verdad; y que así traten de realizar en sí el tipo de varón perfecto, buscando alcanzar esa edad de plenitud que es Cristo, y colaboren en el crecimiento del cuerpo místico.

Conscientes además de su vocación, que se acostumbren a dar testimonio de la esperanza que poseen y a ayudar a que se realice la configuración cristiana del mundo, en la que los mismos valores naturales, que lleva consigo la consideración total del hombre redimido por Cristo, contribuyan al bien de la sociedad entera.

Los padres, al haber dado vida los hijos, se deben primordialmente a la educación de la prole y, en consecuencia, se deben reconocer como los primeros y principales educadores. La familia es, por lo tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de que todas las sociedades necesitan. Sobre todo en la familia cristiana, que en el matrimonio está enriquecida con la gracia y con el deber del sacramento, es necesario que ya desde los primeros años los hijos sean enseñados a sentir a Dios, a tratar con él y amar al prójimo conforme la fe que recibieron en el bautismo. En la familia deben sentir la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la iglesia.

La tarea de impartir la educación, que corresponde primeramente a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad, a saber, para proteger las obligaciones y los derechos de los padres y los que participan en la educación, y para prestarles ayuda conforme a su papel subsidiario, completando la obra de la educación cuando no bastan los esfuerzos de los padres y de otras instituciones, pero siempre atendiendo los deseos de los padres.

La Iglesia, como madre que es, está obligada a darle a sus hijos una educación para la que todo en su vida quede penetrado del espíritu de Cristo.

Los padres sobre quienes recae la primera obligación y el primer derecho, ambos inalienables, de educar a los hijos, es preciso que gocen de una verdadera libertad en la elección de la educación de sus hijos.

Lo característico de la educación católica es crear un ambiente que está animado por el espíritu evangélico de la libertad y de la caridad, y ayudar a los adolescentes a que, a la vez que desarrollen la propia persona, crezcan según la nueva criatura que por el bautismo han sido hechos, y a ordenar toda la cultura humana al anuncio de la salvación, de manera que el conocimiento que gradualmente van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre, quede iluminado por la fe.

Debe tenerse en cuenta de la diferencia de sexo y del fin propio prefijado por la divina providencia a cada sexo en la familia y en la sociedad. A medida que su edad avanza sean instruidos en una positiva y prudente educación sexual.

martes, 13 de marzo de 2018

El magisterio de la Iglesia

Nada mejor para explicar el Magisterio de la Iglesia, que un obispo. Transcribo un artículo al respecto:

El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal alemán Gerhard Müller, explicó que un “cambio de paradigma” en la doctrina católica no es desarrollo sino corrupción.

Así lo indicó el Cardenal en un ensayo publicado el 20 de febrero en la revista estadounidense First Things, con el título “Development or corruption?”. En el texto el Cardenal explicó que el intento de algunos de modificar la doctrina católica para promover su agenda es contrario a los mandamientos, y denunció que quien alienta un cambio de la enseñanza de la Iglesia en la teología moral, como si fuera una “decisión de conciencia digna de alabanza”, en realidad “habla contra la fe católica”.

En su opinión, un “cambio de paradigma” en la doctrina, es decir “un cambio fundamental en las formas teóricas del pensamiento y la conducta social” respecto a la “presencia de la Iglesia en el mundo”, simplemente no es posible porque “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”.

Esto último, precisó, “es nuestro paradigma, que no se cambiará por ningún otro”.

Por ello, “un cambio de paradigma, por medio del cual la Iglesia tome los criterios de la sociedad moderna para ser asimilados, no constituye un desarrollo sino que es corrupción”.

El Cardenal alemán explicó también que el Papa y los obispos tienen el deber de preservar la unidad de la fe y evitar la polarización. Por ello, es también un deber de conciencia corregir cuando las palabras “cambio pastoral” son usadas por algunos para “promover su agenda que se aleja de la enseñanza de la Iglesia, como si la doctrina fuera un obstáculo para la atención pastoral”.

En su ensayo, el Purpurado se refirió al concepto del “desarrollo de la doctrina” en la Iglesia, según lo explicaba el Beato John Henry Newman, y su relación con el debate sobre la interpretación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia que el Papa Francisco publicó en 2016.

