Nada mejor para explicar el Magisterio de la Iglesia, que un obispo. Transcribo un artículo al respecto:
El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal alemán Gerhard Müller, explicó que un “cambio de paradigma” en la doctrina católica no es desarrollo sino corrupción.
Así lo indicó el Cardenal en un ensayo publicado el 20 de febrero en la revista estadounidense First
Things, con el título “Development or corruption?”. En el texto el Cardenal explicó que el intento de algunos de modificar la doctrina católica para promover su agenda es contrario a los mandamientos, y denunció que quien alienta un cambio de la enseñanza de la Iglesia en la teología moral, como si fuera una “decisión de conciencia digna de alabanza”, en realidad “habla contra
la fe católica”.
En su opinión, un “cambio de paradigma” en la doctrina, es decir “un cambio fundamental en las formas teóricas del pensamiento y la conducta social” respecto a la “presencia de la Iglesia en el mundo”, simplemente no es posible porque “Jesucristo es el mismo
ayer, hoy y siempre”.
Esto último, precisó, “es nuestro paradigma, que no se cambiará por ningún otro”.
Por ello, “un cambio de paradigma, por medio del cual la Iglesia tome los criterios de la sociedad moderna para ser asimilados, no constituye un desarrollo sino que es corrupción”.
El Cardenal alemán explicó también que el Papa y los obispos tienen el deber de preservar la unidad de la fe y evitar la polarización. Por ello, es también un deber de conciencia corregir cuando las palabras “cambio pastoral” son usadas por algunos para
“promover su agenda que se aleja de la enseñanza de la Iglesia, como si la doctrina fuera un obstáculo para la atención pastoral”.
En su ensayo, el Purpurado se refirió al concepto del “desarrollo de la doctrina” en la Iglesia, según lo explicaba el Beato John Henry Newman, y su relación con el debate sobre la interpretación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia que el Papa
Francisco publicó en 2016.
El Cardenal recordó que el capítulo ocho de la exhortación “ha sido objeto de interpretaciones contradictorias”, y alertó que cuando se habla en este contexto de un “cambio de paradigma”, en realidad parece que se propone “una recaída en una forma modernista y subjetivista de interpretar la fe católica”.
En la fe católica, continuó el Prefecto Emérito, “el método adecuado para interpretar la revelación requiere el trabajo conjunto de tres principios que son: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la Sucesión Apostólica de los obispos católicos”.
La Reforma protestante, continuó, es un ejemplo en la historia sobre cómo funcionan las cosas cuando se introduce un nuevo principio formal, en este caso el de considerar solo las Escrituras. “Este nuevo principio hizo que la doctrina católica de la fe, como se desarrolló hasta el siglo XVI, cambiara radicalmente”. Así, precisó, “la comprensión fundamental del cristianismo se convirtió en algo completamente diferente”.
El Cardenal Müller también se refirió a la recepción de la Eucaristía por parte de los divorciados en nueva unión y dijo que no se puede olvidar la enseñanza de San Juan Pablo II, que en su exhortación apostólica Familiaris Consortio de 1981 señaló que “los divorciados que viven en nueva unión deben decidir si viven en continencia[1] o, de otro modo, abstenerse de recibir los sacramentos”.
El Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe también dijo que “cuando los cardenales, los obispos, los sacerdotes y los laicos le piden al Papa una clarificación sobre el tema, lo que en realidad piden no es una aclaración de la opinión del Papa, sino claridad sobre la continuidad de la enseñanza del Papa en la Amoris Laetitia con el resto de la tradición”.
Hablando sobre las distintas declaraciones y opiniones de los obispos y las conferencias episcopales, el Cardenal alemán indicó que para que los prelados sean ortodoxos, “no es suficiente con que declaren su conformidad con las que se presumen son las intenciones del Papa” en la Amoris Laetitia.
“Solo serán ortodoxos si están de acuerdo con las palabras de Cristo preservadas en el depósito de la fe”, subrayó el Cardenal Müller.
Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA
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[1] La "continencia", que forma parte de la virtud más general de la templanza, consiste en la capacidad de dominar, controlar y orientar los impulsos de carácter sexual (concupiscencia de la carne) y sus consecuencias, en la subjetividad psicosomática del hombre. Esta capacidad, en cuanto disposición constante de la voluntad, merece ser llamada virtud. Juan Pablo II. Audiencia general del miércoles 24 de octubre de 1984
Blog que incorpora apologética (defensa de la fe), ética en el contexto de la sociedad actual y, en general, formación.
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martes, 13 de marzo de 2018
El magisterio de la Iglesia
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martes, 26 de septiembre de 2017
La visión protestante de los anglicanos
En el libro Perder y ganar, Newman hace varios apuntes acerca del punto de vista protestante:
"Es una estupidez intentar que una nación tan religiosa como la inglesa sea más religiosa a base de poner imágenes por las calles. Ese no es su estilo y sólo conseguiría ofenderlos. Si fuese su estilo, hubiera surgido ya sin que nadie se los dijera. Como la música empuja a bailar. Pero, lo mismo que el baile no hace mejor la música que uno está escuchando, tampoco las ceremonias hacen más religioso a quien no le gustan las ceremonias." Pag 56
A esto responde Newman: "Lo católicos creen que hay un poder en las imágenes. No las ponen como algo meramente externo, para crear sentimientos, sino que dan verdadero culto a las imágenes porque son más de lo que parecen, no son pura apariencia externa. Les rinden culto a las imágenes bendecidas o a aquellas cosas que pertenecieron a algún santo o porque se obró algún milagro a través de ellas, porque tienen un vínculo con el mundo invisible de la gracia." Pag 56
Otro punto de vista protestante: "La Escritura dice muchas cosas sobre fe y santidad pero ni una palabra sobre iglesias y formas externas. La gran tendencia, la desdichada tendencia del entendimiento humano es crear un mediador (se refieren a la Iglesia) para interponerlo entre él y su Creador; y lo mismo da si ese intermediario falaz es un rito, un credo, una fórmula de oración, las buenas obras, o la comunión con iglesias particulares. La única manera segura de servirse de esas cosas es usarlas con la conciencia de que puede uno prescindir de ellas, que ninguna de ellas surgía directamente del núcleo porque la fe, ese firme convencimiento de que Dios me ha perdonado, es lo único absolutamente necesario; que donde esta esa única cosa, todo lo demás resulta superfluo." Pag 69.
Newman anota que mantienen los protestantes esto de manera tan inconmovible, bajo la base de la verdadera fe, que les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación. Pag 69. Newman pensaba que no se puede dar gusto a todo el mundo. Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas. Pag 65.
Para el efecto del párrafo anterior, Newman anotó una contradicción en la iglesia anglicana luego de estudiar los 39 artículos de la religión que son la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos, a medio camino entre Roma y los protestantes, que datan de 1563, junto con el Prayer Book, libro sobre el ritual y el ceremonial, que data a su vez de 1570, y que constituyen los textos fundamentales de la Iglesia de Inglaterra. Los anglicanos dicen que el Prayer Book se deduce de la Escritura al igual que el credo Atanasio, aceptado por la Iglesia de Inglaterra. Uno de los Artículos dice que se deben recibir como “fundados en la Escritura”, aún siendo invención humana. Y los Artículos no dicen que sea necesario admitir sus proposiciones para la salvación. Pag 70. De tal manera que los libros que dan sustento a la religión que profesan no están fundados en la Escritura, en contravía del énfasis en la “Sola Scriptura” de los protestantes. Recordemos que el estudio minucioso de los Artículos fue el causante de que el superior jerárquico de Newman le obligara a cejar en la publicación de los Tracts of the Times.
Los anglicanos parten de la base que la Iglesia Católica tiene muchas corrupciones y abominaciones. Por eso Henry Newman les dice: "Lo cierto es que conocen poco o nada de ella.", y “No me gusta lo malo de la Iglesia Católica, si es malo, sino lo bueno. Y si voy, es por lo bueno, no por lo malo.” Pag 74.
Explica los prejuicios que tienen los protestantes acerca del Magisterio de la Iglesia: “¡Las tragaderas que hacen falta pasar, sin más, el montón de basura que los católicos tienen que meterse dentro! ¡Es como coger y, a sangre fría, atarse al cuello un dogal y darle luego la cadena al cura!” Pag 137
Newman añade por boca de un protagonista del libro:“… imagínate por un momento que el catolicismo tiene la verdad, ¿No es una oportunidad de que te conviertas?” Pag 132 "Por supuesto que estaba buscando la verdad. Era su deber. Una vez su tutor – no se le olvidaría, no – le explicó que el libre examen era un deber. Esa era la verdadera diferencia entre católicos y protestantes; los católicos empiezan por la fé, los protestantes por la interrogación."Pag 92
Tal vez por esta razón Newman desarrolló tanto el concepto de conciencia, como ya lo mencioné en otra entrada, como profundización de lo que es el verdadero "libre examen".
El diagnóstico de Newman respecto al libre examen como identidad de la Iglesia Anglicana le lleva a escribir esta afirmación en labios de uno de sus personajes en Perder y Ganar: “Nuestra iglesia admite una gran libertad de pensamiento en sus miembros. Entre nuestros teólogos hay diferencias muy notables. Éste es un gran principio de nuestra Iglesia: estamos de acuerdo en ser distintos.” Pag 109 Por eso "...les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación." Pag 69.
"Es una estupidez intentar que una nación tan religiosa como la inglesa sea más religiosa a base de poner imágenes por las calles. Ese no es su estilo y sólo conseguiría ofenderlos. Si fuese su estilo, hubiera surgido ya sin que nadie se los dijera. Como la música empuja a bailar. Pero, lo mismo que el baile no hace mejor la música que uno está escuchando, tampoco las ceremonias hacen más religioso a quien no le gustan las ceremonias." Pag 56
A esto responde Newman: "Lo católicos creen que hay un poder en las imágenes. No las ponen como algo meramente externo, para crear sentimientos, sino que dan verdadero culto a las imágenes porque son más de lo que parecen, no son pura apariencia externa. Les rinden culto a las imágenes bendecidas o a aquellas cosas que pertenecieron a algún santo o porque se obró algún milagro a través de ellas, porque tienen un vínculo con el mundo invisible de la gracia." Pag 56
Otro punto de vista protestante: "La Escritura dice muchas cosas sobre fe y santidad pero ni una palabra sobre iglesias y formas externas. La gran tendencia, la desdichada tendencia del entendimiento humano es crear un mediador (se refieren a la Iglesia) para interponerlo entre él y su Creador; y lo mismo da si ese intermediario falaz es un rito, un credo, una fórmula de oración, las buenas obras, o la comunión con iglesias particulares. La única manera segura de servirse de esas cosas es usarlas con la conciencia de que puede uno prescindir de ellas, que ninguna de ellas surgía directamente del núcleo porque la fe, ese firme convencimiento de que Dios me ha perdonado, es lo único absolutamente necesario; que donde esta esa única cosa, todo lo demás resulta superfluo." Pag 69.
Newman anota que mantienen los protestantes esto de manera tan inconmovible, bajo la base de la verdadera fe, que les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación. Pag 69. Newman pensaba que no se puede dar gusto a todo el mundo. Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas. Pag 65.
