En el libro Perder y ganar, Newman hace varios apuntes acerca del punto de vista protestante:
"Es una estupidez intentar que una nación tan religiosa como la
inglesa sea más religiosa a base de poner imágenes por las calles. Ese no es su
estilo y sólo conseguiría ofenderlos. Si fuese su estilo, hubiera surgido ya
sin que nadie se los dijera. Como la música empuja a bailar. Pero, lo mismo que
el baile no hace mejor la música que uno está escuchando, tampoco las ceremonias
hacen más religioso a quien no le gustan las ceremonias." Pag 56
A esto responde Newman: "Lo católicos creen que hay un poder en las
imágenes. No las ponen como algo meramente externo, para crear sentimientos,
sino que dan verdadero culto a las imágenes porque son más de lo que parecen,
no son pura apariencia externa. Les rinden culto a las imágenes bendecidas o a
aquellas cosas que pertenecieron a algún santo o porque se obró algún milagro a
través de ellas, porque tienen un vínculo con el mundo invisible de la gracia." Pag 56
Otro punto de vista protestante: "La Escritura dice muchas cosas sobre fe y santidad pero ni una palabra sobre iglesias y formas
externas. La gran tendencia, la desdichada tendencia del entendimiento humano
es crear un mediador (se refieren a la Iglesia) para interponerlo entre él y su
Creador; y lo mismo da si ese intermediario falaz es un rito, un credo, una
fórmula de oración, las buenas obras, o la comunión con iglesias particulares.
La única manera segura de servirse de esas cosas es usarlas con la conciencia
de que puede uno prescindir de ellas, que ninguna de ellas surgía directamente
del núcleo porque la fe, ese firme convencimiento de que Dios me ha perdonado,
es lo único absolutamente necesario; que donde esta esa única cosa, todo lo
demás resulta superfluo." Pag 69.
Newman anota que mantienen los protestantes esto
de manera tan inconmovible, bajo la base de la verdadera fe, que les parece que
una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano,
presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación. Pag
69. Newman pensaba que no se puede dar gusto a todo el mundo. Dos cosas
contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden
ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas. Pag 65.
Para el efecto del párrafo anterior, Newman anotó una contradicción en la iglesia anglicana luego de estudiar los 39 artículos de la religión que son la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos, a medio camino entre Roma
y los protestantes, que datan de 1563, junto con el Prayer Book, libro sobre el ritual y el ceremonial, que data a su
vez de 1570, y que constituyen los textos fundamentales de la Iglesia de Inglaterra.
Los anglicanos dicen que el Prayer Book se deduce
de la Escritura al igual que el credo Atanasio, aceptado por la Iglesia de
Inglaterra. Uno de los Artículos dice que se deben recibir como “fundados en la
Escritura”, aún siendo invención humana. Y los Artículos no dicen que sea
necesario admitir sus proposiciones para la salvación. Pag 70. De tal manera
que los libros que dan sustento a la religión que profesan no están fundados en la
Escritura, en contravía del énfasis en la “Sola Scriptura” de los protestantes. Recordemos que el
estudio minucioso de los Artículos fue el causante de que el superior
jerárquico de Newman le obligara a cejar en la publicación de los Tracts of the Times.
Los anglicanos parten de la base que la Iglesia Católica tiene muchas corrupciones y abominaciones. Por eso Henry Newman les dice: "Lo cierto es que conocen poco o nada de ella.", y “No me gusta lo
malo de la Iglesia Católica, si es malo, sino lo bueno. Y si voy, es por lo
bueno, no por lo malo.” Pag 74.
Explica los prejuicios que tienen los protestantes acerca del Magisterio de la Iglesia: “¡Las tragaderas que hacen falta pasar, sin más, el montón de
basura que los católicos tienen que meterse dentro! ¡Es como coger y, a sangre
fría, atarse al cuello un dogal y darle luego la cadena al cura!” Pag 137
Newman añade por boca de un protagonista del libro:“… imagínate por un momento que el catolicismo
tiene la verdad, ¿No es una oportunidad de que te conviertas?” Pag 132 "Por
supuesto que estaba buscando la verdad. Era su deber. Una vez su tutor – no se
le olvidaría, no – le explicó que el libre examen era un deber. Esa era la
verdadera diferencia entre católicos y protestantes; los católicos empiezan
por la fé, los protestantes por la interrogación."Pag 92
Tal vez por esta razón Newman desarrolló tanto el concepto de conciencia, como ya lo mencioné en otra entrada, como profundización de lo que es el verdadero "libre examen".
