viernes, 3 de noviembre de 2017

La Política y la Fé.

En época de elecciones se vuelve una obligación para el cristiano indagar acerca de las opciones políticas que ofrecen candidatos y partidos (hoy en día no necesariamente están alineadas las propuestas de uno y otro), elegir una y votar. La perspectiva inmadura de no votar con el argumento de que hay mucha corrupción, o que ya se sabe quien va a ganar, o que son los organismos internacionales los que deciden lo que se realiza en el país, u otras varias es ir en contra de la obligación ética y moral de todo ciudadano y de todo creyente.

Jesús sentó “un principio de enormes consecuencias para la vida social de los pueblos y de las naciones, que están compuestas por personas individuales”, cuando dijo 'Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios' (Mt 22,21).1

Seamos claros, no puso en contraposición lo uno y lo otro, sino que nos pidió que pusiéramos cada cosa en su sitio.2

Hay dos tipos de soberanía de Dios. La soberanía espiritual y trascendente y la soberanía temporal o inmanente. Dios ejerce su soberanía temporal indirectamente, confiándonos como causa segunda la elección de nuestros gobernantes. César y Dios no están al mismo nivel, porque también el César depende de Dios y debe rendirle cuentas a Él3. Como Dios creador, es soberano de todo lo creado. Como soberano temporal, es Él quien permite que algunos hombres dirijan los pueblos: "El hace alternar estaciones y tiempos, depone a los reyes, establece a los reyes, da a los sabios sabiduría, y ciencia a los que saben discernir."(Dn 12, 21).

“Dad al César lo que es del César” significa, por tanto, “dad a Dios lo que Dios mismo quiere que le sea dado al César4. "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas." (Rm, 13,1)

En nuestras sociedades democráticas no delegamos toda la responsabilidad en los gobernantes. Votamos por aquel que dirigirá el Poder Ejecutivo y votamos por aquellos que ejercerán el Poder Legislativo. Pero los ciudadanos mantenemos responsabilidades políticas: debemos colaborar en la construcción de una sociedad justa, debemos promover valores como la dignidad de la persona humana, la familia como célula de la sociedad o la solidaridad con los más débiles y/o pobres.

Transcribo, al respecto de la política, apartes del discurso de Benedicto XVI ante el Parlamento Federal de Alemania en su viaje apostólico de septiembre de 20115:
«En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”6, dijo en cierta ocasión San Agustín… Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.
Una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En este punto quiero que seamos nosotros, los ciudadanos, quienes seamos responsables en los criterios que orienten nuestra selección de un candidato, ya sea presidencial o para alcaldía municipal, ya sea para el senado de la República.

Vivimos bajo el imperio de los extremismos a nivel político, ya sea de la izquierda, ya sea de la derecha. Los elementos comunes de estos extremismos son7:
  • Manipular los sentimientos para convencer.
  • Utilizar falacias y argumentos superficiales.
  • Omitir datos y manipular estadísticas.
  • Emplear falsas dicotomías dando sólo dos opciones extremas para inducir a que se elija una en concreto.
  • Demonizar grupos y estigmatizar ideas.
  • Manipular significados y redefinir el lenguaje.
  • Utilizar tácticas de despiste y desviar la atención.
Y para ello, los medios de comunicación son siervos útiles. Y muchas veces no sólo siervos, sino dirigentes de dichas tácticas.

¿Qué debemos hacer entonces para evitar caer en el facilismo o actuar como estúpidos que caen en tales populismos?
  • Cultivar la razón y apelar a ella para informarnos.
  • Tratar los temas en profundidad, con todas sus complejidades.
  • Buscar conocer la realidad, no la parcialidad.
  • Juzgar en base a las verdades de la Fé en las cuestiones fundamentales, a la luz del Magisterio de la Iglesia, sin permitir que utilicen de manera aislada versículos para apoyar visiones parcializadas.
  • Llamar a las cosas por su nombre y utilizar las palabras de acuerdo a su verdadero significado.
  • No especular alrededor de idealismos, sino atenerse a la realidad del hombre y la sociedad, abordando los temas sin evitar aquellos que puedan ser controversiales, que precisamente suelen ser los fundamentales.
Sepamos seleccionar al César, cumpliendo en ello la Voluntad de Dios. Pero conocer la Voluntad de Dios implica humildad, oración y formación.