Para el efecto del párrafo anterior, Newman anotó una contradicción en la iglesia anglicana luego de estudiar los 39 artículos de la religión que son la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos, a medio camino entre Roma y los protestantes, que datan de 1563, junto con el Prayer Book, libro sobre el ritual y el ceremonial, que data a su vez de 1570, y que constituyen los textos fundamentales de la Iglesia de Inglaterra. Los anglicanos dicen que el Prayer Book se deduce de la Escritura al igual que el credo Atanasio, aceptado por la Iglesia de Inglaterra. Uno de los Artículos dice que se deben recibir como “fundados en la Escritura”, aún siendo invención humana. Y los Artículos no dicen que sea necesario admitir sus proposiciones para la salvación. Pag 70. De tal manera que los libros que dan sustento a la religión que profesan no están fundados en la Escritura, en contravía del énfasis en la “Sola Scriptura” de los protestantes. Recordemos que el estudio minucioso de los Artículos fue el causante de que el superior jerárquico de Newman le obligara a cejar en la publicación de los Tracts of the Times.
Los anglicanos parten de la base que la Iglesia Católica tiene muchas corrupciones y abominaciones. Por eso Henry Newman les dice: "Lo cierto es que conocen poco o nada de ella.", y “No me gusta lo malo de la Iglesia Católica, si es malo, sino lo bueno. Y si voy, es por lo bueno, no por lo malo.” Pag 74.
Explica los prejuicios que tienen los protestantes acerca del Magisterio de la Iglesia: “¡Las tragaderas que hacen falta pasar, sin más, el montón de basura que los católicos tienen que meterse dentro! ¡Es como coger y, a sangre fría, atarse al cuello un dogal y darle luego la cadena al cura!” Pag 137
Newman añade por boca de un protagonista del libro:“… imagínate por un momento que el catolicismo tiene la verdad, ¿No es una oportunidad de que te conviertas?” Pag 132 "Por supuesto que estaba buscando la verdad. Era su deber. Una vez su tutor – no se le olvidaría, no – le explicó que el libre examen era un deber. Esa era la verdadera diferencia entre católicos y protestantes; los católicos empiezan por la fé, los protestantes por la interrogación."Pag 92
Tal vez por esta razón Newman desarrolló tanto el concepto de conciencia, como ya lo mencioné en otra entrada, como profundización de lo que es el verdadero "libre examen".
El diagnóstico de Newman respecto al libre examen como identidad de la Iglesia Anglicana le lleva a escribir esta afirmación en labios de uno de sus personajes en Perder y Ganar: “Nuestra iglesia admite una gran libertad de pensamiento en sus miembros. Entre nuestros teólogos hay diferencias muy notables. Éste es un gran principio de nuestra Iglesia: estamos de acuerdo en ser distintos.” Pag 109 Por eso "...les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación." Pag 69.
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lunes, 31 de julio de 2017
John Henry Newman
En relación con los Padres de la Iglesia, deseo hacer varias entradas relacionadas con John Henry Newman, quien se convirtió del anglicanismo al catolicismo a partir de la lectura de los Padres de la Iglesia.
John Henry Newman nació en Inglaterra en 1801. Antes de comentar su pensamiento e influencia, recapitularé la historia del siglo y país en que vivió. La fuente de lo escrito en esta entrada es Wikipedia cuando no se especifica.
Nació bajo la Iglesia Anglicana, la cual es una combinación entre el catolicismo no papal y el protestantismo. En el momento de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma por razones personales del rey, en 1534, admitían toda la doctrina católica. Fue Isabel I, en la década inicial de la segunda mitad del siglo XVI, la que dotó al anglicanismo de textos y normas oficiales, dando paso a la influencia protestante en la formación del credo anglicano[1]. Se consideran a sí mismos una vía media bajo tres pilares: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la razón.
El denominado “Siglo imperial” del Imperio Británico, que comprende el periodo 1815-1914, fue de radical cambio social y político en el Reino Unido y en el cual la religión desempeñó un papel significativo. Si bien el auge imperial fue entre 1880 y 1930, concentrado en África y Asia, la época previa fue de expansión comercial y colonial hacia América. Por ejemplo, en 1806 y 1807 intentaron tomar por la fuerza, sin éxito, la zona del Rio de la Plata a los españoles. Sus grandes colonias americanas fueron las de América el Norte, las que luego dieron nacimiento a los Estados Unidos de América y de Canadá.
Al principio de este período, muchos anglicanos equipararon el bienestar religioso del país con el de la propia Iglesia Anglicana, mientras que los disidentes protestantes y católicos sufrían bajo la discriminación de la legislación religiosa. Por ejemplo, previniendo una revuelta social en Irlanda, en 1829 se aprobó el Acta de Ayuda Católica en la que se permitió que un católico hiciera parte del Parlamento, es decir, antes estaba prohibido. Dicha Acta multiplicó por cinco los requisitos económicos para tener derecho al voto, buscando que disminuyeran la cantidad de campesinos y granjeros católicos de Irlanda que pudieran votar.
Newman estudio su carrera clerical en el Trinity College de Oxford. Las universidades de Oxford y Cambridge desempeñaron un papel central en la Iglesia de Inglaterra. Eran instituciones completamente anglicanas. En Oxford, los estudiantes tenían que suscribirse a los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra como parte del proceso de admisión; mientras que en Cambridge nadie podía graduarse sin hacerlo. Eran los principales viveros del clero anglicano y muy influyentes en el país en general. Los Treinta y Nueve Artículos definen la doctrina de la Iglesia de Inglaterra en cuanto a su relación con la doctrina calvinista y la práctica católica. Fueron definidos inicialmente en 1563, aunque con desarrollos durante los siglos siguientes[2].
Políticamente, la Iglesia Anglicana era abrumadoramente Tory (conservadora). El partido Whig (liberal) y su programa de reforma se soportaba en gran medida en el apoyo de los protestantes más liberales. A pesar del alivio parcial proporcionado por el Acta de Ayuda Católica y revocación de la obligatoriedad de suscribir los Treinta y Nueve Artículos en los años treinta, los no anglicanos seguían sufriendo una grave discriminación. En 1830 se pasó de un gobierno dominado por liberales-conservadores (Pittite-Tories) a un gobierno liberal (Whig). Esto creó tensiones entre la Iglesia Anglicana y el Estado. Por ejemplo, veintiún obispos votaron en contra de la reforma del Parlamento en 1831. Si todos hubieran votado a favor, el proyecto de ley habría pasado. En 1832 se aprobó el Acta de Reforma al sistema electoral de Inglaterra y Gales. Muchos clérigos temían que el gobierno se estuviera preparando para invadir los derechos y la constitución de la Iglesia Anglicana. Dicho temor se volvió patente cuando en 1833 un Acta del Parlamento reformó los territorios episcopales de la Iglesia de Irlanda. Es necesario aclarar que en ese tiempo los clérigos anglicanos eran funcionarios del Estado y la Iglesia dependía totalmente de los cargos civiles[3].
Ante tales perspectivas, una serie de teólogos, principalmente de la Universidad de Oxford, exhortaron a la recuperación de las tradiciones más antiguas para enfrentar el fuerte movimiento de secularización.
Newman detectó que el talento en boga y la corriente de la opinión pública se estaba posicionando en contra de la Iglesia. Predominaba el vivir bien, el sentido hedonista, relativista, materialista, laicista y ateo. Newman veía cómo la Iglesia anglicana era muy débil para afrontar los cambios que se estaban dando porque dependía del Estado para vivir, los clérigos observaban mudos el fin del prestigio de las autoridades eclesiásticas, y los principios de la Reforma protestante eran impotentes para rescatar a la Iglesia[4]. Así que preguntó ¿qué es la Iglesia de Inglaterra? y así inició el denominado “Movimiento de Oxford” con la publicación de una serie de escritos, “Tracts of the Times”, entre 1833 y 1841, que eran la materialización de este movimiento. Su primer número, escrito por el mismo Newman se titulaba "Tenéis que decidiros".
La próxima entrada proporciona una cronología de su biografía.
--------------------------------
[1] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[2] "En 1538 Enrique VIII, con el fin de llegar a un acuerdo con los príncipes luteranos de Alemania, promulgó los Trece Artículos, que pasaron a ser los Cuarenta y Dos Artículos en 1553 con el arzobispo Thomas Cranmer, que obligó a los sacerdotes a jurarlos para evitar controversias y eliminar resistencia de anabaptistas y católicos. El paso decisivo a los Treinta y Ocho Artículos de 1563, redactados con deliberada ambigüedad para consolidar una Iglesia Nacional que admitiera el mayor número posible de opiniones. La última revisión fue en 1571: los Treinta y Nueve Artículos." Nota del traductor, Víctor García Ruiz, al inicio del capítulo quinto del libro Perder y Ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro, Madrid. 2017.
[3] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[4] Ibidem.
John Henry Newman nació en Inglaterra en 1801. Antes de comentar su pensamiento e influencia, recapitularé la historia del siglo y país en que vivió. La fuente de lo escrito en esta entrada es Wikipedia cuando no se especifica.
Nació bajo la Iglesia Anglicana, la cual es una combinación entre el catolicismo no papal y el protestantismo. En el momento de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma por razones personales del rey, en 1534, admitían toda la doctrina católica. Fue Isabel I, en la década inicial de la segunda mitad del siglo XVI, la que dotó al anglicanismo de textos y normas oficiales, dando paso a la influencia protestante en la formación del credo anglicano[1]. Se consideran a sí mismos una vía media bajo tres pilares: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la razón.
El denominado “Siglo imperial” del Imperio Británico, que comprende el periodo 1815-1914, fue de radical cambio social y político en el Reino Unido y en el cual la religión desempeñó un papel significativo. Si bien el auge imperial fue entre 1880 y 1930, concentrado en África y Asia, la época previa fue de expansión comercial y colonial hacia América. Por ejemplo, en 1806 y 1807 intentaron tomar por la fuerza, sin éxito, la zona del Rio de la Plata a los españoles. Sus grandes colonias americanas fueron las de América el Norte, las que luego dieron nacimiento a los Estados Unidos de América y de Canadá.
Al principio de este período, muchos anglicanos equipararon el bienestar religioso del país con el de la propia Iglesia Anglicana, mientras que los disidentes protestantes y católicos sufrían bajo la discriminación de la legislación religiosa. Por ejemplo, previniendo una revuelta social en Irlanda, en 1829 se aprobó el Acta de Ayuda Católica en la que se permitió que un católico hiciera parte del Parlamento, es decir, antes estaba prohibido. Dicha Acta multiplicó por cinco los requisitos económicos para tener derecho al voto, buscando que disminuyeran la cantidad de campesinos y granjeros católicos de Irlanda que pudieran votar.
Newman estudio su carrera clerical en el Trinity College de Oxford. Las universidades de Oxford y Cambridge desempeñaron un papel central en la Iglesia de Inglaterra. Eran instituciones completamente anglicanas. En Oxford, los estudiantes tenían que suscribirse a los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra como parte del proceso de admisión; mientras que en Cambridge nadie podía graduarse sin hacerlo. Eran los principales viveros del clero anglicano y muy influyentes en el país en general. Los Treinta y Nueve Artículos definen la doctrina de la Iglesia de Inglaterra en cuanto a su relación con la doctrina calvinista y la práctica católica. Fueron definidos inicialmente en 1563, aunque con desarrollos durante los siglos siguientes[2].