El diagnóstico de Newman respecto al libre examen como identidad de la Iglesia Anglicana le lleva a escribir esta afirmación en labios de uno de sus personajes en Perder y Ganar: “Nuestra iglesia admite una gran libertad de pensamiento en sus miembros. Entre nuestros teólogos hay diferencias muy notables. Éste es un gran principio de nuestra Iglesia: estamos de acuerdo en ser distintos.” Pag 109 Por eso "...les parece que una persona podía ser cualquier cosa, arminiano, calvinista, episcopaliano, presbiteriano, swedenborgiano o unitario, y con todo estar en la salvación." Pag 69.
Blog que incorpora apologética (defensa de la fe), ética en el contexto de la sociedad actual y, en general, formación.
martes, 26 de septiembre de 2017
sábado, 23 de septiembre de 2017
Esbozos del pensamiento de Newman
A Newman lo conocemos como pensador. Aún no se ha difundido su espiritualidad. Pero de una se puede deducir la otra. Trataré de dar un esbozo de algunas cuestiones a partir de frases del libro Perder y ganar[1]:
Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139
“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49
"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65
"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131
"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.
"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.
“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.
Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.
"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.
A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.
“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139
Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.
Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]
--------------------------------------------------------
[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.
Sobre los temas de la religión decía: “Tengo que indagar, juzgar, decidir, sí, claro. ¡Pero si no sé nada! ¡Si nadie me ha enseñado nada!" refiriéndose a su educación en Oxford Pág. 139
“Cuando alguien se acerca la primera vez al mundo de la política o la religión, se enfrenta a todo como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles son secundarios, todo eso…” los jóvenes tienen que aprenderlo todavía. “… para ellos el mundo de hoy no tiene contacto con el mundo de ayer; el tiempo no es como una corriente, sino que les parece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente; los nombres no les dicen nada, ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su manera de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena… Todo según les coja o según les lleven las circunstancias. A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son hombres de partido; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad”. Pág. 49
"No es él una persona capaz de dejar que una verdad se quede dormida en su cerebro. Era seguro que al final la llevara hasta sus últimas consecuencias modificando sus puntos de vista en ese momento." Pág. 65
"Dios quiere que nos guiemos por la razón. No digo que la razón lo sea todo pero es algo. Y no debemos actuar sin contar con ella, ni en contra de ella." Pág 131
"Yo no he dicho que cualquier cosa sea un Credo ni que baste tener un Credo para que una religión sea verdadera; pero una religión no puede ser verdadera si no tiene un Credo”. Pág. 139.
"Yo admiro a quien construye algo y siento desprecio por quien no hace más que destruir." Pág. 140.
“Hay que respetar a quien se atreve a obrar de acuerdo con su conciencia.” Pág. 137.
Newman explica que para los protestantes la religión interior lo es todo y las formas externas no son nada sin un corazón contrito. Que esa es la que consideran la excelencia de la doctrina de la justificación sólo por la fé. “Al pecador se le dice: «Ven, tal como eres; no intentes hacerte mejor. Cree que la salvación es tuya, y entonces ya es tuya; las buenas obras llegarán después»”. “… la fé es un sentimiento del corazón, es confianza, creencia de que Cristo es mi salvador. Es cosa distinta de la santidad. «Santidad» introduce la noción de virtud, de rectitud moral, y no es eso. Fe es gozo y paz, pero no santidad. La santidad viene luego.” (pag 162-163). Estas cuestiones le daban desconfianza al joven protagonista de la novela de Newman: 1. ¿Cómo puede algo que no es santo causar santidad?, 2. “Cuando se dice que la justificación sigue inmediatamente al Bautismo se dice algo inteligible, que todo el mundo puede comprobar. El Bautismo es un signo externo inequívoco, mientras que si un hombre tiene ese secreto sentimiento llamado «fe» nadie más que él puede atestiguarlo y él es parte interesada. 3. Afirman que la fe lleva consigo su propia evidencia, que una vez que se acepte a Jesucristo Dios nos dará la fe, que todo lo demás, caridad y/o frutos vendrán después, pero entonces la falsa fe es muy parecida a la verdadera fe de tal modo que no hay manera de distinguir una de otra. Los efectos sí. Pero los efectos implican unas causas. Si la causa lleva a uno a hacer cosas buenas y a otro no, ¿dónde está la diferencia entre una verdadera fe y una falsa fe? De aquí otra frase del libro: "Dos cosas contradictorias no pueden ser ambas verdaderas. Todas las doctrinas no pueden ser igualmente seguras: una es cierta y las otras son falsas." Pág. 65.