¿Cuáles son las cuestiones fundamentales? Benedicto XVI en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis los denomina principios no negociables: "… el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana."[8]

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1 Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, España. Texto
2 Mons. Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo en la Región Metropolitana de Chile.
3 Ibid
4 Ibid
5 Texto del discurso de Benedicto XVI
6 La Ciudad de Dios, IV, 4, 1.
7 Revista Misión. España. Varios números.
8 Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis del Santo Padre Benedicto XVI al episcopado, al clero, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre la eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la iglesia. Numeral 83.

martes, 17 de octubre de 2017

La naturaleza de Dios y la Nueva Era

Una compañera de trabajo es muy entregada a animar a los demás. Ciertamente llama la atención. En alguna ocasión en que hablamos acerca del tema de la espiritualidad y de Dios, acordaba con nosotros acerca de su existencia y su importancia. No obstante, había algo que no me cuadraba, así que profundicé.

Finalmente identifiqué que nuestra diferencia radicaba en que ella no tenía ningún reparo en mezclar formas religiosas de tradiciones muy diversas, aun cuando hubiera contradicciones de fondo. Para ella Dios no era una persona, alguien con quien conversar y quien tuviera una voluntad propia e individual. Ella opinaba que cada quien puede formular su propia verdad religiosa, filosófica y ética. Es decir, profesaba la Nueva Era.

¿En qué cree la Nueva Era?

Algunas creencias comunes que casi todos los participantes de la Nueva Era comparten son:

a) El mundo está por entrar en un período de paz y armonía mundial señalado por la astrología como "la era de acuario".

b) La "era de acuario" será fruto de una nueva conciencia en los hombres. Todas las terapias y técnicas de la Nueva Era pretenden crear esta conciencia y acelerar la venida de la era de acuario.

c) Por esta nueva conciencia el hombre se dará cuenta de sus poderes sobrenaturales y sabrá que no hay ningún Dios fuera de sí mismo.

d) Cada hombre, por tanto, crea su propia verdad. No hay bien y mal, toda experiencia es un paso hacia la conciencia plena de su divinidad.

e) El universo es un ser único y vivo en evolución hacia el pleno conocimiento de sí y el hombre es la manifestación de su auto-conciencia.

f) La naturaleza también forma parte del único ser cósmico y, por tanto, también participa de su divinidad. Todo es "dios" y "dios" está en todo.

g) Todas las religiones son iguales y, en el fondo, dicen lo mismo.

h) Hay "maestros" invisibles que se comunican con personas que ya han alcanzado la nueva conciencia y les instruyen sobre los secretos del cosmos.

i) Todos los hombres viven muchas vidas, se van reencarnando una y otra vez hasta lograr la nueva conciencia y disolverse en la fuerza divina del cosmos.

Como ya mencioné, la Nueva Era no tiene ningún reparo en mezclar formas religiosas de tradiciones muy diversas, aun cuando haya contradicciones de fondo. Hay que recordar que la oración cristiana se basa en la Palabra de Dios, se centra en la persona de Cristo, lleva al diálogo amoroso con Jesucristo y desemboca siempre en la caridad al prójimo. Las técnicas de concentración profunda, los métodos orientales de meditación encierran al sujeto en sí mismo, le impulsan hacia un absoluto impersonal o indefinido y hacen caso omiso del evangelio de Cristo.

Para nosotros los cristianos, Dios es una persona que se revela a sí mismo para que lo vayamos conociendo a Él y su regalo de amor hacia nosotros, en cambio, el “dios” de la Nueva Era es una fuerza impersonal y anónima. El Dios cristiano es creador de todo, pero no es parte de lo creado. El “dios” de la Nueva Era es la creación que poco a poco se va dando cuenta de sí misma. El Dios cristiano es infinitamente superior al hombre, pero se inclina hacia él para entrar en amistad con él, por amor, y juzgará a cada hombre según su respuesta a ese amor. El “dios” de la Nueva Era es el mismo hombre que está más allá del bien y el mal. En la Nueva Era el amor más alto es el amor a su dios, es decir, a sí mismo.

