San Cirilo (315 - 386). Nacido en Cesaréa Marítima, ciudad situada al norte de la región de Samaria. Fue una ciudad portuaria construida por Herodes el Grande entre los años 25 y 13 a.C., y se convirtió en la capital administrativa romana de la provincia a comienzos del año 6 a.C. En 1961 se descubrió en esta ciudad la Piedra de Pilato, el único objeto arqueológico que menciona al prefecto romano Poncio Pilato, que ordenó la crucifixión de Jesús.
San Cirilo fue un obispo de Jerusalén, declarado doctor de la Iglesia en 1883. Hay que contextualizarlo en el Concilio de Nicea y en las disputas contra los arrianos. Eso lo llevó en una ocasión a retirarse a Tarso. En ese tiempo fue oficialmente encargado de vender propiedades de la Iglesia para ayudar a los pobres, al parecer una excusa para apartarlo de enseñar la doctrina del Concilio de Nicea y no la arriana en su catecismo.
Más tarde fue exiliado de Jerusalén, hasta la ascensión del emperador Juliano el Apóstata que le permitió regresar. Pero el emperador Valente, que era arriano, lo volvió a deportar en el año 367. Posteriormente participó en el Primer Concilio de Constantinopla (381). En ese concilio, votó por la aceptación del término homoioussios en el entendido de que hay consubstancialidad de las tres personas de la Trinidad[1], en referencia a la naturaleza de Dios.[2]
He aquí un escrito suyo acerca de la catolicidad[3]:
La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestiales o las terrenas; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y a los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella posee todo género de virtudes, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.
Con toda propiedad se la llama Iglesia o convocación, ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: Convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión. Y es de notar que la primera vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es precisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: Convoca el pueblo a asamblea, para que yo le haga oír mis palabras y aprendan a temerme. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, de en medio del fuego, el día de la iglesia o convocación; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregasteis.» También el salmista dice: Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo.
Anteriormente había cantado el salmista: En la iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán.
En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que estaba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la iglesia de los fieles. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: Vosotros no me agradáis -dice el Señor de los ejércitos-, añadiendo a continuación: Desde el oriente hasta el poniente es grande mi nombre entre las naciones.
Acerca de esta misma santa Iglesia católica escribe Pablo a Timoteo: Sabrás ya de este modo cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
En un escrito de sus Catequesis, menciona su enseñanza sobre el Cuerpo y la Sangre[4]:
1. Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11,23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11,23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26,26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?
2. En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2,1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?
3. Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1,4).
4. En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6,53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (cf. 6,60) creyendo que les invitaba a comer carnes.
5. Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.
6. Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estáte seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo.
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[1] http://www.mercaba.org/VocTEO/H/homoousios.htm bajado el 8 de junio de 2017
[2] Wikipedia.
[3] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/sync/2017/jun/07/oficio.htm
[4] http://www.mercaba.org/TESORO/CIRILO_J/Cirilo_24.htm bajado el 8 de junio de 2017
Blog que incorpora apologética (defensa de la fe), ética en el contexto de la sociedad actual y, en general, formación.
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miércoles, 7 de junio de 2017
Los padres de la Iglesía (III)
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catolicidad,
Eucaristía,
patrística
viernes, 19 de mayo de 2017
Los Padres de la Iglesia (II)
San Ireneo (130 - 202). Nacido en Esmirna, Anatolia (actual Turquía), Ireneo fue uno de los discípulos Policarpo, padre apostólico, discípulo del Apóstol Juan, obispo de Esmirna, Éste lo envió a las Galias (actual Francia) en el año 157. En Lugdunum, actual ciudad de Lyon, capital de la Galia Lugdunense, donde se registró una cruel persecución que causó numerosos mártires entre los cristianos, fue ordenado sacerdote y desde el año 177 ejerció allí como presbítero. Fue enviado al Obispo de Roma Eleuterio, para rogarle mediante «la más piadosa y ortodoxa de las cartas», en nombre de la unidad y de la paz de la Iglesia, para que tratase con suavidad a los hermanos montanistas de Frigia. Explicó que al rechazar a los falsos profetas había que acoger el verdadero don de profecía. Pese a rechazar los «excesos carismáticos» y apocalípticos del montanismo, consideró que no se podía prohibir las manifestaciones del Espíritu Santo dentro de las iglesias romanas.[1]
Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el año 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos.[1]
El nombre de San Ireneo está vinculado, sobre todo, a la defensa de la Fe frente a los gnósticos. El gnosticismo era un conjunto de corrientes filosófico-religiosas que llegaron a involucrarse con el cristianismo en los tres primeros siglos, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos.