Políticamente, la Iglesia Anglicana era abrumadoramente Tory (conservadora). El partido Whig (liberal) y su programa de reforma se soportaba en gran medida en el apoyo de los protestantes más liberales. A pesar del alivio parcial proporcionado por el Acta de Ayuda Católica y revocación de la obligatoriedad de suscribir los Treinta y Nueve Artículos en los años treinta, los no anglicanos seguían sufriendo una grave discriminación. En 1830 se pasó de un gobierno dominado por liberales-conservadores (Pittite-Tories) a un gobierno liberal (Whig). Esto creó tensiones entre la Iglesia Anglicana y el Estado. Por ejemplo, veintiún obispos votaron en contra de la reforma del Parlamento en 1831. Si todos hubieran votado a favor, el proyecto de ley habría pasado. En 1832 se aprobó el Acta de Reforma al sistema electoral de Inglaterra y Gales. Muchos clérigos temían que el gobierno se estuviera preparando para invadir los derechos y la constitución de la Iglesia Anglicana. Dicho temor se volvió patente cuando en 1833 un Acta del Parlamento reformó los territorios episcopales de la Iglesia de Irlanda. Es necesario aclarar que en ese tiempo los clérigos anglicanos eran funcionarios del Estado y la Iglesia dependía totalmente de los cargos civiles[3].
Ante tales perspectivas, una serie de teólogos, principalmente de la Universidad de Oxford, exhortaron a la recuperación de las tradiciones más antiguas para enfrentar el fuerte movimiento de secularización.
Newman detectó que el talento en boga y la corriente de la opinión pública se estaba posicionando en contra de la Iglesia. Predominaba el vivir bien, el sentido hedonista, relativista, materialista, laicista y ateo. Newman veía cómo la Iglesia anglicana era muy débil para afrontar los cambios que se estaban dando porque dependía del Estado para vivir, los clérigos observaban mudos el fin del prestigio de las autoridades eclesiásticas, y los principios de la Reforma protestante eran impotentes para rescatar a la Iglesia[4]. Así que preguntó ¿qué es la Iglesia de Inglaterra? y así inició el denominado “Movimiento de Oxford” con la publicación de una serie de escritos, “Tracts of the Times”, entre 1833 y 1841, que eran la materialización de este movimiento. Su primer número, escrito por el mismo Newman se titulaba "Tenéis que decidiros".
La próxima entrada proporciona una cronología de su biografía.
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[1] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[2] "En 1538 Enrique VIII, con el fin de llegar a un acuerdo con los príncipes luteranos de Alemania, promulgó los Trece Artículos, que pasaron a ser los Cuarenta y Dos Artículos en 1553 con el arzobispo Thomas Cranmer, que obligó a los sacerdotes a jurarlos para evitar controversias y eliminar resistencia de anabaptistas y católicos. El paso decisivo a los Treinta y Ocho Artículos de 1563, redactados con deliberada ambigüedad para consolidar una Iglesia Nacional que admitiera el mayor número posible de opiniones. La última revisión fue en 1571: los Treinta y Nueve Artículos." Nota del traductor, Víctor García Ruiz, al inicio del capítulo quinto del libro Perder y Ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro, Madrid. 2017.
[3] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[4] Ibidem.
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martes, 28 de marzo de 2017
El Purgatorio
El otro día iban mi esposa y
nuestras hijas en el transporte público y una señora se dio la vuelta y le
preguntó sobre su prioridad para la educación de las niñas. Mi esposa respondió
desprevenidamente que la fe en Dios. Por sus palabras esta señora denotó que
era cristiana católica, así que, en vez de compartir la alegría de la Fe, movió
la conversación según su ánimo proselitista. “En ningún lugar de la Biblia se
habla del purgatorio”. Evidentemente era cristiana protestante de alguna
denominación.
El tema es importante ya que, efectivamente, en la Biblia no se habla en ningún momento del Purgatorio. Dicha
palabra procede del latín tardío, medioval, purgatorium
o purgatorius que significa que limpia o purifica.
Mi concepto acerca de la
sustentación bíblica estaba puesta en Macabeos: “Pues de no esperar que los
soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los
muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los
que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó
hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran
liberados del pecado.” (Mc II 12,44-46). Pero como ya lo he explicado en otra entrada, los protestantes no consideran “inspirado” dicho libro. Así que pensé
que no había medios para argumentar.
Los protestantes basan su punto
de vista en, por ejemplo, la carta a los hebreos:
"Y del
mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el
juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para
quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez sin relación ya
con el pecado a los que le esperan para su salvación." (Heb 9,27)
Explican que “Dios nos dice que
quienes rehúsan confiar en Cristo para ser limpiados de sus pecados, son
condenados: El que cree en Él no se pierde; pero el que no cree ya se ha
condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios (Juan 3:18). Hay sólo dos
posibilidades de elección: El que cree al Hijo vive de vida eterna; pero el que
se niega a creer no conocerá la vida, siendo merecedor de la cólera de Dios
(Juan 3:36; vea también Apocalipsis 20:15; Lucas 16:19-31, especialmente el
versículo 26). Cualquiera que acepte a Cristo es salvado completamente: Ahora,
pues, se acabó esta condenación para aquellos que están en Cristo Jesús
(Romanos 8:1). Al decir que no hay condenación, ciertamente elimina las llamas
del purgatorio.”[1]
En general, sólo consideran dos posibilidades como resultado del Juicio personal: cielo o infierno. No aceptan que haya una tercera posibilidad, la del cielo previa una purificación.
El evangelio según Mateo nos
refiere:
"Pedro
se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las
ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
Al ver sus
compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor
todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo
malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No
debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me
compadecí de ti?" Y encolerizado su señor, lo entregó a los verdugos hasta
que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre
celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»" (Mateo
18, 21-35)
Es interesante el final de la
parábola porque da a entender que no lo condenó a la muerte, sino que “lo
entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía”.
He aquí una referencia a una
carta de Pablo:
“Conforme a la
gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y
otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner
otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este
cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada
cual quedará al descubierto; la manifestará el Día que ha de revelarse por el
fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.
Aquél, cuya
obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa.
Mas aquél,
cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo,
pero como quien pasa a través del fuego.” (I Cor 3, 10-15)
De nuevo un dato interesante: "Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego."
Orígenes (185 – 254 d.C.), uno de
los primeros apologistas cristianos, explica el texto así: "Porque si
sobre la base de Cristo, has construido no sólo oro y plata sino piedras
preciosas; sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el
alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y
de este modo manchar el reino de Dios? ¿o en razón de estos obstáculos podrías
quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de
estos casos es justo. Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará
los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender
las cosas del cielo está llamado el fuego purificador.
Pero este fuego no consume a la criatura, sino lo que ella
ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la
madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras
grandes obras." (Origenes P. G., XIII, col. 445, 448).
Tambien el Evangelio de Mateo nos
transmite una enseñanza de Jesús: “Y al que diga una palabra contra el Hijo del
hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le
perdonará ni en este mundo ni en el otro.” (Mt 12, 32)
Gregorio Magno (540-604) comentó
de este texto: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas
ni en este mundo ni en el otro (Mt 12, 32), es señal de que hay faltas que sí
son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las
faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso
ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".
Así que entre los primeros Padres
existía la idea de una tercera opción tras el juicio, aún sin darle la denominación
específica de Purgatorio.
El apocalispsis nos dice,
refiriéndose a la Jerusalem celestial, que “Nada profano entrará en ella, ni
los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro
de la vida del Cordero.” (Ap 21, 27). Preguntémonos, si algún hermano nuestro cree
en Dios Hijo y de ese modo es merecedor de vivir la vida eterna, pero tiene
faltas veniales y no está purificado para presentarse a la Gloria de Dios, ¿cómo
es juzgado? ¿Muerte eterna? ¿Vida eterna? ¿No hay otra posibilidad?
lunes, 27 de febrero de 2017
¿Creacionismo o evolucionismo?
Hace poco más de un año me invitaron a una charla que iban a dar unos científicos católicos norteamericanos. No me dijeron más. Investigué acerca de los individuos y encontré que apoyaban el creacionismo. Respondí de una manera dura y poco caritativa sobre el fundamentalismo y cómo ahora los católicos norteamericanos se están dejando llevar por sus hermanos protestantes.
El tema me dejó inquieto. ¿Por qué hay tanta gente de acuerdo con el creacionismo? ¿Qué hay de fundamentalismo y qué hay de ciencia en mi primera reacción? Me permití darle un vistazo al tema.
Se deben distinguir dos sentidos del “creacionismo”. Una cosa es el “creacionismo científico” que en biología se opone a la teoría de la evolución y defiende que cada una de las especies es el resultado de un acto particular de creación. Otra cosa diferente es el “creacionismo” como visión filosófica o teológica. En este segundo sentido nos estamos refiriendo a la teoría según la cual Dios creó el mundo de la nada e interviene directamente en la creación del alma humana en el momento de la concepción.
Se puede ser creacionista en este segundo sentido, y a la vez ser partidario, en el ámbito científico, de la teoría de la evolución.
El Papa Juan Pablo II en una de sus catequesis semanales tocó el tema de la evolución, indicando que ésta es “sólo una probabilidad, no una certeza científica”. Recordó que “la doctrina de fe afirma que el alma espiritual humana es creada directamente por Dios. De acuerdo a la hipótesis mencionada (la evolución), es posible que el cuerpo humano, siguiendo la orden imprimida por el Creador sobre las energías de la vida, pudiera haber sido preparado gradualmente en formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende definitivamente la humanidad del hombre, no puede provenir de la materia, debido a su naturaleza espiritual”. (16-abril-1986)
Dios pudo haber escogido formar el universo a través de un proceso evolucionista. Pero, aunque lo haya hecho así y no lo haya hecho por creación directa, Dios siempre debe ser reconocido como su Creador.
Bajo esta clara premisa, la Iglesia Católica estimula una investigación diligente, seria y honesta, de manera que algún día los científicos puedan conocer con certeza el método que Dios utilizó para llevar al ser humano y al universo hasta su estado actual de desarrollo. La respuesta final no causará conflicto entre la verdad científica y la verdad de fe, ya que Dios es el autor de ambas.
El Magisterio de la Iglesia, en sí, no se opone a la evolución como teoría científica. Por una parte, deja y pide a los científicos que hagan investigación en lo que constituye su ámbito específico. Pero, por otra, ante las ideologías que están detrás de algunas versiones del evolucionismo, deja claros algunos puntos fundamentales que hay que respetar:
Transcribo ahora algunos de los puntos que los creacionistas le argumentan a los evolucionistas:
El tema me dejó inquieto. ¿Por qué hay tanta gente de acuerdo con el creacionismo? ¿Qué hay de fundamentalismo y qué hay de ciencia en mi primera reacción? Me permití darle un vistazo al tema.
Se deben distinguir dos sentidos del “creacionismo”. Una cosa es el “creacionismo científico” que en biología se opone a la teoría de la evolución y defiende que cada una de las especies es el resultado de un acto particular de creación. Otra cosa diferente es el “creacionismo” como visión filosófica o teológica. En este segundo sentido nos estamos refiriendo a la teoría según la cual Dios creó el mundo de la nada e interviene directamente en la creación del alma humana en el momento de la concepción.
Se puede ser creacionista en este segundo sentido, y a la vez ser partidario, en el ámbito científico, de la teoría de la evolución.