Creer en la Nueva Era para aquellos que buscan un algo que llene de sentido su vida es relativamente fácil. "En aguas poco profundas, todo es claro" decía Newman. También decía que "dos cosas contrarias no pueden ser ambas verdaderas".

Mi compañera de trabajo está estudiando para ser coaching de psicología transpersonal. Investigando, encontré que es el nuevo nombre del Método Silva, de moda en los años ochenta del siglo pasado, muy relacionado con la filosofía de la Nueva Era.

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Exposición sobre la visión de la Nueva Era tomada de http://www.arbil.org/(23)newa.htm

viernes, 13 de octubre de 2017

Oración para el inicio de las labores diarias

Oh Espíritu Santo Amor del Padre y el Hijo.

Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas,
y mi propia santificación.

Espíritu Santo
regálame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.

Concédeme acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.

Amén.

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Composición atribuído al Cardenal Verdier.

Las última parte de esta oración es de Santo Tomás de Aquino.

martes, 26 de septiembre de 2017

La visión protestante de los anglicanos

En el libro Perder y ganar, Newman hace varios apuntes acerca del punto de vista protestante:

"Es una estupidez intentar que una nación tan religiosa como la inglesa sea más religiosa a base de poner imágenes por las calles. Ese no es su estilo y sólo conseguiría ofenderlos. Si fuese su estilo, hubiera surgido ya sin que nadie se los dijera. Como la música empuja a bailar. Pero, lo mismo que el baile no hace mejor la música que uno está escuchando, tampoco las ceremonias hacen más religioso a quien no le gustan las ceremonias." Pag 56

A esto responde Newman: "Lo católicos creen que hay un poder en las imágenes. No las ponen como algo meramente externo, para crear sentimientos, sino que dan verdadero culto a las imágenes porque son más de lo que parecen, no son pura apariencia externa. Les rinden culto a las imágenes bendecidas o a aquellas cosas que pertenecieron a algún santo o porque se obró algún milagro a través de ellas, porque tienen un vínculo con el mundo invisible de la gracia." Pag 56

Otro punto de vista protestante: "La Escritura dice muchas cosas sobre fe y santidad pero ni una palabra sobre iglesias y formas externas. La gran tendencia, la desdichada tendencia del entendimiento humano es crear un mediador (se refieren a la Iglesia) para interponerlo entre él y su Creador; y lo mismo da si ese intermediario falaz es un rito, un credo, una fórmula de oración, las buenas obras, o la comunión con iglesias particulares. La única manera segura de servirse de esas cosas es usarlas con la conciencia de que puede uno prescindir de ellas, que ninguna de ellas surgía directamente del núcleo porque la fe, ese firme convencimiento de que Dios me ha perdonado, es lo único absolutamente necesario; que donde esta esa única cosa, todo lo demás resulta superfluo." Pag 69.

Newman anota que mantienen los protestantes esto de manera tan inconmovible, bajo la base de la verdadera fe, que les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación. Pag 69. Newman pensaba que no se puede dar gusto a todo el mundo. Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas. Pag 65.

Para el efecto del párrafo anterior, Newman anotó una contradicción en la iglesia anglicana luego de estudiar los 39 artículos de la religión que son la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos, a medio camino entre Roma y los protestantes, que datan de 1563, junto con el Prayer Book, libro sobre el ritual y el ceremonial, que data a su vez de 1570, y que constituyen los textos fundamentales de la Iglesia de Inglaterra. Los anglicanos dicen que el Prayer Book se deduce de la Escritura al igual que el credo Atanasio, aceptado por la Iglesia de Inglaterra. Uno de los Artículos dice que se deben recibir como “fundados en la Escritura”, aún siendo invención humana. Y los Artículos no dicen que sea necesario admitir sus proposiciones para la salvación. Pag 70. De tal manera que los libros que dan sustento a la religión que profesan no están fundados en la Escritura, en contravía del énfasis en la “Sola Scriptura” de los protestantes. Recordemos que el estudio minucioso de los Artículos fue el causante de que el superior jerárquico de Newman le obligara a cejar en la publicación de los Tracts of the Times.