El Cardenal recordó que el capítulo ocho de la exhortación “ha sido objeto de interpretaciones contradictorias”, y alertó que cuando se habla en este contexto de un “cambio de paradigma”, en realidad parece que se propone “una recaída en una forma modernista y subjetivista de interpretar la fe católica”.

En la fe católica, continuó el Prefecto Emérito, “el método adecuado para interpretar la revelación requiere el trabajo conjunto de tres principios que son: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la Sucesión Apostólica de los obispos católicos”.

La Reforma protestante, continuó, es un ejemplo en la historia sobre cómo funcionan las cosas cuando se introduce un nuevo principio formal, en este caso el de considerar solo las Escrituras. “Este nuevo principio hizo que la doctrina católica de la fe, como se desarrolló hasta el siglo XVI, cambiara radicalmente”. Así, precisó, “la comprensión fundamental del cristianismo se convirtió en algo completamente diferente”.

El Cardenal Müller también se refirió a la recepción de la Eucaristía por parte de los divorciados en nueva unión y dijo que no se puede olvidar la enseñanza de San Juan Pablo II, que en su exhortación apostólica Familiaris Consortio de 1981 señaló que “los divorciados que viven en nueva unión deben decidir si viven en continencia[1] o, de otro modo, abstenerse de recibir los sacramentos”.

El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe también dijo que “cuando los cardenales, los obispos, los sacerdotes y los laicos le piden al Papa una clarificación sobre el tema, lo que en realidad piden no es una aclaración de la opinión del Papa, sino claridad sobre la continuidad de la enseñanza del Papa en la Amoris Laetitia con el resto de la tradición”.

Hablando sobre las distintas declaraciones y opiniones de los obispos y las conferencias episcopales, el Cardenal alemán indicó que para que los prelados sean ortodoxos, “no es suficiente con que declaren su conformidad con las que se presumen son las intenciones del Papa” en la Amoris Laetitia.

“Solo serán ortodoxos si están de acuerdo con las palabras de Cristo preservadas en el depósito de la fe”, subrayó el Cardenal Müller.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA

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[1] La "continencia", que forma parte de la virtud más general de la templanza, consiste en la capacidad de dominar, controlar y orientar los impulsos de carácter sexual (concupiscencia de la carne) y sus consecuencias, en la subjetividad psicosomática del hombre. Esta capacidad, en cuanto disposición constante de la voluntad, merece ser llamada virtud. Juan Pablo II. Audiencia general del miércoles 24 de octubre de 1984

viernes, 3 de noviembre de 2017

La Política y la Fé.

En época de elecciones se vuelve una obligación para el cristiano indagar acerca de las opciones políticas que ofrecen candidatos y partidos (hoy en día no necesariamente están alineadas las propuestas de uno y otro), elegir una y votar. La perspectiva inmadura de no votar con el argumento de que hay mucha corrupción, o que ya se sabe quien va a ganar, o que son los organismos internacionales los que deciden lo que se realiza en el país, u otras varias es ir en contra de la obligación ética y moral de todo ciudadano y de todo creyente.

Jesús sentó “un principio de enormes consecuencias para la vida social de los pueblos y de las naciones, que están compuestas por personas individuales”, cuando dijo 'Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios' (Mt 22,21).1

Seamos claros, no puso en contraposición lo uno y lo otro, sino que nos pidió que pusiéramos cada cosa en su sitio.2

Hay dos tipos de soberanía de Dios. La soberanía espiritual y trascendente y la soberanía temporal o inmanente. Dios ejerce su soberanía temporal indirectamente, confiándonos como causa segunda la elección de nuestros gobernantes. César y Dios no están al mismo nivel, porque también el César depende de Dios y debe rendirle cuentas a Él3. Como Dios creador, es soberano de todo lo creado. Como soberano temporal, es Él quien permite que algunos hombres dirijan los pueblos: "El hace alternar estaciones y tiempos, depone a los reyes, establece a los reyes, da a los sabios sabiduría, y ciencia a los que saben discernir."(Dn 12, 21).

