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martes, 5 de febrero de 2019

La educación cristiana

Hoy deseo hacer referencia a la educación en el contexto de la familia cristiana, la cual debe ser diferente en varios aspectos a la educación en general.

Transcribo entonces apartes de uno de los documentos resultado del Concilio Vaticano II. Como la Iglesia es universal los textos originales se escriben en latín y luego se traducen. El documento toma el nombre de las dos primeras palabras de su texto, por tanto, éste se llama Gravissimus educationis. Es un texto breve, pero que incorpora otros aspectos de la educación adicionales a los que aquí transcribo. Disculpen la particular forma en que fue redactado.


La educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último.

Se debe ayudar a los niños y a los adolescentes a desarrollar armónicamente sus cualidades físicas, morales e intelectuales, y a que gradualmente vayan adquiriendo un sentido más completo de la responsabilidad, lo mismo en el recto desarrollo de su vida, mediante el continuado esfuerzo, que en la adquisición progresiva de la verdadera libertad, superando los obstáculos con grandeza y constancia de ánimo.

Los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a estimar los valores morales con conciencia recta y abrazarlos con adhesión personal, así como a conocer y amar más perfectamente a Dios.

La educación cristiana no persigue solamente la madurez de la persona humana sino que mira principalmente a que los bautizados, a medida que se van introduciendo gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación, se vayan haciendo cada día más conscientes del don de la fe que han recibido; que aprendan, en primer lugar en la acción litúrgica, a adorar a Dios Padre con sinceridad de espíritu, que se preparen para realizar su propia vida, conforme al hombre nuevo que son, en la justicia y en la santidad de la verdad; y que así traten de realizar en sí el tipo de varón perfecto, buscando alcanzar esa edad de plenitud que es Cristo, y colaboren en el crecimiento del cuerpo místico.

Conscientes además de su vocación, que se acostumbren a dar testimonio de la esperanza que poseen y a ayudar a que se realice la configuración cristiana del mundo, en la que los mismos valores naturales, que lleva consigo la consideración total del hombre redimido por Cristo, contribuyan al bien de la sociedad entera.

Los padres, al haber dado vida los hijos, se deben primordialmente a la educación de la prole y, en consecuencia, se deben reconocer como los primeros y principales educadores. La familia es, por lo tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de que todas las sociedades necesitan. Sobre todo en la familia cristiana, que en el matrimonio está enriquecida con la gracia y con el deber del sacramento, es necesario que ya desde los primeros años los hijos sean enseñados a sentir a Dios, a tratar con él y amar al prójimo conforme la fe que recibieron en el bautismo. En la familia deben sentir la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la iglesia.

La tarea de impartir la educación, que corresponde primeramente a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad, a saber, para proteger las obligaciones y los derechos de los padres y los que participan en la educación, y para prestarles ayuda conforme a su papel subsidiario, completando la obra de la educación cuando no bastan los esfuerzos de los padres y de otras instituciones, pero siempre atendiendo los deseos de los padres.

La Iglesia, como madre que es, está obligada a darle a sus hijos una educación para la que todo en su vida quede penetrado del espíritu de Cristo.

Los padres sobre quienes recae la primera obligación y el primer derecho, ambos inalienables, de educar a los hijos, es preciso que gocen de una verdadera libertad en la elección de la educación de sus hijos.

Lo característico de la educación católica es crear un ambiente que está animado por el espíritu evangélico de la libertad y de la caridad, y ayudar a los adolescentes a que, a la vez que desarrollen la propia persona, crezcan según la nueva criatura que por el bautismo han sido hechos, y a ordenar toda la cultura humana al anuncio de la salvación, de manera que el conocimiento que gradualmente van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre, quede iluminado por la fe.

Debe tenerse en cuenta de la diferencia de sexo y del fin propio prefijado por la divina providencia a cada sexo en la familia y en la sociedad. A medida que su edad avanza sean instruidos en una positiva y prudente educación sexual.

martes, 4 de octubre de 2016

La sexualidad en el imaginario de los adolescentes

Una tarde, ya hace algún tiempo, realicé un ejercicio con un nutrido y heterogéneo grupo de jóvenes. Sus edades variaban entre los 15 y los 25 años, por tanto había colegiales, universitarios y recién graduados. También variaba su experiencia sexual en cuanto algunos la habían tenido y otros no. Probablemente algunos tenían relaciones de carácter casual en tanto otros lo hacían en el contexto de un noviazgo.

Dicha experiencia era importante por cuanto el ejercicio consistió en solicitarles que en grupo construyeran un mapa mental a partir de un concepto de política pública, que incluso era posible que no conocieran en su denominación: “derechos sexuales y reproductivos”.

En la introducción al tema se les mencionó que la sexualidad era sólo una de las expresiones corporales con las que se puede expresar amor y que no se podía tomar como algo que atañe solamente al cuerpo, sino que involucra al ser de manera integral.

El grupo se dividió en tres tipos: los que no participaban, no aventuro a definir las razones, las cuales pueden ser muy variadas, los que participaban considerando positiva la práctica de las relaciones sexuales por fuera del matrimonio y los que consideraban que no era positiva, aún sabiendo que expresar dicha posición era socialmente poco apoyada.

El término de derechos sexuales y reproductivos no es cercano a los adolescentes por cuanto no les dice nada específico, excepto a aquellos que están adheridos a comportamientos homosexuales o lesbianos. Ello es indicativo acerca de cómo el término ha sido acuñado en dicha comunidad.