Los anglicanos parten de la base que la Iglesia Católica tiene muchas corrupciones y abominaciones. Por eso Henry Newman les dice: "Lo cierto es que conocen poco o nada de ella.", y “No me gusta lo malo de la Iglesia Católica, si es malo, sino lo bueno. Y si voy, es por lo bueno, no por lo malo.” Pag 74.

Explica los prejuicios que tienen los protestantes acerca del Magisterio de la Iglesia: “¡Las tragaderas que hacen falta pasar, sin más, el montón de basura que los católicos tienen que meterse dentro! ¡Es como coger y, a sangre fría, atarse al cuello un dogal y darle luego la cadena al cura!” Pag 137

Newman añade por boca de un protagonista del libro:“… imagínate por un momento que el catolicismo tiene la verdad, ¿No es una oportunidad de que te conviertas?” Pag 132 "Por supuesto que estaba buscando la verdad. Era su deber. Una vez su tutor – no se le olvidaría, no – le explicó que el libre examen era un deber. Esa era la verdadera diferencia entre católicos y protestantes; los católicos empiezan por la fé, los protestantes por la interrogación."Pag 92

Tal vez por esta razón Newman desarrolló tanto el concepto de conciencia, como ya lo mencioné en otra entrada, como profundización de lo que es el verdadero "libre examen".

El diagnóstico de Newman respecto al libre examen como identidad de la Iglesia Anglicana le lleva a escribir esta afirmación en labios de uno de sus personajes en Perder y Ganar: “Nuestra iglesia admite una gran libertad de pensamiento en sus miembros. Entre nuestros teólogos hay diferencias muy notables. Éste es un gran principio de nuestra Iglesia: estamos de acuerdo en ser distintos.” Pag 109 Por eso "...les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación." Pag 69.


sábado, 23 de septiembre de 2017

Esbozos del pensamiento de Newman

A Newman lo conocemos como pensador. Aún no se ha difundido su espiritualidad. Pero de una se puede deducir la otra. Trataré de dar un esbozo de algunas cuestiones a partir de frases del libro Perder y ganar[1]:

Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139

“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49

"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65

"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131

"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.

"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.

“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.

Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.

"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.

A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.

“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139

Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.

Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]


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[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Lo bello, lo bueno y lo santo.

Los conversos eminentes tienen interés por cuanto usualmente son personas que nacieron fuera del contexto de la Iglesia Católica y por tanto aportan una mirada fresca a las riquezas del catolicismo que no son vistas por los propios católicos que nacieron inmersos en ésta. Solemos dar por sentadas muchas cosas sin ser capaces de apreciar su belleza.

Para explicar el tema, quiero transcribir una descripción dada por John Henry Newman en su novela Perder y Ganar[1]: En el capítulo séptimo de la Primera Parte el protagonista se hace preguntas sobre la razonabilidad de la fe: "Siempre he pensado que la razón era un don general y la fe un don particular, personal. Si la fe es realmente racional, todos deberían darse cuenta de que es racional, pero, según eso, será que no es racional. Pero, ¿cómo vamos a encontrar la verdad si no es mediante la razón?". Luego se responde a sí mismo: "Los hombres nos movemos por sentimientos, por pasiones, por el sentido de lo bello, lo bueno y lo santo. Religión es hermosura: nubes, sol y cielo, los campos, los bosques, todo es religión." Luego continúa, haciendo referencia a que en la Iglesia Católica “.. el celebrante, el diácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto ... el coro cantando el Kyrie y el sacerdote y sus ayudantes, inclinados, diciéndose el «Yo confieso» unos a otros. Esto es adoración y está a años luz por encima de la razón."