El Papa Juan Pablo II en una de sus catequesis semanales tocó el tema de la evolución, indicando que ésta es “sólo una probabilidad, no una certeza científica”. Recordó que “la doctrina de fe afirma que el alma espiritual humana es creada directamente por Dios. De acuerdo a la hipótesis mencionada (la evolución), es posible que el cuerpo humano, siguiendo la orden imprimida por el Creador sobre las energías de la vida, pudiera haber sido preparado gradualmente en formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende definitivamente la humanidad del hombre, no puede provenir de la materia, debido a su naturaleza espiritual”. (16-abril-1986)
Dios pudo haber escogido formar el universo a través de un proceso evolucionista. Pero, aunque lo haya hecho así y no lo haya hecho por creación directa, Dios siempre debe ser reconocido como su Creador.
Bajo esta clara premisa, la Iglesia Católica estimula una investigación diligente, seria y honesta, de manera que algún día los científicos puedan conocer con certeza el método que Dios utilizó para llevar al ser humano y al universo hasta su estado actual de desarrollo. La respuesta final no causará conflicto entre la verdad científica y la verdad de fe, ya que Dios es el autor de ambas.
El Magisterio de la Iglesia, en sí, no se opone a la evolución como teoría científica. Por una parte, deja y pide a los científicos que hagan investigación en lo que constituye su ámbito específico. Pero, por otra, ante las ideologías que están detrás de algunas versiones del evolucionismo, deja claros algunos puntos fundamentales que hay que respetar:
- No se puede excluir, «a priori», la causalidad divina. La ciencia no puede ni afirmarla, ni negarla.
- El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. De este hecho deriva su dignidad y su destino eterno.
- Hay una discontinuidad entre el ser humano y otros seres vivientes, en virtud de su alma espiritual, que no puede ser generada por simple reproducción natural, sino que es creada inmediatamente por Dios.
Transcribo ahora algunos de los puntos que los creacionistas le argumentan a los evolucionistas:
- La Evolución es una teoría. Es decir, es sólo una posible explicación de los orígenes del universo, no un hecho científicamente comprobado, menos aún, innegable ... a pesar de lo que digan los libros de texto. Siendo sólo una teoría, debe aceptarse o rechazarse basándonos en evidencia científica.
- Los científicos evolucionistas no pueden demostrar sus teorías como un químico lo hace en un laboratorio, sino que sus teorías las desarrollan basados en interpretaciones razonables, en la que muchas veces incluyen la imaginación.
- La Teoría de la selección natural ha sido seriamente cuestionada por algunos científicos. Las posiciones contrarias a ella están siendo bloqueadas en los medios académicos, lo cual va en contra del método científico.
- En la evolución de las especies el estudio de los fósiles no ofrece pruebas del paso de los peces a los reptiles, de las aves a los mamíferos, ni tampoco eslabones entre una especie y otra. De tal forma que muchos científicos están considerando la evolución como una teoría más bien especulativa.
-
Tampoco el “eslabón perdido” que establecería el paso de una especie homínida al hombre actual se ha conseguido todavía. Más aún, como la ciencia evolucionista no es una disciplina estable, suceden revisiones, correcciones y replanteamientos de manera constante. Por ejemplo, hoy en día el Homus Erectus incluye a tres divisiones de fósiles que anteriormente se consideraban diferentes entre sí: el hombre de Pekin, el hombre de Java y el hombre de Neardental. Es decir, actualmente los científicos están dándose cuenta que fósiles que parecían distintos (pocos, por cierto) son esencialmente los mismos.
Otro ejemplo: la teoría de que el ser humano fue en algún momento feroz hoy en día se refuta, ya que hay evidencia de que el ser humano fue desde el principio avanzado en el desarrollo de utensilios, llegó a realizar amputaciones y hasta enterraba a sus muertos con flores. Y esto no corresponde a la categoría de bestia que se la ha dado en algunas teorías evolucionistas.
Estos puntos apoyan que no se tome el evolucionismo como verdad definitiva. Son puntos válidos, que en sí mismos tampoco apoyan el creacionismo en la primera acepción expuesta.
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lunes, 7 de noviembre de 2016
Contracepción
Una amiga me contó la historia de los esposos Scott y Kimberly Hahn, teólogos de la
denominación protestante presbiteriana. Ambos convertidos al catolicismo por
diferentes caminos. La historia de ella es la que me dio pie para escribir esta
entrada, tema pendiente en la exposición de posiciones diferenciales entre
católicos y protestantes. El punto es que ella se preguntaba sobre la
razonabilidad bajo la fe de autorizar a la conciencia de cada cristiano el uso
de los métodos contraceptivos como método de planificación familiar. Eso
implica plantearse muy diversos temas éticos: ¿cuál es el papel de la sexualidad entre los esposos?, ¿es lícito desligar el acto conyugal de la
concepción?, ¿desde qué momento podemos considerar que una persona es una
persona?
Vamos por partes. Lutero, monje agustino del cual ya hemos hablado en alguna entrada anterior, tenía preocupación por la mentalidad de su época en contra de la familia y la fertilidad[1]. Estamos hablando del siglo XVI. Los primeros protestantes entendían cómo la contracepción llevaba hacia una visión egoísta. Pero bien saben que prefiero tomar fuentes protestantes para discutir estos temas controversiales. El teólogo Albert Mohler [2], Baptista, advierte cómo las iglesias protestantes no tenían teología sustancial acerca del matrimonio, el sexo y la familia entre 1930 y 1970, época en que las teorías maltusianas del control de la natalidad y las eugenésicas de Margaret Sanger estaban en boga. Los protestantes dieron la bienvenida a los métodos contraceptivos.
Los católicos también, pero el Magisterio de la Iglesia no. La Iglesia Católica tenía como guía la encíclica escrita en 1880 por el papa León XIII “Arcanum divinae sapientiae”, y el Papa Pío XI escribió en 1930 “Casti connubii”, ambas sobre el tema del matrimonio cristiano. Para la década de los años sesenta había una muy fuerte presión para que el Magisterio se pronunciase a favor de los métodos contraceptivos. El Papa Pablo VI afrontó el reto y, en contra de la opinión de la mayoría del clero que abordó el asunto, declaró ilícitos los métodos contraceptivos en 1968. Comprendía que la mejora de la salubridad había traído un crecimiento demográfico sin precedentes, que la tasa de mortalidad de niños de 0 a 5 años había disminuido drásticamente y que el tamaño de las familias presionaba unas condiciones socioeconómicas difíciles para los hogares. A su vez, comprendía que la revolución industrial había desplazado a los campesinos hacia las urbes generando condiciones sociales denigrantes debido a la alta densidad poblacional, y que la desvinculación del campo ocasionaba problemas de abastecimiento de alimentos para las familias numerosas que devengaban sueldos mínimos. Pero también argumentaba que el matrimonio cristiano es válido sólo bajo los fundamentos de la unión, el amor, la fidelidad y la fecundidad y que el acto conyugal no puede separar los dos principios que lo rigen: el unitivo y el procreativo[3]. También que la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya se haya iniciado va en contra de las leyes morales e indica diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, y se abriría la puerta para que los estados intervengan en temas íntimos de la pareja y en la implementación de políticas para el control de la natalidad. Finalmente solicitó a las autoridades públicas que se opusieran a las leyes que deteriorasen las leyes naturales de moralidad, a los científicos que estudiasen mejores métodos de control natal natural, y a doctores, enfermeras, y sacerdotes para que promovieran los métodos naturales[4]. Fue una encíclica profética. El papa Juan Pablo II reafirmó todas estas tesis y las extendió a los temas de reproducción asistida mediante documentos como:
Si bien hoy en día los protestantes están alineados con el catolicismo en el rechazo al aborto, aún hoy en día admiten los contraceptivos. Apenas en esta última década es que empieza a haber una conciencia de varios factores que el Dr. Mohler expone en su artículo:
Vamos por partes. Lutero, monje agustino del cual ya hemos hablado en alguna entrada anterior, tenía preocupación por la mentalidad de su época en contra de la familia y la fertilidad[1]. Estamos hablando del siglo XVI. Los primeros protestantes entendían cómo la contracepción llevaba hacia una visión egoísta. Pero bien saben que prefiero tomar fuentes protestantes para discutir estos temas controversiales. El teólogo Albert Mohler [2], Baptista, advierte cómo las iglesias protestantes no tenían teología sustancial acerca del matrimonio, el sexo y la familia entre 1930 y 1970, época en que las teorías maltusianas del control de la natalidad y las eugenésicas de Margaret Sanger estaban en boga. Los protestantes dieron la bienvenida a los métodos contraceptivos.
Los católicos también, pero el Magisterio de la Iglesia no. La Iglesia Católica tenía como guía la encíclica escrita en 1880 por el papa León XIII “Arcanum divinae sapientiae”, y el Papa Pío XI escribió en 1930 “Casti connubii”, ambas sobre el tema del matrimonio cristiano. Para la década de los años sesenta había una muy fuerte presión para que el Magisterio se pronunciase a favor de los métodos contraceptivos. El Papa Pablo VI afrontó el reto y, en contra de la opinión de la mayoría del clero que abordó el asunto, declaró ilícitos los métodos contraceptivos en 1968. Comprendía que la mejora de la salubridad había traído un crecimiento demográfico sin precedentes, que la tasa de mortalidad de niños de 0 a 5 años había disminuido drásticamente y que el tamaño de las familias presionaba unas condiciones socioeconómicas difíciles para los hogares. A su vez, comprendía que la revolución industrial había desplazado a los campesinos hacia las urbes generando condiciones sociales denigrantes debido a la alta densidad poblacional, y que la desvinculación del campo ocasionaba problemas de abastecimiento de alimentos para las familias numerosas que devengaban sueldos mínimos. Pero también argumentaba que el matrimonio cristiano es válido sólo bajo los fundamentos de la unión, el amor, la fidelidad y la fecundidad y que el acto conyugal no puede separar los dos principios que lo rigen: el unitivo y el procreativo[3]. También que la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya se haya iniciado va en contra de las leyes morales e indica diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, y se abriría la puerta para que los estados intervengan en temas íntimos de la pareja y en la implementación de políticas para el control de la natalidad. Finalmente solicitó a las autoridades públicas que se opusieran a las leyes que deteriorasen las leyes naturales de moralidad, a los científicos que estudiasen mejores métodos de control natal natural, y a doctores, enfermeras, y sacerdotes para que promovieran los métodos naturales[4]. Fue una encíclica profética. El papa Juan Pablo II reafirmó todas estas tesis y las extendió a los temas de reproducción asistida mediante documentos como:
- Teología del Cuerpo (conferencias entre 1979-1984)
- Evangelium Vitae, Teología y Moral familiar y de la vida, encíclica del 25 de marzo de 1995.
- Donum Vitae, Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces presidida por el cardenal Ratzinger, luego papa Benedicto XVI), sobre el respeto a la vida humana y la procreación, febrero de 1987.
- El Catecismo de la Iglesia Católica de 1992
- Y Veritatis splendor, encíclica sobre la Moral Fundamental, del 6 de agosto de 1993.
Si bien hoy en día los protestantes están alineados con el catolicismo en el rechazo al aborto, aún hoy en día admiten los contraceptivos. Apenas en esta última década es que empieza a haber una conciencia de varios factores que el Dr. Mohler expone en su artículo:
- Aceptan que la mentalidad contraceptiva lleva a una mentalidad abortiva.