He aquí una selección de sus escritos:
Respecto a la Eucaristía: "No pueden creer que el Hijo de Dios está presente en el pan consagrado, porque éste es un elemento material, un fruto de la creación de Dios hecha por medio de su Hijo. Y ¿cómo pueden creer que el cuerpo y sangre de Cristo se nos dan como alimento del cuerpo y del alma para la resurrección definitiva, si rechazan la resurrección de la carne, a la que consideran corrupta?" (cf. IV, 18,4-5). "Y, pues el alma por naturaleza no se corrompe, el cuerpo corruptible es el que necesita participar de la resurrección de Cristo. Los herejes son incongruentes al celebrar la Eucaristía, porque no hay concordancia entre la fe en ella y sus doctrinas. Se apartan de la salvación al despreciar el medio que para alcanzarla nos ha ofrecido el Señor. En cambio, «para nosotros concuerdan lo que creemos y la Eucaristía y, a su vez, la Eucaristía da solidez a lo que creemos»" (IV, 18,5). “Porque así como el pan que procede de la tierra al recibir la invocación de Dios ya no es pan común, sino Eucaristía, compuesta de dos elementos, terreno y celestial, así también nuestros cuerpos, al recibir la Eucaristía, ya no son corruptibles, sino que tienen la esperanza de la resurrección eterna”.
Respecto de la Iglesia Católica: “La predicación de la Iglesia presenta por todas partes una inconmovible solidez, manteniéndose idéntica a sí misma y beneficiándose, como lo hemos manifestado, del testimonio de los profetas, de los apóstoles, y de todos sus discípulos”
Respecto a María: El vientre de María, nuestra Madre Inmaculada, está “totalmente intacto, sin labrar ni sembrar más que por el rocío del Cielo; da a luz al Salvador, proporciona a los mortales con el Pan de los ángeles y el alimento de la vida eterna”.
Otras frases:
"Es mejor no saber nada, pero creer en Dios, y permanecer en el amor de Dios, que arriesgarse a perderle con investigaciones sutiles" Contra los herejes II 28, 3
El Hijo ... esta subordinado al Padre no por su seer, o por su esencia, sino sólo por su actividad" Contra los herejes V 18, 2
Yerran los gnósticos al afirmar que la carne tiene en sí el mal o el origen del mal. El cuerpo, como el alma, es una creación divina, y no puede, por tanto, implicar mal en su naturaleza. Contra los herejes IV 37, 1
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[1} Entrada de Wikipedia.
Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el año 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos.[1]
El nombre de San Ireneo está vinculado, sobre todo, a la defensa de la Fe frente a los gnósticos. El gnosticismo era un conjunto de corrientes filosófico-religiosas que llegaron a involucrarse con el cristianismo en los tres primeros siglos, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos.
He aquí una selección de sus escritos:
Respecto a la Eucaristía: "No pueden creer que el Hijo de Dios está presente en el pan consagrado, porque éste es un elemento material, un fruto de la creación de Dios hecha por medio de su Hijo. Y ¿cómo pueden creer que el cuerpo y sangre de Cristo se nos dan como alimento del cuerpo y del alma para la resurrección definitiva, si rechazan la resurrección de la carne, a la que consideran corrupta?" (cf. IV, 18,4-5). "Y, pues el alma por naturaleza no se corrompe, el cuerpo corruptible es el que necesita participar de la resurrección de Cristo. Los herejes son incongruentes al celebrar la Eucaristía, porque no hay concordancia entre la fe en ella y sus doctrinas. Se apartan de la salvación al despreciar el medio que para alcanzarla nos ha ofrecido el Señor. En cambio, «para nosotros concuerdan lo que creemos y la Eucaristía y, a su vez, la Eucaristía da solidez a lo que creemos»" (IV, 18,5). “Porque así como el pan que procede de la tierra al recibir la invocación de Dios ya no es pan común, sino Eucaristía, compuesta de dos elementos, terreno y celestial, así también nuestros cuerpos, al recibir la Eucaristía, ya no son corruptibles, sino que tienen la esperanza de la resurrección eterna”.
Respecto de la Iglesia Católica: “La predicación de la Iglesia presenta por todas partes una inconmovible solidez, manteniéndose idéntica a sí misma y beneficiándose, como lo hemos manifestado, del testimonio de los profetas, de los apóstoles, y de todos sus discípulos”
Respecto a María: El vientre de María, nuestra Madre Inmaculada, está “totalmente intacto, sin labrar ni sembrar más que por el rocío del Cielo; da a luz al Salvador, proporciona a los mortales con el Pan de los ángeles y el alimento de la vida eterna”.