“Dad al César lo que es del César” significa, por tanto, “dad a Dios lo que Dios mismo quiere que le sea dado al César4. "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas." (Rm, 13,1)

En nuestras sociedades democráticas no delegamos toda la responsabilidad en los gobernantes. Votamos por aquel que dirigirá el Poder Ejecutivo y votamos por aquellos que ejercerán el Poder Legislativo. Pero los ciudadanos mantenemos responsabilidades políticas: debemos colaborar en la construcción de una sociedad justa, debemos promover valores como la dignidad de la persona humana, la familia como célula de la sociedad o la solidaridad con los más débiles y/o pobres.

Transcribo, al respecto de la política, apartes del discurso de Benedicto XVI ante el Parlamento Federal de Alemania en su viaje apostólico de septiembre de 20115:
«En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”6, dijo en cierta ocasión San Agustín… Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.
Una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En este punto quiero que seamos nosotros, los ciudadanos, quienes seamos responsables en los criterios que orienten nuestra selección de un candidato, ya sea presidencial o para alcaldía municipal, ya sea para el senado de la República.

Vivimos bajo el imperio de los extremismos a nivel político, ya sea de la izquierda, ya sea de la derecha. Los elementos comunes de estos extremismos son7:
  • Manipular los sentimientos para convencer.
  • Utilizar falacias y argumentos superficiales.
  • Omitir datos y manipular estadísticas.
  • Emplear falsas dicotomías dando sólo dos opciones extremas para inducir a que se elija una en concreto.
  • Demonizar grupos y estigmatizar ideas.
  • Manipular significados y redefinir el lenguaje.
  • Utilizar tácticas de despiste y desviar la atención.
Y para ello, los medios de comunicación son siervos útiles. Y muchas veces no sólo siervos, sino dirigentes de dichas tácticas.

¿Qué debemos hacer entonces para evitar caer en el facilismo o actuar como estúpidos que caen en tales populismos?
  • Cultivar la razón y apelar a ella para informarnos.
  • Tratar los temas en profundidad, con todas sus complejidades.
  • Buscar conocer la realidad, no la parcialidad.
  • Juzgar en base a las verdades de la Fé en las cuestiones fundamentales, a la luz del Magisterio de la Iglesia, sin permitir que utilicen de manera aislada versículos para apoyar visiones parcializadas.
  • Llamar a las cosas por su nombre y utilizar las palabras de acuerdo a su verdadero significado.
  • No especular alrededor de idealismos, sino atenerse a la realidad del hombre y la sociedad, abordando los temas sin evitar aquellos que puedan ser controversiales, que precisamente suelen ser los fundamentales.
Sepamos seleccionar al César, cumpliendo en ello la Voluntad de Dios. Pero conocer la Voluntad de Dios implica humildad, oración y formación.

¿Cuáles son las cuestiones fundamentales? Benedicto XVI en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis los denomina principios no negociables: "… el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana."[8]

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1 Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, España. Texto
2 Mons. Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo en la Región Metropolitana de Chile.
3 Ibid
4 Ibid
5 Texto del discurso de Benedicto XVI
6 La Ciudad de Dios, IV, 4, 1.
7 Revista Misión. España. Varios números.
8 Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis del Santo Padre Benedicto XVI al episcopado, al clero, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre la eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la iglesia. Numeral 83.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Esbozos del pensamiento de Newman

A Newman lo conocemos como pensador. Aún no se ha difundido su espiritualidad. Pero de una se puede deducir la otra. Trataré de dar un esbozo de algunas cuestiones a partir de frases del libro Perder y ganar[1]:

Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139

“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49

"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65

"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131

"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.

"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.

“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.

Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.

"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.

A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.

“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139

Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.

Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]


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[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.

viernes, 19 de mayo de 2017

Los Padres de la Iglesia (II)

San Ireneo (130 - 202). Nacido en Esmirna, Anatolia (actual Turquía), Ireneo fue uno de los discípulos Policarpo, padre apostólico, discípulo del Apóstol Juan, obispo de Esmirna, Éste lo envió a las Galias (actual Francia) en el año 157. En Lugdunum, actual ciudad de Lyon, capital de la Galia Lugdunense, donde se registró una cruel persecución que causó numerosos mártires entre los cristianos, fue ordenado sacerdote y desde el año 177 ejerció allí como presbítero. Fue enviado al Obispo de Roma Eleuterio, para rogarle mediante «la más piadosa y ortodoxa de las cartas», en nombre de la unidad y de la paz de la Iglesia, para que tratase con suavidad a los hermanos montanistas de Frigia. Explicó que al rechazar a los falsos profetas había que acoger el verdadero don de profecía. Pese a rechazar los «excesos carismáticos» y apocalípticos del montanismo, consideró que no se podía prohibir las manifestaciones del Espíritu Santo dentro de las iglesias romanas.[1]

Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el año 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos.[1]

El nombre de San Ireneo está vinculado, sobre todo, a la defensa de la Fe frente a los gnósticos. El gnosticismo era un conjunto de corrientes filosófico-religiosas que llegaron a involucrarse con el cristianismo en los tres primeros siglos, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos.

He aquí una selección de sus escritos:

Respecto a la Eucaristía: "No pueden creer que el Hijo de Dios está presente en el pan consagrado, porque éste es un elemento material, un fruto de la creación de Dios hecha por medio de su Hijo. Y ¿cómo pueden creer que el cuerpo y sangre de Cristo se nos dan como alimento del cuerpo y del alma para la resurrección definitiva, si rechazan la resurrección de la carne, a la que consideran corrupta?" (cf. IV, 18,4-5). "Y, pues el alma por naturaleza no se corrompe, el cuerpo corruptible es el que necesita participar de la resurrección de Cristo. Los herejes son incongruentes al celebrar la Eucaristía, porque no hay concordancia entre la fe en ella y sus doctrinas. Se apartan de la salvación al despreciar el medio que para alcanzarla nos ha ofrecido el Señor. En cambio, «para nosotros concuerdan lo que creemos y la Eucaristía y, a su vez, la Eucaristía da solidez a lo que creemos»" (IV, 18,5). “Porque así como el pan que procede de la tierra al recibir la invocación de Dios ya no es pan común, sino Eucaristía, compuesta de dos elementos, terreno y celestial, así también nuestros cuerpos, al recibir la Eucaristía, ya no son corruptibles, sino que tienen la esperanza de la resurrección eterna”.

Respecto de la Iglesia Católica: “La predicación de la Iglesia presenta por todas partes una inconmovible solidez, manteniéndose idéntica a sí misma y beneficiándose, como lo hemos manifestado, del testimonio de los profetas, de los apóstoles, y de todos sus discípulos”

Respecto a María: El vientre de María, nuestra Madre Inmaculada, está “totalmente intacto, sin labrar ni sembrar más que por el rocío del Cielo; da a luz al Salvador, proporciona a los mortales con el Pan de los ángeles y el alimento de la vida eterna”.

Otras frases:

"Es mejor no saber nada, pero creer en Dios, y permanecer en el amor de Dios, que arriesgarse a perderle con investigaciones sutiles" Contra los herejes II 28, 3

El Hijo ... esta subordinado al Padre no por su seer, o por su esencia, sino sólo por su actividad" Contra los herejes V 18, 2

Yerran los gnósticos al afirmar que la carne tiene en sí el mal o el origen del mal. El cuerpo, como el alma, es una creación divina, y no puede, por tanto, implicar mal en su naturaleza. Contra los herejes IV 37, 1


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[1} Entrada de Wikipedia.

lunes, 1 de mayo de 2017

Los Padres de la Iglesia (I)

Los Padres de la Iglesia son un grupo de pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado testimonio de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia Católica. Los cuatro grandes padres griegos son:
  • Atanasio de Alejandría (296-373 obispo de Alejandría - , ciudad de lo que hoy es Egipto), 
  • Basilio el Grande (330-379 obispo de Cesaréa - , ciudad de lo que hoy es Turquía), 
  • Gregorio Nacianceno (329-389 Papa, nacido en Capadocia, ciudad de lo que hoy es Turquía) y 
  • Juan Crisóstomo (347-407 patriarca de Constantinopla, ciudad de lo que hoy es Turquía). 
Y los cuatro latinos son:
  • Ambrosio de Milán (340-397 obispo de Milán, ciudad de lo que hoy es Italia) , 
  • Agustín de Hipona (354-413) obispo de Hippo Regius, ciudad de lo que hoy es Argelia), 
  • Jerónimo de Estridón (340-420, de la zona de lo que hoy es Croacia. Traductor de la Biblia del griego y el hebreo al latín) y 
  • Gregorio Magno (540-604 Papa, nacido en Roma). 
Pero habitualmente se conocen como padres de la Iglesia a una serie más amplia de escritores cristianos, que van desde estas generaciones del siglo III hasta el siglo VIII, y que se caracterizan por la ortodoxia de su doctrina, santidad de vida y el reconocimiento de la Iglesia.