- Aceptan que todo matrimonio debe estar abierto al don de los hijos, lo que los católicos denominamos “estar abiertos a la vida”. Los esposos que demandan una unión sexual que no esté abierta a la vida contradicen el plan de Dios para con el ser humano: los hijos nunca deben verse como una carga, sino como un regalo de Dios.
- Aceptan que los métodos contraceptivos llevan con facilidad a la infidelidad y la inmoralidad sexual, lo que lleva a la promiscuidad y la miseria (sentimental y espiritual).
- Admiten que es lícito realizar una planificación familiar. La distinción entre la planificación familiar natural que propone la Iglesia Católica y la planificación familiar artificial con la que denominamos a los restantes métodos les parece postiza y el Dr. Mohler propone generar una teología protestante propia.
- Aceptan que las parejas usen en momentos determinados métodos contraceptivos con conciencia clara de las razones, pero que en términos generales su matrimonio esté abierto a la vida, y sobre todo, que los métodos que elijan sean inequívocamente anticonceptivos, no abortivos.
- Muchos católicos creímos durante mucho tiempo que la Iglesia Católica también dejaba el tema a la conciencia de cada pareja cristiana, pero Juan Pablo II fue enfático en afirmar que el uso de contraceptivos artificiales no es una práctica aceptada por la Iglesia Católica bajo ninguna circunstancia. Aquellas circunstancias que lleven a una relación sexual con algún tipo de peligro para la salud llama a la castidad en el matrimonio.
- A medida ha habido investigaciones sobre el tema, se ha ido aclarando que todo método anticonceptivo termina de alguna manera siendo abortivo, por tanto la determinación del siglo pasado de declarar como moralmente malo cualquier método artificial se ha abierto camino, a pesar de que dichos resultados definitivamente no se han difundido por parte de los medios de comunicación y en muchos casos se han querido ocultar[5].
- La planificación familiar natural es igual o más efectiva que la artificial, a pesar de que los colegios médicos se niegan a considerarla por cuanto disminuye los ingresos de los gineco-obstetras y de la industria farmacéutica. El método Creighton[6] es científico y es el recomendado actualmente. No conocerlo es una falta de omisión. Creer que no son efectivos es creer que la ciencia sigue al nivel que tenía en 1968.
[3] Un importante antecedente para Pablo VI fue el libro de Karol Wojtyła, obispo de Cracovia, llamado 'Amor y Responsabilidad'. 1960.
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martes, 23 de agosto de 2016
¿Cuando se estableció la misa?
Otro mito difundido entre los protestantes es que la misa fue establecida en el año 1,100 d.C., así que promulgan que ni los apóstoles ni la primitiva iglesia cristiana sabían de ella.
Pero tenemos en la patristica muchas referencias, entre ellas[1].
Ignacio de Antioquía, a quien se conoce como uno de los padres apostólicos de la Iglesia por la fecha en que vivió. Se considera que murió mártir alrededor del año 110 d.C. En su carta a los romanos (7:3) escribe "el pan es la carne de Jesucristo, el vino la sangre". Y en su carta a los Esmirniotas (6:2-7:1): "algunos malos se apartan de la iglesia por no confesar que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados". Éstas son dos de siete cartas que redactó en el transcurso de unas pocas semanas, mientras era conducido desde Siria a Roma para ser ejecutado
La Enseñanza de los doce apóstoles o Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles, conocida comúnmente como Didaché es una obra de la literatura cristiana primitiva que pudo ser compuesta en la segunda mitad del siglo I, acaso antes de la destrucción del Templo de Jerusalén por uno o varios autores. En el capítulo 9 exponen las oraciones del ofertorio de la misa:
“Respecto a la acción de gracias, lo haréis de esta manera: Primeramente sobre el cáliz: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de tu siervo Jesús. A ti sea la gloria por los siglos. »
Luego sobre el fragmento de pan: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestastes por medio de tu siervo Jesús. A ti sea la gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso por los montes y después, al ser reunido, se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente.»
Pero que de vuestra acción de gracias coman y beban sólo los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de ello dijo el Señor: No deis lo santo a los perros. Después de saciaros, daréis gracias de esta manera: «Te damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu nombre y diste a los hombres comida y bebida para que disfrutaran de ellas. Pero, además, nos has proporcionado una comida y bebida espiritual y una vida eterna por medio de tu Siervo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso. A ti sea la gloria por los siglos. »”
Justino Martir fue uno de los primeros apologístas (defensores de la fe) cristianos. Nació entre el año 100 y el 114 d.C. y murió entre el año 162 y 168 d.C.. En su Primera Apología, en el capítulo 66, Justino dice que el pan no es cualquier pan ni el vino cualquier bebida, sino Jesús que por el poder de su palabra nos alimenta con su cuerpo y su sangre, el mismo cuerpo y sangre de nuestra naturaleza que él toma al hacerse hombre. "Porque recibimos de los Apóstoles que Jesús dijo «Esto es mi sangre y se les dio»".
Ireneo de Lyon fue obispo de dicha ciudad desde el 189 d.C. Escribió el tratado "Contra las herejías" en cinco tomos. En 4:32-33, escribió: "El vino y el pan, al recibir las palabras de la consagración, se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo".
Clemente de Roma, Papa, discípulo de los apóstoles y que murió entre el año 97 y el 101 d.C. en su carta a los Corintios escribe que "Tenemos que hacer todo lo posible para presentar las ofrendas y ritos sagrados en los tiempos especificados por el Señor, de una manera ordenada y no al azar, y en los tiempos y horas prescritos. Se celebrará, según su excelsísima voluntad, cumplir todo escrupulosamente de acuerdo a su beneplácito."[2]
Por tanto, los ritos sagrados son mencionados por discípulos de los propios apóstoles y tienen menciones claras en la primera Iglesia.
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[1] Tomado de http://luxdomini.net/_ap/contenido1/debateucaristia1.htm el 1 de junio de 2016 y de Wikipedia.
Clemente de Roma, Papa, discípulo de los apóstoles y que murió entre el año 97 y el 101 d.C. en su carta a los Corintios escribe que "Tenemos que hacer todo lo posible para presentar las ofrendas y ritos sagrados en los tiempos especificados por el Señor, de una manera ordenada y no al azar, y en los tiempos y horas prescritos. Se celebrará, según su excelsísima voluntad, cumplir todo escrupulosamente de acuerdo a su beneplácito."[2]
Por tanto, los ritos sagrados son mencionados por discípulos de los propios apóstoles y tienen menciones claras en la primera Iglesia.
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[2] Traducción libre (ayudado del traductor de google) de "Cunctus ordine debemus facere, quae nos Dominus statutis temporibus peragere iussit, oblationes scilicet et officia sacra perfici, neque temere et inordinate fieri praecepit, sed statutis temporibus et horis. Ubi etiam et a quibus celebrari vult, ipse excelsissima sua voluntate definivit, ut religiose omnia secundum eius beneplacitum adimpleta, accepta essent voluntati eius", a su vez tomado de "Historia de la Liturgia" de Mario Riguetti. BAC. Madird. 1955. pag 38.
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viernes, 8 de julio de 2016
Ramas del protestantismo
He de aclarar que estas reflexiones hacen referencia a los
protestantes, ya que según iba clarificando los temas acerca de los que
investigaba encontraba cómo los católicos no solemos diferenciar a los no
católicos, siendo que hay varios anillos de cercanía en las creencias y dentro
de cada anillo hay niveles que deben separarse[1].
En el primer anillo, están los muy cercanos a la iglesia
católica: iglesias ortodoxas y anglicanos, cuya principal diferencia está en no
reconocer la autoridad del Obispo de Roma como cabeza de la Iglesia.
De algún modo se podría incluir a los luteranos en un punto
intermedio entre este primer anillo y el segundo que se describirá a
continuación. Esto por cuanto conservan mucho en común con la Iglesia Católica a
pesar de ser históricamente la asociada al origen del Cisma de Occidente.
Un segundo anillo es el de los protestantes, que pueden
llegar a ser centenares de denominaciones. Los más conocidos son los calvinistas,
presbiterianos, anabaptistas, metodistas, baptistas y adventistas, llamados
comúnmente evangélicos.
Un tercer anillo podrían ser las iglesias independientes,
usualmente de origen protestante, de las que hay centenares de denominaciones: Apostólicos,
Carismáticos, Independientes del Evangelio
Completo, seguidores del pastor de “La Casa del Alfarero”, iglesias
no-denominacionales, neocarismáticos, rescate-pentecostales, grupos de
prosperidad, Anglicanos Independientes, Adventistas Independientes, Bautistas
Independientes, Hermanos Cristianos Independientes o Hermanos de Plymouth, restauracionistas
cristianos, Hermanos Independientes
Exclusivos, Evangélicos Anglicanos Independientes, Fundamentalistas
Independientes, Santidad o Metodistas Conservadores (no pentecostales), Amigos
Independientes (Cuáqueros), Iglesia comunitaria o unión congregacional, evangelistas
independientes (dispensacionalismo), Radio iglesias (sin organización), y un
largo etc… Se caracterizan por ir introduciendo interpretaciones de las
escrituras y normas alejadas del espíritu global del evangelio por cuanto no
utilizan las escrituras como una unidad de fe, sino la interpretación de la
Palabra de Dios de modo aislado o por razones nada relacionadas con la fe en
Dios.
Y el cuarto anillo, son todas las restantes denominaciones
de muy diversa índole, nada relacionadas con el catolicismo, ni la tradición
apostólica ni la tradición judeo-cristiana. Algunos provienen de las nuevas
subdivisiones restauracionistas derivadas de las iglesias protestantes y su
rango va hasta los que tienen sus propios libros sagrados muy alejados de la
tradición judeo-cristiana: Testigos de Jehová, Mormones (santos de los últimos
días), Testigos de Jehová Independientes, Mesiánicos, Asirios Independientes o
nestorianos, bogomilistas etc….
Para aquellos que se dejan engañar fácilmente por aquellos
que dicen seguir a Cristo, pero bien lejos de ello, hay cultos a la razón, al
diablo y a personalidades que aparecieron en algún punto de la historia.
Podemos mencionar a los cristianos libres, los cristianos liberales, los
universalistas o la iglesia de la Nueva Jerusalén, la Asociación del Espíritu
Santo por la unificación del mundo cristiano, el Salón del Reino de los
Testigos de Jehová, los cristianos apocalípticos, los ciencistas, los antroposóficos
y un largo etcétera. Hay muchos grupos anti-iglesia, algunos sin denominación
específica y otros sí conocidos como son los sionistas, la Comunidad de
Iglesias Metropolitanas de orientación lésbico-gay y los mal llamados Católicos
Liberales independientes, que son los teosofístas, masones y gnósticos, de la
misma índole de los espiritistas.
No he tratado de
ser ni exhaustivo ni clasificatorialista, pero sí pretendí aclarar que hay
mucha confusión en el mundo a nivel espiritual y que aquel que honestamente
sigue a Jesús, debe tener claro en dónde está.
Las fechas dadas coinciden con las de eventos significativos para la declaración de la autonomía de dichas congregaciones respecto a aquellas de las que se derivan, sin obstar que haya habido escritos previos en dicha dirección.