"Unas cuantas conclusiones, no muy novedosas, pero sí importantes, Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentes de la vida. Segunda: No todas son igualmente valederas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: Es verdaderamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas." Pág. 92.
A aquellos que se dejan llevar por lo expuesto de manera superficial sobre la trascendencia, Newman les dice: “En aguas poco profundas siempre se ve claro.” Pág. 94.
“… si hay algo que me hace mirar con buenos ojos el Romanismo es justamente … que alguien de confianza me dijera «Esto es verdad», «Esto no es verdad» … ¿no te daría una paz enorme saber, con certeza absoluta, lo que hay que creer sobre Dios, y cómo adorarle y agradarle?” Pág. 138 “… lo que te digo es que hoy nadie sabe lo que hay que creer ni tiene unas creencias claras más que los católicos … Nadie dice «Esto es verdad», «Esto es falso», «Esto viene de los Apóstoles» o «Esto no»." Pág. 139
Termino esta entrada con las palabras del cardenal Caffarra: “La enseñanza del Beato J. H. Newman tiene gran actualidad. Hacia el final de su vida, dijo que el patógeno que corrompe el sentido religioso y la conciencia moral, es «el principio liberal», como él lo llama. Es decir, la creencia de que, con respecto a la adoración que le debemos a Dios, es irrelevante lo que pensamos de él; la creencia de que todas las religiones tienen el mismo valor. Newman considera por lo tanto el principio liberal así entendido como algo completamente contrario a lo que él llama «el principio dogmático», que es la base de la proposición y la afirmación cristiana.
Del relativismo religioso al relativismo moral, sólo hay un paso. No hay problema entonces en el hecho de que una religión justifica la poligamia, y otro lo condena. De hecho, supuestamente no existe, por lo tanto, una verdad absoluta acerca de lo que es bueno y lo que es malo."[2]
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[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. España. 1992
[2] bajado de http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=27026 el 22 de septiembre de 2017.
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miércoles, 16 de agosto de 2017
Lo bello, lo bueno y lo santo.
Los conversos eminentes tienen interés por cuanto usualmente son personas que nacieron fuera del contexto de la Iglesia Católica y por tanto aportan una mirada fresca a las riquezas del catolicismo que no son vistas por los propios católicos que nacieron inmersos en ésta. Solemos dar por sentadas muchas cosas sin ser capaces de apreciar su belleza.
Para explicar el tema, quiero transcribir una descripción dada por John Henry Newman en su novela Perder y Ganar[1]: En el capítulo séptimo de la Primera Parte el protagonista se hace preguntas sobre la razonabilidad de la fe: "Siempre he pensado que la razón era un don general y la fe un don particular, personal. Si la fe es realmente racional, todos deberían darse cuenta de que es racional, pero, según eso, será que no es racional. Pero, ¿cómo vamos a encontrar la verdad si no es mediante la razón?". Luego se responde a sí mismo: "Los hombres nos movemos por sentimientos, por pasiones, por el sentido de lo bello, lo bueno y lo santo. Religión es hermosura: nubes, sol y cielo, los campos, los bosques, todo es religión." Luego continúa, haciendo referencia a que en la Iglesia Católica “.. el celebrante, el diácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto ... el coro cantando el Kyrie y el sacerdote y sus ayudantes, inclinados, diciéndose el «Yo confieso» unos a otros. Esto es adoración y está a años luz por encima de la razón."