Hay otros, denominados padres apostólicos, que son según la tradición los que tuvieron algún contacto con uno o más de los apóstoles de Jesús de Nazaret. Por ejemplo, Policarpo de Esmirna, Ignacio de Antioquía (ambos en lo que hoy es Turquía), Bernabé (originario de Chipre) y, Clemente y Hermas (ambos de Roma).

Es un placer leer las homilías y escritos de muchos de estos Padres de la Iglesia, por cuanto llegaban a profundidades que iluminan grandemente, aún hoy, el sentido de las escrituras, además de ilustrar cómo lo entendían en los primeros siglos.

Aquí transcribo una selección de algunos de estos Padres de la Iglesia.

San Gregorio Magno: Homilia 26. Edición de los numerales 7 a 9. Sobre Juan 20, 24-29.

Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús. Únicamente este discípulo estuvo ausente, y cuando vino oyó lo que había sucedido y no quiso creer lo que oía. Volvió de nuevo el Señor y descubrió al discípulo incrédulo su costado para que le tocase y le mostró las manos, y con presentarle las cicatrices de sus llagas curó la llaga de su incredulidad. ¿Qué pensáis de todo esto, hermanos carísimos? ¿Creéis que sucedió porque sí el que estuviera en aquella ocasión ausente aquel discípulo elegido y el que, cuando vino, oyera, y oyendo dudara, y dudando palpara, y palpando creyera?

No; no sucedió esto porque sí, sino que fue disposición de la divina providencia; pues la divina Misericordia obró de modo tan admirable para que, tocando aquel discípulo incrédulo las heridas de su Maestro, sanase en nosotros las llagas de nuestra incredulidad. De manera que la incredulidad de Tomás ha sido más provechosa para nuestra fe que la fe de los discípulos creyentes, porque, decidiéndose aquél a palpar para creer, nuestra alma se afirma en la fe, desechando toda duda. En efecto, el Señor, después de resucitado, permitió que aquel discípulo dudara; pero, no obstante, no le abandono en la duda; a la manera que antes de nacer quiso que Maria tuviera esposo, el cual, no obstante, no llego a consumar el matrimonio; porque, así como el esposo había sido guardián de la intachable virginidad de su Madre, así el discípulo, dudando y palpando, vino a ser testigo de la verdadera resurrección.

Y tocó y exclamó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Díjole Jesús: Tú has creído, Tomás, porque me has visto. Diciendo el apóstol San Pablo que (Hebr. 11,1) la fe es el fundamento de las cosas que se esperan y un convencimiento de las cosas que no se ven, resulta claro en verdad que la fe es una prueba decisiva de las cosas que no se ven, pues las que se ven, ya no son objeto de la fe, sino del conocimiento. Ahora bien, ¿por qué, cuando Tomás vio y palpó, se le dice: ¿Porque has visto has creído? Pues es porque el vio una cosa y creyó otra; el hombre mortal, cierto que no puede ver la divinidad; por tanto él vio al hombre y creyó que era Dios; y así dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Luego viendo creyó porque, conociéndole verdadero hombre le aclamó Dios aunque como tal no podía verle.

Causa mucha alegría la que sigue: Bienaventurados los que sin haber visto han creído. Sentencia en la que sin duda, estamos señalados nosotros, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Sí, en ella estamos significados nosotros, pero con tal que nuestras obras acompañen nuestra fe, porque quien cumple en la práctica lo que cree, ése es el cree de verdad. Por el contrario, de aquellos que solamente creen con palabras dice San Pablo (Tit. 1,16) Profesan conocer a Dios, mas lo niegan con las obras; por eso dice Santiago (2,17): La fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Contracepción

Una amiga me contó la historia de los esposos Scott y Kimberly Hahn, teólogos de la denominación protestante presbiteriana. Ambos convertidos al catolicismo por diferentes caminos. La historia de ella es la que me dio pie para escribir esta entrada, tema pendiente en la exposición de posiciones diferenciales entre católicos y protestantes. El punto es que ella se preguntaba sobre la razonabilidad bajo la fe de autorizar a la conciencia de cada cristiano el uso de los métodos contraceptivos como método de planificación familiar. Eso implica plantearse muy diversos temas éticos: ¿cuál es el papel de la sexualidad entre los esposos?, ¿es lícito desligar el acto conyugal de la concepción?, ¿desde qué momento podemos considerar que una persona es una persona?