[1] Las denominaciones y clasificación puesta en los
anillos se apoyó en World Christian Encyclopedia por Barrett, Kurian, Johnson
(Oxford Univ Press, 2nd edition, 2001) a partir de su exposición en https://bibliaytradicion.wordpress.com/6protestantismo/65hechos-y-estadisticas-de-33000-denominaciones/#1
bajado en 2/2/2015.
viernes, 1 de julio de 2016
El año litúrgico
En una ocasión un joven compañero de oficina se sorprendió
mucho cuando conversando con él le mencioné que la lectura que se realiza en la
misa un día dado es la misma en todo el planeta. ¡Jamás lo había pensado! Ese
es uno de los sentidos de católico o universal. Cuando asistimos a una
Eucaristía, no somos solo 5 ó 50 ó 500, sino millones, por cuanto como cuerpo
espiritual todos participamos alrededor del mundo de un mismo rito de
adoración, alabanza, agradecimiento y solicitud.
Hace no mucho me encontré en un café Internet ayudándole a
una señora a editar un documento que contenía una lista acerca de cómo leer
toda la Biblia en un año. La había sacado de una página web protestante. Me
pareció lamentable que lo que aconsejaba era un orden para leer en 365 días la
Biblia, pero leyendo libros completos, uno tras de otro sin permitir de este
modo enriquecerse en la comprensión de cómo “el Nuevo Testamento está escondido
en el Antiguo y el Antiguo es manifiesto en el Nuevo”[1].
Las iglesias protestantes tienen libertad de escoger la
lectura del sermón de cada reunión semanal. Una ventaja de la estructura
jerárquica y Magisterial de la Iglesia Católica es que siglos de meditación han
llevado a conocer bien cómo se relacionan unos textos con otros y que expertos
en el tema hayan propuesto una estructura de lectura de la Biblia en tres años,
los llamados ciclos A, B y C, que son los que componen el ordo litúrgico. Cada día del año se lee una lectura del antiguo
Testamento, un salmo y una lectura del Nuevo Testamento que tienen relación
directa entre sí. Se deja en libertad al sacerdote de realizar su homilía o
sermón de acuerdo a la realidad local, pero basada en la enseñanza de la Escritura.
Que en todo el mundo, el mismo día se lea la misma palabra, se medite sobre
ella y se ore en relación a ella nos une a todos los católicos como una real Iglesia
“universal”.
La estructura de la lectura semanal es tal que en el Domingo se ubican los pasajes más significativos del Nuevo Testamento, de tal modo que la obligación de asistir a la misa dominical permite que lo esencial de la enseñanza llegue a todos los fieles. Los restantes días de la semana las lecturas son las de los versículos previos al de la enseñanza principal proclamada el día domingo y permite a los católicos a los que les es posible asistir a misa diaria ir meditando sobre la enseñanza principal que se realizará el día domingo. Cabe aclarar que el domingo hay una cuarta lectura, correspondiente a alguna de las cartas de Pablo, Pedro, Santiago o Juan.
Adicionalmente, todo consagrado, ya sea ordenado o laico,
tiene la obligación de participar de la oración de la Iglesia o liturgia de las
horas. Son siete horas: Oficio de Lectura, Laudes, Tercia, Sexta, Nona,
Vísperas y Completas[2]. No necesariamente debe participarse de todas, pero sí al menos de un par. En el
Oficio de Lectura se incluye un himno, un salmo completo, alguna lectura de la
Biblia y el correspondiente comentario por parte de alguno de los Padres de la
Iglesia de los primeros siglos, lo cual es sumamente enriquecedor por cuanto se
participa de la sabiduría de la Iglesia en sus raíces y de cómo la
interpretación actual de las escrituras está acorde con la expresada por los
primeros obispos, algunos de ellos discípulos directos de los apóstoles.
Algo que tenemos en cierta manera en común con algunos protestantes
es la estructuración de la liturgia alrededor de un Año Litúrgico. El evento
principal es la conmemoración de la Semana de Pascua que los católicos realizamos
el domingo siguiente al plenilunio después del equinoccio de primavera[3]. De la
víspera del jueves a la víspera del domingo se realizan ceremonias solemnes y únicas
en el año cuyas lecturas recorren toda la historia de la Salvación, primero del
pueblo judío y luego de su plenitud en el sacrificio y resurrección de Jesús.
Terminada la Semana Santa se inicia el tiempo de Pascua, en
espera del día del Pentecostés, o venida del Espíritu Santo cincuenta días
después, durante los cuales la lectura principal son los Hechos de los
Apóstoles. El tiempo de Adviento inicia el cuarto domingo antes del día de
Navidad. Es un tiempo de alegre espera y preparación para rememorar el
nacimiento del Señor, pero sobre todo de la venida del Señor a cada corazón,
hoy día y de espera de la Parusía, tiempo en el cual Jesús regresará con Gloria
y Poder y Dios será todo en todos. Durante el tiempo de Adviento las lecturas
se centran en esa espera esperanzadora y las profecías de Isaías son una
lectura especial.
Para los católicos, Adviento es el inicio del calendario
Litúrgico.
La celebración de la Navidad es un tema de especial
desprecio por parte de los protestantes hacia los católicos. Suponen un signo
de ignorancia por parte de los católicos pensar que Jesús nació el 24 o 25 de
diciembre.
Lo cierto es que la fecha fue fijada arbitrariamente[4], pero
tiene su razón de ser. En un mundo que era pagano y que apenas empezaba a ser
cristianizado era necesario “crisitanizar” sus ritos paganos. En el solsticio
de verano (21 de junio en el hemisferio norte) se celebraba una fiesta en que
se encendían hogueras para darle fuerza al sol que a partir de aquel día iba
perdiendo fuerza. El punto es que a partir de ese día los días se van haciendo
más cortos por causa natural de la órbita planetaria alrededor del sol y la
inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto a ésta, es decir, el 20 o
21 de junio es el día más largo del año. El Evangelio de San Juan nos transmite
un frase de Juan el Bautista: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn
3, 30). Se “cristianizó” la fiesta pagana asociándola a San Juan Bautista, el
cual a partir de aquel momento empezó a menguar para darle paso a la labor del
Mesías. Hoy en día se llama Noche de San Juan o víspera de San Juan, aún entre
los paganos que la celebran sin conocer el sentido de su nombre. La Iglesia lo
celebra el 24 de junio.
Había una tradición antigua entre los judíos que decía que el día de la muerte de los grandes profetas coincidía con el día de su concepción. Si Jesús como el profeta por excelencia murió hacia el domingo siguiente al plenilunio después del equinoccio de primavera, su nacimiento bajo esa tradición sería hacia el solsticio de invierno, el día más corto del año, a partir del cual los días se empiezan a alargar, o como decían los antiguos, el día a partir del cual el sol empezaba a tomar más fuerza. Se trataba de un paralelismo con la fiesta de Juan el bautista muy diciente y atractivo. Además, de ese modo la fecha de rememoración del nacimiento de Juan el Bautista se ubicaba en seis meses previos al del nacimiento de Jesús, coincidiendo con la diferencia de edades, seis meses, según lo relatado por el Evangelio según San Lucas. Se decidió arbitrariamente celebrar el nacimiento de Jesús hacia dicha fecha. No por razones de exactitud histórica, sino en razón a ayudar a la salvación de las almas y de explicarles verdades que en aquella época de ignorancia astronómica e intelectual era más fácil explicar en símiles por medio de lo que se evidencia en la naturaleza, a la manera que lo hacía Jesús en su predicación.
La costumbre de representar el Portal de Belén en un pesebre
con un buey, una mula y los pastores procede de una bella representación que
realizó San Francisco de Asís en alguna villa en el siglo XIII. No se trata de
un acto de fe en verdades que debamos creer. Es un acto de piedad que ayuda a
rememorar el feliz momento en que llegó la plenitud de los tiempos y el Hijo de
Dios se encarnó en la más absoluta precariedad. Es una excusa para reunir a la
familia alrededor de dicha tradición y meditar en comunidad tan magno suceso.
El último domingo del tiempo de Navidad es la celebración de
la Epifanía el 6 de enero. El tiempo de Navidad se prolonga hasta la víspera de
la solemnidad del bautismo de Nuestro Señor e inicio de su ministerio público.
En esa celebración dominical se inicia un tiempo ordinario en que debemos
acercar las enseñanzas de Jesús a nuestras actividades cotidianas hasta el momento
en que se inicia la Cuaresma, tiempo de arrepentimiento y preparación para la
Semana Santa, siendo invitados los fieles a practicar de manera especial el
ayuno, la limosna y la oración. El ayuno para acercarnos a nosotros mismos, la
limosna para acercarnos al prójimo y la oración para acercarnos a Dios.
Hemos recorrido a grandes rasgos el año litúrgico católico.
Hemos recorrido a grandes rasgos el año litúrgico católico.
[1] Agustín de Hipona:
quoestiones in Heptateuchum 2, 73
[2] Tercia son las 9:00 am,
Sexta mediodía, Nona las 3:00 pm y así sucesivamente.
[3] Oscila entre 22 de marzo y
el 25 de abril.
[4] El más antiguo calendario eclesiástico de la iglesia de Roma llegado hasta nosotros es el extracto
copiado por Furio Dionisio Filocalo hacia el año 354. El documento se remonta,
no obstante, al año 336, y contiene la Depositio Martyrum romana y la Depositio
Episcoporum romana, catálogo de los mártires y papas venerados en Roma a
mediados del siglo IV. En la cabecera de la lista de los mártires figura una
indicación preciosa: VIII Kal. lan.: Natus Christus in Betleem Iudae, la
primera noticia existente sobre la fiesta de navidad el 25 de diciembre.
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martes, 28 de junio de 2016
Las Indulgencias
Otro punto de conflicto son las indulgencias. Incluso los
propios católicos confunden a qué hace referencia el término. Las indulgencias
NO perdonan los pecados. La indulgencia es el perdón de la pena merecida por el
pecado ya perdonado[1].
El Señor relata una bella parábola denominada de los dos
deudores o del deudor de los 10,000 talentos. Se encuentra en Mateo 18:23-35.
Sólo transcribiré los primeros cinco versículos: “«Por eso el Reino de los
Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al
empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como
no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus
hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus
pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido
a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la
deuda.”
El rey fue indulgente con el deudor. El rey estaba en su
derecho de aplicar justicia, pero la parábola presenta la misericordia de Dios.
Podía haberle perdonado los intereses como hacen los bancos o la oficina de
impuestos cuando se sienten magnánimos. Los más desprendidos podrían haber
pensado que le perdonara el 90% de la deuda. Pero Jesús presenta la misericordia
de Dios: lo dejó en libertad y le perdonó la deuda. La Iglesia debe ser digno
representante de la misericordia de Dios.
Las indulgencias están en intima relación con el sacramento de la
Reconciliación. Las indulgencias las otorga la Iglesia en virtud del poder que
tiene de "atar y desatar", dado por Jesucristo (Mt. 16, 19). Es
necesario declarar que no se venden, que la Iglesia las otorga al pecador
arrepentido, una vez que se confesó y comulgó, que hizo el propósito de evitar
el pecado, que cumplió con las obras prescritas para ganar el perdón y que
cumple con las obras prescritas para ganar la Indulgencia. Su intención es el
arrepentimiento y la conversión del pueblo de Dios, por tanto, apuntan a que el
cristiano católico crezca en su vida de fe y gracia, mejorando su relación con
Dios y con los hermanos. Evitan o acortan el tiempo del purgatorio, antesala en
la que se purifican las almas arrepentidas antes de entrar al Cielo porque ante
la presencia de Dios Padre el hombre debe llegar sin mancha alguna, pero no perdonan
los pecados, ni libran a nadie de la condenación eterna.
viernes, 24 de junio de 2016
La infabilidad del Papa
Un punto que no es comprensible para la mayoría de los que
están por fuera de la Iglesia católica es la “infabilidad” del Papa. De hecho,
tampoco es entendida por muchos católicos. La historia nos demuestra que la
Iglesia católica ha tenido Papas moralmente reprobables e incluso simpatizantes
de gravísimos errores. Pero nunca la Iglesia ha enseñado como tal una herejía,
un error o una inmoralidad. Jesús prometió que el Espíritu Santo velará siempre
por la Iglesia como faro que ilumine a los hombres en su caminar por la tierra.