El punto no es menor. Algunas denominaciones protestantes procuraban ser muy austeras en tiempos de Newman, y la facción pro protestante de la Iglesia Anglicana entendía la liturgia muy centrada en La Palabra, sin adornos. Por el contrario la Iglesia Católica siempre ha llenado la Liturgia de signos que resaltan el contenido del culto, y aprovechan los cincos sentidos para transmitir el mensaje: los gestos, las luces, el humo de los cirios en la atmósfera, los colores litúrgicos, la música y los cantos, el incienso, el abrazo de la paz, los responsorios, las oraciones comunes, ... el ser humano en su integridad cuerpo-alma elevan a Dios su plegaria y su alabanza.
En el capítulo veinte de la Segunda Parte de la misma novela Newman pone en boca de un amigo del protagonista, converso al catolicismo, la descripción de sus sentimientos por la Misa: "No se trata de recitar unas palabras. Es una gran Acción, la Acción más grande que puede darse en la tierra. Es no solo la invocación sino ... la evocación del Dios Eterno. El que hace temblar a los demonios, el que recibe la reverencia constante de los ángeles, Él mismo se hace presente sobre el altar en cuerpo y sangre. Ése es el hecho sobrecogedor que da sentido a toda la Misa. Las palabras hacen falta, pero sólo como medios, no como fines. Las palabras hacen mucho más que dirigirse al trono de la gracia, son instrumentos de algo que es mucho más alto: la consagración, el sacrificio. Que todo es muy apresurado, dices tú ... Sí, las palabras van rápidas..., como si estuvieran impacientes por cumplir su misión. Son rápidas; todo es rápido, porque todas son partes de una acción única. Son rápidas, porque son las palabras impresionantes de un sacrificio, algo demasiado grande como para demorarse en ellas. «Lo que has de hacer, hazlo rápido». Pasan de prisa porque el Señor Jesús pasa con ellas; como pasó de prisa por el lago llamando primero a uno, después a otro. Pasan rápidas, porque como el relámpago reluce de una parte a otra del cielo, así es la venida del Hijo del Hombre. Pasan rápido, porque son como las palabras de Moisés invocando el nombre de Dios, que descendía cubriéndole con su nube. Como Moisés en la montaña, nosotros también «corremos e inclinamos la cabeza hasta el suelo, adorando». Nosotros también, no solo el sacerdote, cada uno desde su sitio y en todas partes anhelamos el gran advenimiento, «aguardamos el movimiento del agua». Cada uno en su sitio, desde su corazón, sus deseos, sus pensamientos, sus intenciones, con su propia petición; distintos pero unidos, contemplando lo que pasa, contemplando cómo pasa, uniéndose a la consumación de todo aquello... y no limitándose a seguir de principio a fin, aburrido y cansado, unas fórmulas monótonas; todos y cada uno. Como instrumentos musicales, distintos y unánimes, participando con el sacerdote de Dios, apoyándole, guiados por él, lanzamos al cielo una plegaria de valor infinito..."
Este extracto creo que da cuenta del atractivo de la prosa del cardenal Newman. En la próxima entrada tocaremos otras de sus reflexiones.
[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. Pags. 313 y 314.
Para explicar el tema, quiero transcribir una descripción dada por John Henry Newman en su novela Perder y Ganar[1]: En el capítulo séptimo de la Primera Parte el protagonista se hace preguntas sobre la razonabilidad de la fe: "Siempre he pensado que la razón era un don general y la fe un don particular, personal. Si la fe es realmente racional, todos deberían darse cuenta de que es racional, pero, según eso, será que no es racional. Pero, ¿cómo vamos a encontrar la verdad si no es mediante la razón?". Luego se responde a sí mismo: "Los hombres nos movemos por sentimientos, por pasiones, por el sentido de lo bello, lo bueno y lo santo. Religión es hermosura: nubes, sol y cielo, los campos, los bosques, todo es religión." Luego continúa, haciendo referencia a que en la Iglesia Católica “.. el celebrante, el diácono, los acólitos con cirios, el incienso, los cantos, todo apuntando a un mismo fin, a un solo acto de culto. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto ... el coro cantando el Kyrie y el sacerdote y sus ayudantes, inclinados, diciéndose el «Yo confieso» unos a otros. Esto es adoración y está a años luz por encima de la razón."