Vamos por partes. Lutero, monje agustino del cual ya hemos hablado en alguna entrada anterior, tenía preocupación por la mentalidad de su época en contra de la familia y la fertilidad[1]. Estamos hablando del siglo XVI. Los primeros protestantes entendían cómo la contracepción llevaba hacia una visión egoísta. Pero bien saben que prefiero tomar fuentes protestantes para discutir estos temas controversiales. El teólogo Albert Mohler [2], Baptista, advierte cómo las iglesias protestantes no tenían teología sustancial acerca del matrimonio, el sexo y la familia entre 1930 y 1970, época en que las teorías maltusianas del control de la natalidad y las eugenésicas de Margaret Sanger estaban en boga. Los protestantes dieron la bienvenida a los métodos contraceptivos.

Los católicos también, pero el Magisterio de la Iglesia no. La Iglesia Católica tenía como guía la encíclica escrita en 1880 por el papa León XIII “Arcanum divinae sapientiae”, y el Papa Pío XI escribió en 1930 “Casti connubii”, ambas sobre el tema del matrimonio cristiano. Para la década de los años sesenta había una muy fuerte presión para que el Magisterio se pronunciase a favor de los métodos contraceptivos. El Papa Pablo VI afrontó el reto y, en contra de la opinión de la mayoría del clero que abordó el asunto, declaró ilícitos los métodos contraceptivos en 1968. Comprendía que la mejora de la salubridad había traído un crecimiento demográfico sin precedentes, que la tasa de mortalidad de niños de 0 a 5 años había disminuido drásticamente y que el tamaño de las familias presionaba unas condiciones socioeconómicas difíciles para los hogares. A su vez, comprendía que la revolución industrial había desplazado a los campesinos hacia las urbes generando condiciones sociales denigrantes debido a la alta densidad poblacional, y que la desvinculación del campo ocasionaba problemas de abastecimiento de alimentos para las familias numerosas que devengaban sueldos mínimos. Pero también argumentaba que el matrimonio cristiano es válido sólo bajo los fundamentos de la unión, el amor, la fidelidad y la fecundidad y que el acto conyugal no puede separar los dos principios que lo rigen: el unitivo y el procreativo[3]. También que la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya se haya iniciado va en contra de las leyes morales e indica diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, y se abriría la puerta para que los estados intervengan en temas íntimos de la pareja y en la implementación de políticas para el control de la natalidad. Finalmente solicitó a las autoridades públicas que se opusieran a las leyes que deteriorasen las leyes naturales de moralidad, a los científicos que estudiasen mejores métodos de control natal natural, y a doctores, enfermeras, y sacerdotes para que promovieran los métodos naturales[4]. Fue una encíclica profética. El papa Juan Pablo II reafirmó todas estas tesis y las extendió a los temas de reproducción asistida mediante documentos como:
  • Teología del Cuerpo (conferencias entre 1979-1984)
  • Evangelium Vitae, Teología y Moral familiar y de la vida, encíclica del 25 de marzo de 1995.
  • Donum Vitae, Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces presidida por el cardenal Ratzinger, luego papa Benedicto XVI), sobre el respeto a la vida humana y la procreación, febrero de 1987.
  • El Catecismo de la Iglesia Católica de 1992
  • Y Veritatis splendor, encíclica sobre la Moral Fundamental, del 6 de agosto de 1993.
Las Iglesias protestantes en cambio le dieron su visto bueno a los nuevos métodos contraceptivos mecánicos, como los implantes en el útero que impiden el anidamiento del óvulo fecundado, y a aquellos que alteraban la química corporal para impedir las condiciones de anidamiento o que creaban barreras de algún tipo.