¿Cómo conjugar dos cosas que parecen opuestas? El punto es
que cualquier miembro de la Iglesia católica puede dar su propia opinión en
cuestiones doctrinales y equivocarse en ellas. Los cardenales pueden dar su
propia opinión y equivocarse. El Papa puede dar su propia opinión y
equivocarse. Una cosa es hablar en nombre propio y otra hablar en nombre de la
Iglesia.
En cada Eucaristía diaria que se celebra en cualquier punto
del planeta, los fieles oran por el Papa. Las múltiples comunidades cuya única
función para con la Iglesia es la oración y adoración a Dios, situadas en
remotos sitios y distribuidas por todo el orbe[1], oran
incesantemente por el Papa. La oración de los miembros de la Iglesia sostiene
al Papa[2]. Y la
misericordia de Dios lo guía.
Una cosa es hablar como fulano de tal, nacido en un contexto
particular y una historia particular y otra es hablar a los fieles de la
Iglesia pertenecientes a todas y cada una de las culturas y tradiciones de la
Tierra cuestiones relacionadas con la doctrina. Las palabras son diferentes, la
responsabilidad es diferente y el efecto es diferente. Por ello debemos
entender que la infabilidad está relacionada con esa responsabilidad y esa
cátedra doctrinal.
Cuando la Iglesia Católica habla de infabilidad habla de que
el Espíritu Santo asiste de manera especial al Papa cuando se cumplen las
siguientes cuatro condiciones simultáneamente:
1) que habla explícitamente como Pastor y Doctor de la Iglesia, y
2) está enseñando a toda la Iglesia universal, y
3) enuncia que hace uso de toda su autoridad, y
4) enuncia que es sentencia última e irrevocable en materia de fe o de costumbres.
En cualquier otro caso que se salga de dichos parámetros, el Papa se puede equivocar como nos equivocamos todos cada día.1) que habla explícitamente como Pastor y Doctor de la Iglesia, y
2) está enseñando a toda la Iglesia universal, y
3) enuncia que hace uso de toda su autoridad, y
4) enuncia que es sentencia última e irrevocable en materia de fe o de costumbres.
Por eso en la oración personal y comunitaria la Iglesia nos invita a orar porque el Señor se digne conservar en la santa religión al Sumo Pontífice y a todos los demás eclesiásticos. Nosotros nada podemos. En Dios todo se puede.
Un ejemplo de texto que cumple las cuatro condiciones es una frase de la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis sobre la ordenación sacerdotal reservada solo a los hombres. En ese texto el Papa Juan Pablo II señala que “con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos, declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.
[1] La vida monacal fue
suprimida por el protestantismo, de tal modo que estos lugares de contemplación
y oración son exclusivos del catolicismo. Es usual que cada hermana de un
monasterio de clausura “adopte” a uno o más sacerdotes para orar por él y su
ministerio. Como dato curioso, en la iglesia anglicana hay comunidades de vida
monástica y el monasterio de Taizé en Francia lo inició un protestante suizo,
pero con orientación ecuménica en el sentido de que aceptaba diversas
confesiones, pero hoy muchos protestantes lo miran como "muy
católico". María, la hermana de Lázaro, se quedaba a los pies de Jesús en
actitud de contemplación y escucha de su palabra. Esta es la inspiración para
las comunidades contemplativas, si bien la primera real contemplativa fue
María, quien dedicó su vida por entero al servicio de Jesús.
[2] Entre otras opciones, la
meditación del Rosario, realizada diariamente por millones de católicos, contempla
siempre incluir en la súplica de intercesión una oración por el Papa y sus
intenciones para con la Iglesia.
martes, 21 de junio de 2016
La Intercesión
Intercesión, por definición, significa hablar en favor de
alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal. Cuando oramos a Dios por
alguna persona estamos de alguna manera intercediendo por esa persona. Esa es
la intención de la oración.
En Lucas 7, 1-10 nos relatan: “Cuando hubo acabado de
dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y
a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído
hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que
viniera y salvara a su siervo. Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban
insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro
pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga.» Iba Jesús con ellos y,
estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por
eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra,
y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste:
"Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo:
"Haz esto", y lo hace.»
Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.» Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.”
Es una bella historia en que los ancianos de los judíos hablaron a favor del centurión y de su criado, es decir, intercedieron por ellos. Y resultado de su misión, Dios sanó al enfermo.
Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.» Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.”
Es una bella historia en que los ancianos de los judíos hablaron a favor del centurión y de su criado, es decir, intercedieron por ellos. Y resultado de su misión, Dios sanó al enfermo.
¿Quién sanó al
enfermo? ¿Dios Padre?, ¿Dios hijo?, ¿Dios Espíritu Santo? Es una pregunta
importante porque otro de los argumentos protestantes en contra de la
intercesión es que en la primera carta de San Pablo a Timoteo (2, 1-6) y en la
carta a los Hebreos (7, 21-25) habla de Jesús como “único mediador”. Y
efectivamente así es, Dios Hijo es el único mediador ante Dios Padre, pero
hacía referencia a “la salvación”. Pero valgamos que hiciera referencia a todo.
El caso es que en las escrituras María, su madre, intercedió ante Jesús por los
recién casados de la boda de Caná. Por tanto, sí existe la mediación ante Dios
Hijo. Y la de María es bíblica. El milagro del agua convertida en vino lo
realizó Dios, pero quien estuvo atenta a las necesidades de los recién casados
fue María y fue ella la que intercedió por ellos.
También el libro
de los Hechos de los apóstoles nos relata que ya habiendo partido Jesús a los
cielos: “Había allí, sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y
que nunca había andado. Éste escuchaba a Pablo que hablaba. Pablo fijó en él su
mirada y viendo que tenía fe para ser curado, le dijo con fuerte voz: «Ponte
derecho sobre tus pies.» Y él dio un salto y se puso a caminar.” (He 14, 8-10).
El milagro no lo hizo Pablo, lo hizo Dios, pero fue Pablo el que intercedió por
el tullido. No le solicitó al tullido que él fuera quien le pidiera a Jesús.
Un punto de discusión con los protestantes es el de la
capacidad de intercesión por parte de seres queridos que han muerto. El principal
argumento católico a favor está ubicado en los libros deuterocanónicos,
específicamente en el segundo libro de los macabeos. Estos libros no los
aceptan los protestantes por las razones que se han expuesto. Pero si aceptamos
que los seres vivos pueden interceder ante Jesús, ¿lo pueden hacer los muertos?
¿Quién está más vivo, nosotros peregrinando en este mundo o los justos que ya
contemplan la visión beatífica en el paraíso?
En el cielo no
existe el espacio ni el tiempo, por tanto los justos, que los católicos
llamamos iglesia triunfante, están en
presencia de Dios sin limitación de tiempo y espacio, en un eterno presente.
¿Pueden escuchar nuestras oraciones y hablar a favor nuestro? En el Evangelio
de San Marcos nos relatan que en un alto monte “… se les aparecieron Elías y
Moisés, y conversaban con Jesús.” (Mc 9, 4) y Santiago 5, 16 nos dice “La
oración ferviente del justo tiene mucho poder”.
¿Por qué pedir
intercesión y no hablarle directamente a Dios? La delicadeza de conciencia hace
que humildemente le solicitemos que hable a favor nuestro ante Dios a alguien a
quien consideramos digno. “No soy digno de que entres bajo mi techo, por
eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro
Los católicos consideramos dignos ante Dios a la Virgen María y a los santos así reconocidos por el Magisterio de la Iglesia. Por ello pedimos su intercesión. Ellos no son quienes conceden la gracia, pero la gracia sí llega por su intercesión, porque ellos piden con la seguridad de que la gracia será concedida.
A partir de http://www.apologeticacatolica.org/Santos/Santos06.htm consultada el 8 de febrero de 2015.
viernes, 17 de junio de 2016
La veneración por María
Un tercer argumento en contra de los católicos es la
veneración que sentimos por María. Dicen que la “adoramos”.
Nosotros la honramos porque Dios fue el primero en honrarla.
Lo cierto es que sólo el hecho de haber sido escogida por Dios para la
encarnación de su hijo unigénito ya la hace merecedora de un tratamiento
especialísimo por todas las generaciones. Es lo que se llama respecto en sumo
grado o veneración. La misma que sentimos por la madre de un amigo o maestro al
que admiramos o se ha sentido por las madres de grandes hombres como Nelson
Mandela o Gandhi. Muy difícilmente un hombre tiene grandes principios si no ha
tenido una semilla de tales virtudes en su propio hogar.
María ya fue saludada por el arcángel Gabriel como “Alégrate
llena de gracia, el Señor está contigo” aún antes de que la concepción divina
se hubiese dado. De hecho, la llamó “plena de gracia”. Por tanto la plenitud de
la gracia de Dios en ella era previa a ser sagrario de Dios Hijo. Y el arcángel
no obró por cuenta propia. Era un “enviado”, así que sus palabras no eran las
de él mismo, sino una mera transmisión de las que Dios Padre le ordenó
transmitir.
María ya tenía una fe confiada en su hijo aún antes de
iniciar Jesús sus signos milagrosos en su ministerio público. En la boda de
Caná ella ya confiaba en lo que podía hacer su hijo y organizó todo para que no
hubiera infortunio en un matrimonio que apenas empezaba. Su fe era previa a
aquella que surgió en los discípulos luego de que Jesús apoyó su prédica con
signos sensibles del poder de Dios.
Abraham es el padre de la fe en el Antiguo Testamento. Lo
demostró en que creyó en el anuncio de una tierra prometida y salió de la mayor
o menor comodidad que tenía como pastor en la tierras de Mesopotamia donde se
desarrollaba la primera civilización hacia un lugar incierto en un viaje largo
y peligroso. Lo demostró en que aceptó en ofrendar a su hijo único, hijo que
Dios le dio tras toda una vida de haberlo esperado. Lo demostró en que creyó en
la palabra de Dios que le prometió que sería el padre de un pueblo tan numeroso
como las estrellas del cielo.
En el Nuevo Testamento no hay un Padre de la Fe. Hay una
Madre de la Fe. María. Lo demostró en la Anunciación cuando creyó en la palabra
de Dios que le ofrecía que a través de ella llegaría el Salvador tanto tiempo
esperado. Lo demostró al aceptar un largo peregrinar que comenzó por su
destierro a tierras egipcias huyendo de los poderosos enemigos que querían
matar a un tierno neonato. Lo demostró en aceptar ofrendar en la cruz a su hijo
amado a pesar de que “una espada de dolor” atravesaría su corazón (Lc 2, 35).