El punto no es menor. Algunas denominaciones protestantes procuraban ser muy austeras en tiempos de Newman, y la facción pro protestante de la Iglesia Anglicana entendía la liturgia muy centrada en La Palabra, sin adornos. Por el contrario la Iglesia Católica siempre ha llenado la Liturgia de signos que resaltan el contenido del culto, y aprovechan los cincos sentidos para transmitir el mensaje: los gestos, las luces, el humo de los cirios en la atmósfera, los colores litúrgicos, la música y los cantos, el incienso, el abrazo de la paz, los responsorios, las oraciones comunes, ... el ser humano en su integridad cuerpo-alma elevan a Dios su plegaria y su alabanza.
En el capítulo veinte de la Segunda Parte de la misma novela Newman pone en boca de un amigo del protagonista, converso al catolicismo, la descripción de sus sentimientos por la Misa: "No se trata de recitar unas palabras. Es una gran Acción, la Acción más grande que puede darse en la tierra. Es no solo la invocación sino ... la evocación del Dios Eterno. El que hace temblar a los demonios, el que recibe la reverencia constante de los ángeles, Él mismo se hace presente sobre el altar en cuerpo y sangre. Ése es el hecho sobrecogedor que da sentido a toda la Misa. Las palabras hacen falta, pero sólo como medios, no como fines. Las palabras hacen mucho más que dirigirse al trono de la gracia, son instrumentos de algo que es mucho más alto: la consagración, el sacrificio. Que todo es muy apresurado, dices tú ... Sí, las palabras van rápidas..., como si estuvieran impacientes por cumplir su misión. Son rápidas; todo es rápido, porque todas son partes de una acción única. Son rápidas, porque son las palabras impresionantes de un sacrificio, algo demasiado grande como para demorarse en ellas. «Lo que has de hacer, hazlo rápido». Pasan de prisa porque el Señor Jesús pasa con ellas; como pasó de prisa por el lago llamando primero a uno, después a otro. Pasan rápidas, porque como el relámpago reluce de una parte a otra del cielo, así es la venida del Hijo del Hombre. Pasan rápido, porque son como las palabras de Moisés invocando el nombre de Dios, que descendía cubriéndole con su nube. Como Moisés en la montaña, nosotros también «corremos e inclinamos la cabeza hasta el suelo, adorando». Nosotros también, no solo el sacerdote, cada uno desde su sitio y en todas partes anhelamos el gran advenimiento, «aguardamos el movimiento del agua». Cada uno en su sitio, desde su corazón, sus deseos, sus pensamientos, sus intenciones, con su propia petición; distintos pero unidos, contemplando lo que pasa, contemplando cómo pasa, uniéndose a la consumación de todo aquello... y no limitándose a seguir de principio a fin, aburrido y cansado, unas fórmulas monótonas; todos y cada uno. Como instrumentos musicales, distintos y unánimes, participando con el sacerdote de Dios, apoyándole, guiados por él, lanzamos al cielo una plegaria de valor infinito..."
Este extracto creo que da cuenta del atractivo de la prosa del cardenal Newman. En la próxima entrada tocaremos otras de sus reflexiones.
[1] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. Pags. 313 y 314.
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martes, 8 de agosto de 2017
Biografía de John Henry Newman[1]
Habiendo leido la entrada anterior, en donde se proporciona un contexto de la época que vivió, se hace una corta biografía del beato Newman:
(1801) Nacimiento en la ciudad de Londres. Hijo de un trabajador de un banco, lo cual le dio la posibilidad de estudiar en un colegio privado.
(1816) Último año de colegio. Año en que conoce el evangelismo anglicano, que "le dotó de un sentido de lo religioso que lo hizo inmune a la tentación a las malas compañías" tanto en el colegio de Ealing como luego en Oxford.[2] Decide permanecer célibe. Destacable que haya sido a sus quince años, pero aún más porque el concepto era poco común tanto en la sociedad inglesa como en la propia Iglesia Anglicana.
(1825) Se ordena presbítero anglicano.