Si bien hoy en día los protestantes están alineados con el catolicismo en el rechazo al aborto, aún hoy en día admiten los contraceptivos. Apenas en esta última década es que empieza a haber una conciencia de varios factores que el Dr. Mohler expone en su artículo:
  • Aceptan que la mentalidad contraceptiva lleva a una mentalidad abortiva. 
  • Aceptan que todo matrimonio debe estar abierto al don de los hijos, lo que los católicos denominamos “estar abiertos a la vida”. Los esposos que demandan una unión sexual que no esté abierta a la vida contradicen el plan de Dios para con el ser humano: los hijos nunca deben verse como una carga, sino como un regalo de Dios.
  • Aceptan que los métodos contraceptivos llevan con facilidad a la infidelidad y la inmoralidad sexual, lo que lleva a la promiscuidad y la miseria (sentimental y espiritual).
  • Admiten que es lícito realizar una planificación familiar. La distinción entre la planificación familiar natural que propone la Iglesia Católica y la planificación familiar artificial con la que denominamos a los restantes métodos les parece postiza y el Dr. Mohler propone generar una teología protestante propia.
  • Aceptan que las parejas usen en momentos determinados métodos contraceptivos con conciencia clara de las razones, pero que en términos generales su matrimonio esté abierto a la vida, y sobre todo, que los métodos que elijan sean inequívocamente anticonceptivos, no abortivos.
No puedo sentir otra cosa que satisfacción al leer que hay una voz importante del protestantismo planteando estas cuestiones. La Iglesia Católica se ha sentido acompañada de los grupos pro-vida protestantes en su lucha en contra del aborto, pero se siente sola en su lucha contra los métodos contraceptivos. Dos aclaraciones de importancia, tanto para los protestantes como para los propios católicos, acerca del punto de vista católico:
  • Muchos católicos creímos durante mucho tiempo que la Iglesia Católica también dejaba el tema a la conciencia de cada pareja cristiana, pero Juan Pablo II fue enfático en afirmar que el uso de contraceptivos artificiales no es una práctica aceptada por la Iglesia Católica bajo ninguna circunstancia. Aquellas circunstancias que lleven a una relación sexual con algún tipo de peligro para la salud llama a la castidad en el matrimonio.
  • A medida ha habido investigaciones sobre el tema, se ha ido aclarando que todo método anticonceptivo termina de alguna manera siendo abortivo, por tanto la determinación del siglo pasado de declarar como moralmente malo cualquier método artificial se ha abierto camino, a pesar de que dichos resultados definitivamente no se han difundido por parte de los medios de comunicación y en muchos casos se han querido ocultar[5].
  • La planificación familiar natural es igual o más efectiva que la artificial, a pesar de que los colegios médicos se niegan a considerarla por cuanto disminuye los ingresos de los gineco-obstetras y de la industria farmacéutica. El método Creighton[6] es científico y es el recomendado actualmente. No conocerlo es una falta de omisión. Creer que no son efectivos es creer que la ciencia sigue al nivel que tenía en 1968.

martes, 26 de abril de 2016

El Magisterio de la Iglesia

El Magisterio o enseñanza de la Iglesia es necesaria para evitar desviaciones dadas por la bien intencionada equivocación de los miembros de la Iglesia, cosa que ha ocurrido en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de la misma. El Magisterio no es una sola persona, es toda una tradición y todo un conjunto de fieles dedicados al estudio y meditación de la Palabra al abrigo del Espíritu Santo. La enseñanza del Magisterio siempre está fundamentada en las Escrituras. La interpretación de las Escrituras en la Iglesia Católica se diferencia de algunas iglesias protestantes fundamentalistas[1] en cuanto éstas tienen como principio, que siendo la Biblia Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Dicho fundamentalismo impone como única fuente de enseñanza sobre la vida cristiana y la salvación una lectura de la Biblia que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica, rechazando admitir que la Palabra inspirada de Dios ha sido expresada en un lenguaje humano, que es limitado, así como escrita por seres humanos con capacidades y posibilidades de comprensión limitadas acerca de lo que escribían ya que, por ejemplo, tenían una visión histórica y cultural concreta y no plenamente conscientes del significado profundo de la inspiración dada. La lectura textual lleva a veces a pretender que es hecho científico o histórico algo que no necesariamente lo es, ya que la Biblia fue escrita en orden a la salvación y no en orden a la transmisión de conocimiento. En relación al Nuevo Testamento, les falta reconocer que tomó forma en el seno de la tradición de una iglesia cristiana primigenia, cuya existencia es previa a la escritura de los textos y por ello tiende a despreciar los credos, los dogmas, la función de enseñanza de la Iglesia y las diferentes prácticas litúrgicas que se han vuelto tradición eclesiástica, pero que tienen origen también en esa Iglesia inicial[2].