Otras frases:
"Es mejor no saber nada, pero creer en Dios, y permanecer en el amor de Dios, que arriesgarse a perderle con investigaciones sutiles" Contra los herejes II 28, 3
El Hijo ... esta subordinado al Padre no por su seer, o por su esencia, sino sólo por su actividad" Contra los herejes V 18, 2
Yerran los gnósticos al afirmar que la carne tiene en sí el mal o el origen del mal. El cuerpo, como el alma, es una creación divina, y no puede, por tanto, implicar mal en su naturaleza. Contra los herejes IV 37, 1
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[1} Entrada de Wikipedia.
lunes, 1 de mayo de 2017
Los Padres de la Iglesia (I)
Los Padres de la Iglesia son un grupo de pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado testimonio de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia Católica. Los cuatro grandes padres griegos son:
Hay otros, denominados padres apostólicos, que son según la tradición los que tuvieron algún contacto con uno o más de los apóstoles de Jesús de Nazaret. Por ejemplo, Policarpo de Esmirna, Ignacio de Antioquía (ambos en lo que hoy es Turquía), Bernabé (originario de Chipre) y, Clemente y Hermas (ambos de Roma).
Es un placer leer las homilías y escritos de muchos de estos Padres de la Iglesia, por cuanto llegaban a profundidades que iluminan grandemente, aún hoy, el sentido de las escrituras, además de ilustrar cómo lo entendían en los primeros siglos.
Aquí transcribo una selección de algunos de estos Padres de la Iglesia.
San Gregorio Magno: Homilia 26. Edición de los numerales 7 a 9. Sobre Juan 20, 24-29.
Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús. Únicamente este discípulo estuvo ausente, y cuando vino oyó lo que había sucedido y no quiso creer lo que oía. Volvió de nuevo el Señor y descubrió al discípulo incrédulo su costado para que le tocase y le mostró las manos, y con presentarle las cicatrices de sus llagas curó la llaga de su incredulidad. ¿Qué pensáis de todo esto, hermanos carísimos? ¿Creéis que sucedió porque sí el que estuviera en aquella ocasión ausente aquel discípulo elegido y el que, cuando vino, oyera, y oyendo dudara, y dudando palpara, y palpando creyera?
No; no sucedió esto porque sí, sino que fue disposición de la divina providencia; pues la divina Misericordia obró de modo tan admirable para que, tocando aquel discípulo incrédulo las heridas de su Maestro, sanase en nosotros las llagas de nuestra incredulidad. De manera que la incredulidad de Tomás ha sido más provechosa para nuestra fe que la fe de los discípulos creyentes, porque, decidiéndose aquél a palpar para creer, nuestra alma se afirma en la fe, desechando toda duda. En efecto, el Señor, después de resucitado, permitió que aquel discípulo dudara; pero, no obstante, no le abandono en la duda; a la manera que antes de nacer quiso que Maria tuviera esposo, el cual, no obstante, no llego a consumar el matrimonio; porque, así como el esposo había sido guardián de la intachable virginidad de su Madre, así el discípulo, dudando y palpando, vino a ser testigo de la verdadera resurrección.
Y tocó y exclamó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Díjole Jesús: Tú has creído, Tomás, porque me has visto. Diciendo el apóstol San Pablo que (Hebr. 11,1) la fe es el fundamento de las cosas que se esperan y un convencimiento de las cosas que no se ven, resulta claro en verdad que la fe es una prueba decisiva de las cosas que no se ven, pues las que se ven, ya no son objeto de la fe, sino del conocimiento. Ahora bien, ¿por qué, cuando Tomás vio y palpó, se le dice: ¿Porque has visto has creído? Pues es porque el vio una cosa y creyó otra; el hombre mortal, cierto que no puede ver la divinidad; por tanto él vio al hombre y creyó que era Dios; y así dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Luego viendo creyó porque, conociéndole verdadero hombre le aclamó Dios aunque como tal no podía verle.
Causa mucha alegría la que sigue: Bienaventurados los que sin haber visto han creído. Sentencia en la que sin duda, estamos señalados nosotros, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Sí, en ella estamos significados nosotros, pero con tal que nuestras obras acompañen nuestra fe, porque quien cumple en la práctica lo que cree, ése es el cree de verdad. Por el contrario, de aquellos que solamente creen con palabras dice San Pablo (Tit. 1,16) Profesan conocer a Dios, mas lo niegan con las obras; por eso dice Santiago (2,17): La fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma.