Como “derechos sexuales y reproductivos” no les decía nada, intentaron adivinar. Para “derecho” un joven heterosexual lo asoció al derecho a “decir no”, pero no encontró apoyo decidido en el grupo, seguramente, por incomprensión hacia esa alternativa. El homosexual mencionó “derecho a elegir”, haciendo referencia a la identidad de género.

Fue significativo que en el desarrollo de la sesión no mencionaran el término “felicidad” sino hasta el final del ejercicio y no hubo consenso al respecto. Finalmente se prefirió el término “satisfacción”.
La felicidad y el amor se asociaron al término “familia”, pero familia también lo asoció un joven a “sobrepoblación”.

Hubo términos que jamás mencionaron tales como “promiscuidad” o “pornografía”.

En las consecuencias también apareció muy tardíamente el término “métodos anticonceptivos”, y los entendían como un medio de evitar las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y el embarazo (adolescente). Alguna joven mencionó que es decir “no” a la vida. Otra mencionó que no era adecuado el nombre “anticonceptivos”  porque va dirigido a que se usan para evitar el embarazo y me pareció que preferiría un eufemismo. Se utilizan como consecuencia de buscar “placer” o cuando se siente que se tiene un “compromiso a tener relaciones sexuales”.

Se mencionó, a propósito, que los métodos anticonceptivos conllevan la posibilidad de daños en el sistema reproductivo y a la fertilidad. No causó mayor reacción. Más avanzada la conversación un joven mencionó que el aborto también puede llevar a la infertilidad.

El término “presión social” fue frecuentemente implicado en la conversación. La “elección de la preferencia sexual” y el “decir no”, conllevan una presión social de por medio. No desarrollaron las consecuencias de sufrir presión social, pero evidentemente era un tema transversal a la conversación para ellos, sobre todo para el grupo que había decidido retrasar su inicio sexual, es decir, el grupo que califiqué de los que consideraban que no era positiva la iniciación sexual temprana.


Podría pensarse que ligado a “presión social” está el término “rechazo social”, pero éste último lo asocian a la falta de caridad de la sociedad para con los caídos en pecado, si bien solicité no usar tal palabra por tener una connotación negativa. Los “pecados” mencionados fueron: las adolescentes que quedan embarazadas, aquellos que han sido abusados, el homosexualismo, la vulnerabilidad surgida de un asunción temprana de responsabilidades, quien ha abortado, la prostitución y estar preso de algún vicio como la drogadicción.


“Infidelidad” tampoco surgió de manera natural. Debió ser inducido para que lo trataran, pero una vez mencionado asignaron rápidamente múltiples causas que llevan a ésta: la “presión social”, el sentirse que se tiene un “compromiso a tener relaciones sexuales”, “la necesidad sexual como vicio”, el sentimiento de “vacío”, “las malas decisiones” que se toman luego de circunstancias difíciles y la “búsqueda de mayor placer”. La consecuencia de ser víctima de la infidelidad fue sentimientos de odio e ira.


La visión de los jóvenes es muy hedonista, de tal modo que desarrollaron los temas desde el punto de vista de ellos y de la búsqueda del placer. No se les ocurrió expresar alternativas para cada estado de vida y matizar cada término según esos posibles diferentes estados.


Como medio para “iniciar” el mapa se sugirió como consecuencia del término “derechos sexuales y reproductivos” el término “placer”. En seguida mencionaron tres consecuencias: “exceso”, “necesidad” entendida como vicio y embarazo. Las tres las entendían con connotación negativa, lo cual es sorprendente porque los más participativos fueron las adolescentes que defendían la sexualidad. Más adelante el homosexual lo refirió a la posibilidad de cambiar la preferencia sexual, a lo cual se añadió el exceso de placer.

No hubo consenso acerca de si el placer lleva al amor o el amor al placer, como si faltara claridad.

La toma de decisiones motivadas por el cambio no proyectado de planes de vida puede llevar al término “familia”. Pero no es un término natural para ellos. Yo pensaría que es un concepto aún lejano en su perspectiva de vida. En todo caso, dicho cambio de planes los arrojaba a la “responsabilidad”, la “toma de decisiones” y la “asunción de obligaciones”, en cualquier caso la responsabilidad la entendían como “la necesidad de conseguir dinero” y como algo que “limita” la libertad de dedicarse a la socialización con otros jóvenes: salir a tomar, bailar y cosas así. Como consecuencia positiva rescatable, la “madurez”.

“El cambio de planes de vida” surge como consecuencia primera del embarazo inesperado, pero también por el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Quien lo dijo tal vez tenía en mente el SIDA por cuanto se acababa de mencionar que las ETS pueden llevar a la muerte.

Fue interesante que el término “arrepentimiento” lo asociaran con “depresión” y con “superación personal”. Dos perspectivas aparentemente opuestas, pero no necesariamente.

La drogadicción les sugirió como consecuencia la “pérdida del amor y el apoyo por parte de la familia”. También la infidelidad lleva a dicha pérdida del amor y el apoyo familiar.

El término “depresión” surgió como consecuencia del vacío que produce el placer por sí mismo. Pero poco a poco aportaron más causas para la depresión: el arrepentimiento, el perder el amor por parte de la familia y la infidelidad.

Mis sensaciones finales son tres:

i-                   Los chicos que intuyen la castidad no tienen argumentos para defenderla ni la asocian al verdadero amor.

ii-                 El llamado al matrimonio por parte de Dios no les ha sido mencionado.

iii-               No les es claro que haya contraposición entre la búsqueda de la felicidad, bien entendida, y el hedonismo.