Los católicos creemos en la resurrección de la carne. Jesús
mismo resucitó, pero ese cuerpo resucitado no es como el nuestro. Está
revestido de una Gloria que no comprendemos y que tenemos la esperanza de
presenciar en la vida futura[1]. La
resurrección de Jesús en su cuerpo es la prefiguración de la resurrección que
tendrán quienes creen en Su palabra. Ese cuerpo resucitado es el mismo que
nació de las entrañas de María. ¿Qué hijo no se dolería de que menosprecien a
su madre? No reconocer la importancia de María es menospreciarla.
Desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos católicos
afirmamos estar completamente de acuerdo en que es una verdad contundente,
coherente y vinculada con las otras verdades de la revelación que la Virgen
María sea la mayor de las creyentes. Y creemos que haya podido ser asunta por
Dios todopoderoso al cielo en cuerpo y alma. Nos lo dice el sentido
sobrenatural de la fe que nos da el Espíritu Santo. Es uno de los “muchísimos
otros bienes” que le hayan podido ser concedidos y “que nadie podrá nunca
comprender”. Lo cierto es que el mismo Dios nos ha dado pistas para
comprenderlo. En 1858 ocurrieron toda una serie de sucesos sobrenaturales en
los que una bella señora se apareció a Bernadette Soubirou y preguntado su
nombre dijo ser la “Inmaculada Concepción”[2].
Este nombre confirmó la creencia de la Iglesia Católica de que María, madre de
Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el
pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo
libre de todo pecado en atención a que iba a ser la madre de Jesús, niño en
todo igual a nosotros menos en el pecado, incluso el pecado original. Los
acontecimientos no quedaron solo en lo ocurrido ese año. Dicho mensaje es
preservado en el cuerpo incorrupto de Bernadette Soubirou, reforzando
claramente la capacidad de Dios de librar de la corrupción del pecado a la
Virgen María. Y si no hay pecado original ni corrupción, no hay muerte.
Es por tanto tema relacionado el de las apariciones sobrenaturales de la
Virgen María actuando a la manera de madre y maestra, en busca de la conversión
de vida de los seres humanos hacia Dios. Las palabras de sus apariciones jamás
han contradicho ni añadido nada a lo dicho en las escrituras, pero su amorosa
cercanía mueve el corazón mucho más que miles de prédicas. ¿No dijo Jesús que
haría lo necesario para recuperar a sus ovejas perdidas? ¿No son los mensajes
de su propia madre un llamado de la misericordia de Dios?
Lucas 1,78, el capítulo donde se narra la anunciación del arcángel, la visitación a Isabel y el canto del Magnificat nos dice: "por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que hará que nos visite una Luz de la altura". Esa luz es María, por misericordia de Dios.
[1] San Pablo en Filipenses 3,
20-21 dice “Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como
Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo
nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de
someter a sí todas las cosas”.
[2] El significado de dichas
palabras era desconocido por la humilde campesina francesa.
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María,
protestantes
viernes, 10 de junio de 2016
María señal de Jesucristo
Otra
argumentación protestante que escuché hace muchos años fue que Jesús desautorizó a su madre
en Juan 2, 4 y en Mateo 12, 46-50.
El contexto de la
primera cita es la boda en la región de Caná a donde Jesús asistió con sus
discípulos, y María su madre también era una de las invitadas. El evangelio
según San Juan nos muestra entonces a un Jesús que había iniciado su ministerio
de predicación, pero que aún no había acompañado ésta con signos sensibles que
corroboraran el poder de Dios en Él. Estaba esperando algún “signo” o “señal”
que le indicara que había llegado la hora de mostrarse en ese aspecto: “Todavía
no ha llegado mi hora”. Pero María “la llena de Gracia”, es decir, la llena de
“la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 6, 23) inmediatamente dice a
los sirvientes: «Haced lo que él os diga». La escena muestra a una María que
tiene claro que esa hora ya ha llegado. Jesús no responde a su madre ni la
desautoriza. Por el contrario, se da cuenta que la actitud de su madre es la
señal que estaba esperando. Por eso llamamos a María la “señal de Jesucristo”.
La segunda escena ocurre mientras Jesús predica a la multitud dentro de alguna zona urbana. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él replicó: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Tampoco en esta situación Jesús desautoriza a María. De nuevo, al contrario, la exalta porque deja claro que su madre cumple la voluntad del Padre celestial. Hubo otra situación similar: una vez, estando Jesús hablando a la gente, alzó la voz una mujer y dijo: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron.” Y Jesús le respondió:
“Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11, 27-28). De nuevo nos habla a todos, pero de nuevo exalta a su madre. Agustín de Hipona comentó de esta palabra: "De ahí que María es dichosa también porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo.”[1]
María no es mencionada accidentalmente en las escrituras sino que recibe un tratamiento extenso e importante. En varias ocasiones nos dicen que ella guardaba todas las manifestaciones de Dios en su corazón y las meditaba. En la boda de Caná ella expresa -“Haced lo que Él os diga”. Por esas razones debe ser maestra para nosotros. El hecho de que Dios Padre se hubiese fijado en la humildad de esa mujer que se consideraba su esclava y que accedió a que se hiciese Su Voluntad, que dicha mujer no se jactara de su condición de sagrario[2] del Mesías, sino al contrario, que corriera a asistir a su prima Isabel que vivía a varios días de distancia, nos indica que María es modelo para nosotros. El hecho de que Jesús la haya asignado por madre del discípulo amado en la Cruz y por medio de él a toda la humanidad nos invita a llamarla madre nuestra. Debemos llevarla a nuestra casa como lo hizo el discípulo amado[3].
[1] Tomado de http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/noviembre_21.htm
el 5 de enero de 2015.
[2] Lugar que guarda las cosas sagradas.
[3] ¿Queremos ser nosotros el discípulo amado?
martes, 7 de junio de 2016
Los Dogmas de Fe y otros temas de divergencia
Se critica por parte de las iglesias protestantes los Dogmas
de Fe, principalmente los que están relacionados con María, madre de Jesús. Se
define algo como dogma cuando la totalidad del Pueblo de Dios (fieles,
sacerdotes y obispos) cree con firmeza en una verdad esencial de nuestra fe,
siempre y cuando el Magisterio de la Iglesia la confirme, iluminado por el
Espíritu Santo, como una verdad contundente, coherente y vinculada con las
otras verdades de la Revelación.
Madre de Dios
Una de las frases que nos han mencionado nuestras conocidas protestantes es que María fue madre de la humanidad de Jesús, pero no de la divinidad de Cristo. He aquí la argumentación protestante[1]:
“La Biblia nunca llama a María Madre
de Dios porque Dios no tiene madre. Dios siempre ha existido. Dios nunca
tuvo madre, o genealogía. Nadie lo engendró. Como alguien bien lo ha dicho, así
como la naturaleza humana de Cristo no tuvo padre, así también la naturaleza
divina no tuvo madre.
La Biblia, por lo tanto, correctamente llama a María la madre de Jesús: "Al tercer día se
celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de
Jesús". (Juan 2,1). En Hechos 1,14 leemos: "Todos estos perseveraban
unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la Madre de Jesús”.
Nuestro Señor Jesucristo es Dios hecho carne. La virgen María,
bienaventurada sobre todas las mujeres, fue escogida por Dios para ser la madre
de la naturaleza humana de Cristo. Ella fue madre de su cuerpo físico, pero no
pudo ser madre de su deidad. La Biblia dice: "Porque en Él fueron creadas
todas las cosas.... todo fue creado por medio de Él y para Él" (Col. 1,
16). Este texto habla de la preexistencia de Cristo, antes de la existencia de
María. María concibió a Jesús como un ser humano con todas las características
físicas normales. María no concibió la naturaleza divina de Cristo, porque esta
naturaleza existía antes de la fundación del mundo.”
Esta concepción
ya la había discutido ampliamente la Iglesia: El obispo Nestorio en el siglo V
declaraba esto mismo: que María dio a luz a Jesucristo, una persona humana, que
a esta persona humana fue unida la persona de la Palabra de Dios (el divino
Jesús), que esta unión de dos personas, el Cristo humano y la Palabra divina,
era "sublime y única" pero meramente accidental, que la persona
divina habitó en la persona humana "como en un templo". Siguiendo su
propio razonamiento, Nestorio declaró que el Jesús humano murió en la cruz, no
el Jesús divino. Como tal, María no es "Madre de Dios" sino
simplemente "madre de Cristo", el Jesús humano. Como resultado de las
discusiones con otros obispos como San Cirilo de Alejandría el tema se dirimió
en el Concilio de Éfeso en el año 431 declarándola herejía, es decir, una
opinión particular o específica sobre un punto de doctrina determinado, y que
no hace parte del cuerpo doctrinal de la Iglesia.
Para entender el
punto de vista de la Iglesia Católica, debemos partir de la visión que la
Iglesia tiene del ser humano.
Jamás debemos ver
al ser humano como una parte material y otra espiritual porque nos lleva a otro
tipo de errores, como por ejemplo, si la persona divina es diferente a
la persona humana, la pasión y muerte de Cristo no tendría un carácter redentor
del género humano.[2]. La tradición judía tenía claro que no
puede haber cuerpo sin alma ni alma sin cuerpo. Son dos caras de una misma
moneda. Por ello el nombre era tan significativo para los judíos, cada nombre,
Gabriel, Ana o Ezequiel tiene un significado que no sólo designaba el cuerpo
del individuo, sino también definía su ser. Gabriel significa “fuerza de Dios”,
Ana significa “benéfica, compasiva, llena de gracia” y Ezequiel significa “Dios
es mi fortaleza”. Por ello Jesús renombró a Simón (”el que ha escuchado a
Dios”) como Pedro (”roca” en latín). Paulo (“pedido a Dios” o ”prestado a
Dios”) pasó a llamarse a sí mismo como Pablo (“pequeño” en latín). De este modo
se daba a entender que a partir de aquel momento eran nuevas personas con una
nueva misión. Jesús (“salvación”) también se denomina como Emmanuel, es decir,
“Dios con nosotros”.
Pablo nos dice
que Jesús fue en todo semejante a nosotros excepto en el pecado. No es que un
hombre ordinario hubiera nacido primero de la Virgen, en quién después la
Palabra descendió; lo que decimos es que Dios se encarnó, haciéndose el
nacimiento en la carne el Suyo. María concibió por el poder del Espíritu Santo
y a través de ella a Jesucristo, segunda persona de la Santísima Trinidad,
consubstancial con el Padre y Dios verdadero de Dios verdadero, entró en este
mundo, tomando forma y alma humana. En Su persona están unidas tanto la
naturaleza divina como la naturaleza humana y no se pueden separar.
Jesús nos dice en
Juan 14, 9: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Quien ve a Jesús ve a
su cuerpo y quien ve a su cuerpo ve a Dios Padre “ ..porque Él y el Padre son
uno solo” (Jn 10, 30).
Pero queda la
pregunta ¿Las Escrituras llaman a María madre de Dios? Sí. El evangelio según
San Lucas nos relata: “Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María,
saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y
exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto
de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? (Lc 1, 41 - 43).
El evangelista es muy explícito, cuando Isabel queda llena del Espíritu Santo le
realiza una pregunta a María llamándola “madre de mi Señor”.
[1] Tomado de http://www.casadeoracioncr.com/tratado/499
el 25 de diciembre de 2014.
[2] No soy quien para profundizar en este tema específico tan fundamental.
Etiquetas:
dogmas,
María,
protestantes
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