- Atanasio de Alejandría (296-373 obispo de Alejandría - , ciudad de lo que hoy es Egipto),
- Basilio el Grande (330-379 obispo de Cesaréa - , ciudad de lo que hoy es Turquía),
- Gregorio Nacianceno (329-389 Papa, nacido en Capadocia, ciudad de lo que hoy es Turquía) y
- Juan Crisóstomo (347-407 patriarca de Constantinopla, ciudad de lo que hoy es Turquía).
- Ambrosio de Milán (340-397 obispo de Milán, ciudad de lo que hoy es Italia) ,
- Agustín de Hipona (354-413) obispo de Hippo Regius, ciudad de lo que hoy es Argelia),
- Jerónimo de Estridón (340-420, de la zona de lo que hoy es Croacia. Traductor de la Biblia del griego y el hebreo al latín) y
- Gregorio Magno (540-604 Papa, nacido en Roma).
Hay otros, denominados padres apostólicos, que son según la tradición los que tuvieron algún contacto con uno o más de los apóstoles de Jesús de Nazaret. Por ejemplo, Policarpo de Esmirna, Ignacio de Antioquía (ambos en lo que hoy es Turquía), Bernabé (originario de Chipre) y, Clemente y Hermas (ambos de Roma).
Es un placer leer las homilías y escritos de muchos de estos Padres de la Iglesia, por cuanto llegaban a profundidades que iluminan grandemente, aún hoy, el sentido de las escrituras, además de ilustrar cómo lo entendían en los primeros siglos.
Aquí transcribo una selección de algunos de estos Padres de la Iglesia.
San Gregorio Magno: Homilia 26. Edición de los numerales 7 a 9. Sobre Juan 20, 24-29.
Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús. Únicamente este discípulo estuvo ausente, y cuando vino oyó lo que había sucedido y no quiso creer lo que oía. Volvió de nuevo el Señor y descubrió al discípulo incrédulo su costado para que le tocase y le mostró las manos, y con presentarle las cicatrices de sus llagas curó la llaga de su incredulidad. ¿Qué pensáis de todo esto, hermanos carísimos? ¿Creéis que sucedió porque sí el que estuviera en aquella ocasión ausente aquel discípulo elegido y el que, cuando vino, oyera, y oyendo dudara, y dudando palpara, y palpando creyera?
No; no sucedió esto porque sí, sino que fue disposición de la divina providencia; pues la divina Misericordia obró de modo tan admirable para que, tocando aquel discípulo incrédulo las heridas de su Maestro, sanase en nosotros las llagas de nuestra incredulidad. De manera que la incredulidad de Tomás ha sido más provechosa para nuestra fe que la fe de los discípulos creyentes, porque, decidiéndose aquél a palpar para creer, nuestra alma se afirma en la fe, desechando toda duda. En efecto, el Señor, después de resucitado, permitió que aquel discípulo dudara; pero, no obstante, no le abandono en la duda; a la manera que antes de nacer quiso que Maria tuviera esposo, el cual, no obstante, no llego a consumar el matrimonio; porque, así como el esposo había sido guardián de la intachable virginidad de su Madre, así el discípulo, dudando y palpando, vino a ser testigo de la verdadera resurrección.
Y tocó y exclamó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Díjole Jesús: Tú has creído, Tomás, porque me has visto. Diciendo el apóstol San Pablo que (Hebr. 11,1) la fe es el fundamento de las cosas que se esperan y un convencimiento de las cosas que no se ven, resulta claro en verdad que la fe es una prueba decisiva de las cosas que no se ven, pues las que se ven, ya no son objeto de la fe, sino del conocimiento. Ahora bien, ¿por qué, cuando Tomás vio y palpó, se le dice: ¿Porque has visto has creído? Pues es porque el vio una cosa y creyó otra; el hombre mortal, cierto que no puede ver la divinidad; por tanto él vio al hombre y creyó que era Dios; y así dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Luego viendo creyó porque, conociéndole verdadero hombre le aclamó Dios aunque como tal no podía verle.
Causa mucha alegría la que sigue: Bienaventurados los que sin haber visto han creído. Sentencia en la que sin duda, estamos señalados nosotros, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Sí, en ella estamos significados nosotros, pero con tal que nuestras obras acompañen nuestra fe, porque quien cumple en la práctica lo que cree, ése es el cree de verdad. Por el contrario, de aquellos que solamente creen con palabras dice San Pablo (Tit. 1,16) Profesan conocer a Dios, mas lo niegan con las obras; por eso dice Santiago (2,17): La fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma.
martes, 23 de agosto de 2016
¿Cuando se estableció la misa?