El punto no es menor. Algunas denominaciones protestantes procuraban ser muy austeras en tiempos de Newman, y la facción pro protestante de la Iglesia Anglicana entendía la liturgia muy centrada en La Palabra, sin adornos. Por el contrario la Iglesia Católica siempre ha llenado la Liturgia de signos que resaltan el contenido del culto, y aprovechan los cincos sentidos para transmitir el mensaje: los gestos, las luces, el humo de los cirios en la atmósfera, los colores litúrgicos, la música y los cantos, el incienso, el abrazo de la paz, los responsorios, las oraciones comunes, ... el ser humano en su integridad cuerpo-alma elevan a Dios su plegaria y su alabanza.

En el capítulo veinte de la Segunda Parte de la misma novela Newman pone en boca de un amigo del protagonista, converso al catolicismo, la descripción de sus sentimientos por la Misa: "No se trata de recitar unas palabras. Es una gran Acción, la Acción más grande que puede darse en la tierra. Es no solo la invocación sino ... la evocación del Dios Eterno. El que hace temblar a los demonios, el que recibe la reverencia constante de los ángeles, Él mismo se hace presente sobre el altar en cuerpo y sangre. Ése es el hecho sobrecogedor que da sentido a toda la Misa. Las palabras hacen falta, pero sólo como medios, no como fines. Las palabras hacen mucho más que dirigirse al trono de la gracia, son instrumentos de algo que es mucho más alto: la consagración, el sacrificio. Que todo es muy apresurado, dices tú ... Sí, las palabras van rápidas..., como si estuvieran impacientes por cumplir su misión. Son rápidas; todo es rápido, porque todas son partes de una acción única. Son rápidas, porque son las palabras impresionantes de un sacrificio, algo demasiado grande como para demorarse en ellas. «Lo que has de hacer, hazlo rápido». Pasan de prisa porque el Señor Jesús pasa con ellas; como pasó de prisa por el lago llamando primero a uno, después a otro. Pasan rápidas, porque como el relámpago reluce de una parte a otra del cielo, así es la venida del Hijo del Hombre. Pasan rápido, porque son como las palabras de Moisés invocando el nombre de Dios, que descendía cubriéndole con su nube. Como Moisés en la montaña, nosotros también «corremos e inclinamos la cabeza hasta el suelo, adorando». Nosotros también, no solo el sacerdote, cada uno desde su sitio y en todas partes anhelamos el gran advenimiento, «aguardamos el movimiento del agua». Cada uno en su sitio, desde su corazón, sus deseos, sus pensamientos, sus intenciones, con su propia petición; distintos pero unidos, contemplando lo que pasa, contemplando cómo pasa, uniéndose a la consumación de todo aquello... y no limitándose a seguir de principio a fin, aburrido y cansado, unas fórmulas monótonas; todos y cada uno. Como instrumentos musicales, distintos y unánimes, participando con el sacerdote de Dios, apoyándole, guiados por él, lanzamos al cielo una plegaria de valor infinito..."

Este extracto creo que da cuenta del atractivo de la prosa del cardenal Newman. En la próxima entrada tocaremos otras de sus reflexiones.


[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. Pags. 313 y 314.

martes, 8 de agosto de 2017

Biografía de John Henry Newman[1]

Habiendo leido la entrada anterior, en donde se proporciona un contexto de la época que vivió, se hace una corta biografía del beato Newman:

(1801) Nacimiento en la ciudad de Londres. Hijo de un trabajador de un banco, lo cual le dio la posibilidad de estudiar en un colegio privado.

(1816) Último año de colegio. Año en que conoce el evangelismo anglicano, que "le dotó de un sentido de lo religioso que lo hizo inmune a la tentación a las malas compañías" tanto en el colegio de Ealing como luego en Oxford.[2] Decide permanecer célibe. Destacable que haya sido a sus quince años, pero aún más porque el concepto era poco común tanto en la sociedad inglesa como en la propia Iglesia Anglicana.

(1825) Se ordena presbítero anglicano.