La diferencia con otras corrientes del protestantismo no fundamentalistas es que la Iglesia Católica nutre su interpretación de tres fuentes adicionales a la escritura: a.- la Tradición apostólica, es decir, todas aquellas actitudes, virtudes y ritos que las comunidades cristianas primigenias llevaban a cabo como herederos de la predicación y enseñanza de los discípulos de Jesús; b.- la reflexión iluminada de las escrituras y plasmada en los escritos de los Padres de la Iglesia, quienes fueron básicamente personas que exhibieron en su tiempo una constancia heroica en la proclamación de la Palabra y la vivencia de las virtudes evangélicas, y que de manera muy extendida entre los miembros de la Iglesia así se reconocía y reconoce[3]; y c.- cuando desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos católicos afirman estar completamente de acuerdo en cierta cuestión de fe y moral por el sentido sobrenatural de la fe que nos da el Espíritu Santo.

Pero el Magisterio además de salvaguardar las verdades de la Fe también enfrenta el reto de revisar a la luz de las Escrituras y la Tradición nuevas cuestiones morales y éticas que surjan en cada época, como por ejemplo la concepción artificial mediante inseminación o los métodos anticonceptivos químicos y quirúrgicos.

De este modo la Iglesia Católica no solo cree en las Escrituras, sino en la continua acción del Espíritu Santo a través de los fieles, laicos y consagrados, la cual no cambia lo ya escrito, sino que lo lleva a una nueva plenitud de significado.

“El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27). La fuente del mensaje divino no está en las Escrituras sino en el Espíritu Santo. La verdad de las fuentes diferentes a las Escrituras radica en su sujeción a las inspiraciones del Espíritu Santo y en que jamás la contradicen, sino que hacen inteligible su mensaje para cada época y sus circunstancias o se profundiza dicho mensaje para entender mejor lo que Dios nos ha dicho en el lenguaje del hombre, que es limitado para explicar los misterios divinos, bajo el oficio del Magisterio de la Iglesia.

Creo pertinente terminar haciendo referencia a Juan Damasceno (675-749):

“… y por lo tanto al magisterio de la Iglesia tomado en su conjunto es al que debe atribuirse la inspiración, no cada Padre en particular, porque «una golondrina no hace verano»




[1] El término “fundamentalista” se relaciona directamente con el Congreso Bíblico Americano de 1895 en dónde los exégetas conservadores protestantes definieron cinco puntos de fundamentalismo: la inerrancia verbal de la escritura, la Divinidad de Cristo, Su nacimiento virginal, la doctrina de la expiación vicaria, y la resurrección corporal en la segunda venida de Cristo.
[2] Quien desee profundizar acerca de cómo se realiza la interpretación de la Biblia en el seno de la Iglesia Católica, sus bondades y dificultades y sus diferencias con el protestantismo, se le invita a consultar “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”, texto presentado por la Pontificia Comisión Bíblica el 23 de abril de 1993 y publicado en español por la editorial PPC de España.
[3] Grupo de pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado testimonio de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia Católica. Los cuatro grandes padres griegos son: San Atanasio de Alejandría, San Basilio el Grande, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. Y los cuatro latinos son: San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno. Pero habitualmente se conocen como padres de la Iglesia a una serie más amplia de escritores cristianos, que va desde estas generaciones (siglo III) hasta el siglo VIII, y que se caracterizan por la ortodoxia de su doctrina, santidad de vida y el reconocimiento de la Iglesia.
Es un placer leer las homilías y escritos de muchos de estos patriarcas, por cuanto llegaban a profundidades que iluminan grandemente, aún hoy, el sentido de las escrituras, además de ilustrar cómo lo entendían en los primeros siglos.