(1826) Tutor en Oriel College, de la Universidad de Oxford, mismo año en que es nombrado becario Froude, luego miembro del movimiento de Oxford y cercano amigo de Newman. "Froude fue una fuente pausada pero inagotable de inspiración religiosa, no solo por su modo de hablar y comunicarse, sino también por su gran clase intelectual, que necesariamente debió causar un impacto perdurable en la receptiva y crítica mente de Newman. Froude fue uno de los primeros británicos de creencias anglicanas que intentaron y consiguieron hacerle justicia a la iglesia de Roma y utilizaron para ella un lenguaje respetuoso y amable. Alentó así en Newman una visión nueva sobre la comunión Romana, sin ignorancia afectada, y poco a poco, sin prejuicios importantes"[3].
(1828) Comienza a leer los Padres de la Iglesia. Muere su hermana Mary, de la que es muy cercano. En el mismo año Newman fue nombrado vicario de Santa María, Iglesia del recinto universitario a la que se unió el beneficio de Littlemore (al sur de la ciudad de Oxford) en donde Newman consigue construir hacia 1935 una capilla, estilo gótico, que se convirtió en un modelo para las iglesias pequeñas de la época[4]. En Santa María predica sermones a los jóvenes universitarios donde pretendía alejarlos "de una espiritualidad pietista, burguesa, sin raíces en la vida cotidiana, y devolverles al ámbito de la verdadera batalla cristiana en medio del mundo"[5]. Pusey, un eminente teólogo, fue nombrado Profesor Regio de Hebreo en Oxford. También fue escritor de algunos «tractos» del movimiento de Oxford.
(1830) Época en que se acaba su evangelismo anglicano. Los principios básicos del evangelismo anglicano eran: escasa elaboración doctrinal, acento en lo afectivo, autoridad de la sola Escritura y justificación por la sola Fe que hace del bautismo algo meramente simbólico, distinción entre elegidos y cristianos puramente nominales, preponderancia de la actividad externa destinada a provocar la conversión carismática del corazón del hombre tibio[6].
(1832-33) Viaje al Mediterraneo italiano en compañía de Froude. En el viaje enfermó Newman y durante ésta concibió que su misión era reformar la Iglesia Anglicana.
(1833) Un sermón titulado "Apostasía nacional" dado por el teólogo y poeta John Keble fue el que incentivó a Newman a dar el paso hacia la reforma que había concebido como misión, iniciando la publicación de los “Tracts of the Times”, lo que a su vez dió forma a lo que se denominó el movimiento de Oxford. Su objetivo era asegurar a la Iglesia de Inglaterra una base definida de doctrina y disciplina.
(1833) Publicación de los tractos #1 #2, #3, #6, #7 y #11, entre otros de los que era autor: “Pensamientos sobre la comisión Ministerial", "La Iglesia católica”, “Pensamientos respetuosamente dirigidos al clero sobre alteraciones en la Liturgia. El servicio de entierro. El Principio de la Unidad.”, “La actual obligación de la práctica primitiva. Un pecado de la Iglesia.”, “La Iglesia Episcopal apostólica” y “La Iglesia Visible”, respectivamente. Para los anglicanos el catolicismo incorpora lo litúrgico, pero excluye la subordinación a Roma.
(1834) Publicación de los tractos #31, #33, #34, #38 y 41, y #47, entre otros de los que era autor: “La Iglesia Reformada”, “El Episcopado primitivo”, “Ritos y usos de la Iglesia”, “La Via media” y “Sobre la Iglesia Visible”, respectivamente.
(1836) Publica el tracto #75 del que era autor: “Sobre el Breviario Romano como encarnando la sustancia de los Servicios Devocionales de la Iglesia Católica”. También escribió en el ámbito político "Aclaraciones de las afirmaciones teológicas del Dr. Hampden" para evitar que el primer ministro lo nombrase para la cátedra de Teológía en Oxford. El escrito era un muestrario e implacable crítica a Hampden probando su heterodoxia y reduccionismo dogmático[7].
(1837) Publica el tracto #79, del que era autor: “Sobre el Purgatorio”. El purgatorio no era admitido por parte de la Iglesia Anglicana.
(1841) Publica el tracto # 90. En este examen detallado de los Treinta y nueve artículos sugirió que sus redactores dirigieron sus negaciones no contra el credo autorizado del catolicismo, sino solamente contra los errores populares y las exageraciones. Recibió un gran rechazo por parte de los opositores al Movimiento de Oxford y su obispo lo obligó a no volver a publicar mas tractos.