(1826) Tutor en Oriel College, de la Universidad de Oxford, mismo año en que es nombrado becario Froude, luego miembro del movimiento de Oxford y cercano amigo de Newman. "Froude fue una fuente pausada pero inagotable de inspiración religiosa, no solo por su modo de hablar y comunicarse, sino también por su gran clase intelectual, que necesariamente debió causar un impacto perdurable en la receptiva y crítica mente de Newman. Froude fue uno de los primeros británicos de creencias anglicanas que intentaron y consiguieron hacerle justicia a la iglesia de Roma y utilizaron para ella un lenguaje respetuoso y amable. Alentó así en Newman una visión nueva sobre la comunión Romana, sin ignorancia afectada, y poco a poco, sin prejuicios importantes"[3].

(1828) Comienza a leer los Padres de la Iglesia. Muere su hermana Mary, de la que es muy cercano. En el mismo año Newman fue nombrado vicario de Santa María, Iglesia del recinto universitario a la que se unió el beneficio de Littlemore (al sur de la ciudad de Oxford) en donde Newman consigue construir hacia 1935 una capilla, estilo gótico, que se convirtió en un modelo para las iglesias pequeñas de la época[4]. En Santa María predica sermones a los jóvenes universitarios donde pretendía alejarlos "de una espiritualidad pietista, burguesa, sin raíces en la vida cotidiana, y devolverles al ámbito de la verdadera batalla cristiana en medio del mundo"[5]. Pusey, un eminente teólogo, fue nombrado Profesor Regio de Hebreo en Oxford. También fue escritor de algunos «tractos» del movimiento de Oxford.

(1830) Época en que se acaba su evangelismo anglicano. Los principios básicos del evangelismo anglicano eran: escasa elaboración doctrinal, acento en lo afectivo, autoridad de la sola Escritura y justificación por la sola Fe que hace del bautismo algo meramente simbólico, distinción entre elegidos y cristianos puramente nominales, preponderancia de la actividad externa destinada a provocar la conversión carismática del corazón del hombre tibio[6].

(1832-33) Viaje al Mediterraneo italiano en compañía de Froude. En el viaje enfermó Newman y durante ésta concibió que su misión era reformar la Iglesia Anglicana.

(1833) Un sermón titulado "Apostasía nacional" dado por el teólogo y poeta John Keble fue el que incentivó a Newman a dar el paso hacia la reforma que había concebido como misión, iniciando la publicación de los “Tracts of the Times”, lo que a su vez dió forma a lo que se denominó el movimiento de Oxford. Su objetivo era asegurar a la Iglesia de Inglaterra una base definida de doctrina y disciplina.

(1833) Publicación de los tractos #1 #2, #3, #6, #7 y #11, entre otros de los que era autor: “Pensamientos sobre la comisión Ministerial", "La Iglesia católica”, “Pensamientos respetuosamente dirigidos al clero sobre alteraciones en la Liturgia. El servicio de entierro. El Principio de la Unidad.”, “La actual obligación de la práctica primitiva. Un pecado de la Iglesia.”, “La Iglesia Episcopal apostólica” y “La Iglesia Visible”, respectivamente. Para los anglicanos el catolicismo incorpora lo litúrgico, pero excluye la subordinación a Roma.

(1834) Publicación de los tractos #31, #33, #34, #38 y 41, y #47, entre otros de los que era autor: “La Iglesia Reformada”, “El Episcopado primitivo”, “Ritos y usos de la Iglesia”, “La Via media” y “Sobre la Iglesia Visible”, respectivamente.

(1836) Publica el tracto #75 del que era autor: “Sobre el Breviario Romano como encarnando la sustancia de los Servicios Devocionales de la Iglesia Católica”. También escribió en el ámbito político "Aclaraciones de las afirmaciones teológicas del Dr. Hampden" para evitar que el primer ministro lo nombrase para la cátedra de Teológía en Oxford. El escrito era un muestrario e implacable crítica a Hampden probando su heterodoxia y reduccionismo dogmático[7].

(1837) Publica el tracto #79, del que era autor: “Sobre el Purgatorio”. El purgatorio no era admitido por parte de la Iglesia Anglicana.

(1841) Publica el tracto # 90. En este examen detallado de los Treinta y nueve artículos sugirió que sus redactores dirigieron sus negaciones no contra el credo autorizado del catolicismo, sino solamente contra los errores populares y las exageraciones. Recibió un gran rechazo por parte de los opositores al Movimiento de Oxford y su obispo lo obligó a no volver a publicar mas tractos.