Otro mito difundido entre los protestantes es que la misa fue establecida en el año 1,100 d.C., así que promulgan que ni los apóstoles ni la primitiva iglesia cristiana sabían de ella.
Pero tenemos en la patristica muchas referencias, entre ellas[1].
Ignacio de Antioquía, a quien se conoce como uno de los padres apostólicos de la Iglesia por la fecha en que vivió. Se considera que murió mártir alrededor del año 110 d.C. En su carta a los romanos (7:3) escribe "el pan es la carne de Jesucristo, el vino la sangre". Y en su carta a los Esmirniotas (6:2-7:1): "algunos malos se apartan de la iglesia por no confesar que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados". Éstas son dos de siete cartas que redactó en el transcurso de unas pocas semanas, mientras era conducido desde Siria a Roma para ser ejecutado
La Enseñanza de los doce apóstoles o Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles, conocida comúnmente como Didaché es una obra de la literatura cristiana primitiva que pudo ser compuesta en la segunda mitad del siglo I, acaso antes de la destrucción del Templo de Jerusalén por uno o varios autores. En el capítulo 9 exponen las oraciones del ofertorio de la misa:
“Respecto a la acción de gracias, lo haréis de esta manera: Primeramente sobre el cáliz: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de tu siervo Jesús. A ti sea la gloria por los siglos. »
Luego sobre el fragmento de pan: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestastes por medio de tu siervo Jesús. A ti sea la gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso por los montes y después, al ser reunido, se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente.»
Pero que de vuestra acción de gracias coman y beban sólo los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de ello dijo el Señor: No deis lo santo a los perros. Después de saciaros, daréis gracias de esta manera: «Te damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu nombre y diste a los hombres comida y bebida para que disfrutaran de ellas. Pero, además, nos has proporcionado una comida y bebida espiritual y una vida eterna por medio de tu Siervo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso. A ti sea la gloria por los siglos. »”
Justino Martir fue uno de los primeros apologístas (defensores de la fe) cristianos. Nació entre el año 100 y el 114 d.C. y murió entre el año 162 y 168 d.C.. En su Primera Apología, en el capítulo 66, Justino dice que el pan no es cualquier pan ni el vino cualquier bebida, sino Jesús que por el poder de su palabra nos alimenta con su cuerpo y su sangre, el mismo cuerpo y sangre de nuestra naturaleza que él toma al hacerse hombre. "Porque recibimos de los Apóstoles que Jesús dijo «Esto es mi sangre y se les dio»".
Ireneo de Lyon fue obispo de dicha ciudad desde el 189 d.C. Escribió el tratado "Contra las herejías" en cinco tomos. En 4:32-33, escribió: "El vino y el pan, al recibir las palabras de la consagración, se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo".
Clemente de Roma, Papa, discípulo de los apóstoles y que murió entre el año 97 y el 101 d.C. en su carta a los Corintios escribe que "Tenemos que hacer todo lo posible para presentar las ofrendas y ritos sagrados en los tiempos especificados por el Señor, de una manera ordenada y no al azar, y en los tiempos y horas prescritos. Se celebrará, según su excelsísima voluntad, cumplir todo escrupulosamente de acuerdo a su beneplácito."[2]
Por tanto, los ritos sagrados son mencionados por discípulos de los propios apóstoles y tienen menciones claras en la primera Iglesia.
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[1] Tomado de http://luxdomini.net/_ap/contenido1/debateucaristia1.htm el 1 de junio de 2016 y de Wikipedia.
Clemente de Roma, Papa, discípulo de los apóstoles y que murió entre el año 97 y el 101 d.C. en su carta a los Corintios escribe que "Tenemos que hacer todo lo posible para presentar las ofrendas y ritos sagrados en los tiempos especificados por el Señor, de una manera ordenada y no al azar, y en los tiempos y horas prescritos. Se celebrará, según su excelsísima voluntad, cumplir todo escrupulosamente de acuerdo a su beneplácito."[2]
Por tanto, los ritos sagrados son mencionados por discípulos de los propios apóstoles y tienen menciones claras en la primera Iglesia.
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[2] Traducción libre (ayudado del traductor de google) de "Cunctus ordine debemus facere, quae nos Dominus statutis temporibus peragere iussit, oblationes scilicet et officia sacra perfici, neque temere et inordinate fieri praecepit, sed statutis temporibus et horis. Ubi etiam et a quibus celebrari vult, ipse excelsissima sua voluntate definivit, ut religiose omnia secundum eius beneplacitum adimpleta, accepta essent voluntati eius", a su vez tomado de "Historia de la Liturgia" de Mario Riguetti. BAC. Madird. 1955. pag 38.
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