(1842) Inicia su retiro en Littlemore, donde vivió cuatro años bajo condiciones monásticas con un pequeño grupo de seguidores. Entre los protestantes no hay monasterios, por lo cual fue algo muy inusual. Años más tarde, en su libro "Perder y ganar" enuncia su pensamiento de que la llamada al celibato es ahogada por la sociedad, pero que él no era el único que había recibido tal llamado.

(1843) Retractación formal de todas las afirmaciones que pronunciara contra Roma. Aduce que siempre siguió a los teólogos que así lo afirmaban, pero sin conocer él personalmente mayor cosa sobra la Iglesia de Roma.

(1845) Es acogido en la Iglesia Católica por parte del Cardenal Wiseman.

(1847) Ordenado sacerdote católico.

(1848) Escribe su novela filosófica Perder y Ganar. Describe el clima religioso de la Universidad de Oxford durante la década de 1840, un momento de gran contienda entre varias facciones dentro de la Iglesia de Inglaterra. Algunas facciones abogaban por las doctrinas protestantes, renunciando al desarrollo de la doctrina a través de la tradición y enfatizando la interpretación privada de las Escrituras y unas exigencias morales cercanas al puritanismo (era lo que se denominaba la Low Church). Contra estas y otras facciones religiosas liberales, es que el Movimiento de Oxford defendía una interpretación católica de la Iglesia de Inglaterra, alegando que la Iglesia y sus tradiciones eran autoritarias (lo que se denominaba la High Church).

(1851) Se convierte al catolicismo Henry Edward Manning, clérigo de la Iglesia de Inglaterra desde 1832, luego Cardenal. También miembro del movimiento de Oxford. En 1842 empezó a compartir púlpito con Newman en la capilla de St. Mary’s. Fue importante para la conversión de la madre de Hilarie Belloc, quien fue un futuro apologeta católico y difusor del distribucionismo, modelo económico apoyado por la Iglesia Católica. Manning no se llevó bien con Newman por considerarlo un converso de corazón anglicano.

(1854) Funda la Universidad de Irlanda a solicitud de los obispos de dicho país. Las universidades existentes en Irlanda eran protestantes y deseaban crear una católica. Newman abogaba por una educación en dónde hubiera cabida para todas las confesiones, y en la que el laicado se preparara para ser fermento en el mundo, pero no recibió respaldo a sus propuestas[8].

(1859) Funda una escuela en su oratorio de Birmingham (donde estudió el propio Hilarie Belloc). Newman les proponía a los jóvenes un alto ideal de vida y exigencia en la vida intelectual y espiritual.

(1859) Se pone al frente de la revista católica Rambler. Inicia un periodo de depresión para Newman, que continuó hasta 1864.

(1864) Escribe “Apologia pro vita sua, historia de mis ideas religiosas”. Defiende sus creencias frente a las críticas en torno a su propia conversión, el sacerdocio y la Iglesia Católica. Uno de sus grandes apostolados fue intentar convencer a la sociedad inglesa que se puede ser ingles y católico simultáneamente.

(1875) Publica su carta al Duque de Norfolk, "donde desarrolla el tema de la conciencia como lugar sagrado de encuentro ente dos personas, la persona Divina y la persona humana... Newman se desmarca claramente del sentido de conciencia que tienen los protestantes, en cuanto que, para estos, la conciencia significa subjetivismo y juicio privado, mientras que para Newman, la conciencia debe estar formada y sometida a la verdad"[9]

(1879) Es nombrado Cardenal.

(1890) Muere.

(2010) Beatificado por el papa Benedicto XVI.

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[1] Fuente: Wikipedia donde no se indica lo contrario.
[2] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. pag 33
[3] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[4] Fuente: Wikipedia, en la entrada https://en.wikipedia.org/wiki/Littlemore
[5] Nota a pie de página de la 5ta edición de Perder y ganar, ya mencionada, en la pag 151, cuya fuente, a su vez, es José Morales.
[6] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[7] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[8] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[9] Ibidem