(1842) Inicia su retiro en Littlemore, donde vivió cuatro años bajo condiciones monásticas con un pequeño grupo de seguidores. Entre los protestantes no hay monasterios, por lo cual fue algo muy inusual. Años más tarde, en su libro "Perder y ganar" enuncia su pensamiento de que la llamada al celibato es ahogada por la sociedad, pero que él no era el único que había recibido tal llamado.
(1843) Retractación formal de todas las afirmaciones que pronunciara contra Roma. Aduce que siempre siguió a los teólogos que así lo afirmaban, pero sin conocer él personalmente mayor cosa sobra la Iglesia de Roma.
(1845) Es acogido en la Iglesia Católica por parte del Cardenal Wiseman.
(1847) Ordenado sacerdote católico.
(1848) Escribe su novela filosófica Perder y Ganar. Describe el clima religioso de la Universidad de Oxford durante la década de 1840, un momento de gran contienda entre varias facciones dentro de la Iglesia de Inglaterra. Algunas facciones abogaban por las doctrinas protestantes, renunciando al desarrollo de la doctrina a través de la tradición y enfatizando la interpretación privada de las Escrituras y unas exigencias morales cercanas al puritanismo (era lo que se denominaba la Low Church). Contra estas y otras facciones religiosas liberales, es que el Movimiento de Oxford defendía una interpretación católica de la Iglesia de Inglaterra, alegando que la Iglesia y sus tradiciones eran autoritarias (lo que se denominaba la High Church).
(1851) Se convierte al catolicismo Henry Edward Manning, clérigo de la Iglesia de Inglaterra desde 1832, luego Cardenal. También miembro del movimiento de Oxford. En 1842 empezó a compartir púlpito con Newman en la capilla de St. Mary’s. Fue importante para la conversión de la madre de Hilarie Belloc, quien fue un futuro apologeta católico y difusor del distribucionismo, modelo económico apoyado por la Iglesia Católica. Manning no se llevó bien con Newman por considerarlo un converso de corazón anglicano.
(1854) Funda la Universidad de Irlanda a solicitud de los obispos de dicho país. Las universidades existentes en Irlanda eran protestantes y deseaban crear una católica. Newman abogaba por una educación en dónde hubiera cabida para todas las confesiones, y en la que el laicado se preparara para ser fermento en el mundo, pero no recibió respaldo a sus propuestas[8].
(1859) Funda una escuela en su oratorio de Birmingham (donde estudió el propio Hilarie Belloc). Newman les proponía a los jóvenes un alto ideal de vida y exigencia en la vida intelectual y espiritual.
(1859) Se pone al frente de la revista católica Rambler. Inicia un periodo de depresión para Newman, que continuó hasta 1864.
(1864) Escribe “Apologia pro vita sua, historia de mis ideas religiosas”. Defiende sus creencias frente a las críticas en torno a su propia conversión, el sacerdocio y la Iglesia Católica. Uno de sus grandes apostolados fue intentar convencer a la sociedad inglesa que se puede ser ingles y católico simultáneamente.
(1875) Publica su carta al Duque de Norfolk, "donde desarrolla el tema de la conciencia como lugar sagrado de encuentro ente dos personas, la persona Divina y la persona humana... Newman se desmarca claramente del sentido de conciencia que tienen los protestantes, en cuanto que, para estos, la conciencia significa subjetivismo y juicio privado, mientras que para Newman, la conciencia debe estar formada y sometida a la verdad"[9]
(1879) Es nombrado Cardenal.
(1890) Muere.
(2010) Beatificado por el papa Benedicto XVI.
__________________________________
[1] Fuente: Wikipedia donde no se indica lo contrario.
[2] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. pag 33
[3] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[4] Fuente: Wikipedia, en la entrada https://en.wikipedia.org/wiki/Littlemore
[5] Nota a pie de página de la 5ta edición de Perder y ganar, ya mencionada, en la pag 151, cuya fuente, a su vez, es José Morales.
[6] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[7] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[8] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[9] Ibidem
(1801) Nacimiento en la ciudad de Londres. Hijo de un trabajador de un banco, lo cual le dio la posibilidad de estudiar en un colegio privado.
(1816) Último año de colegio. Año en que conoce el evangelismo anglicano, que "le dotó de un sentido de lo religioso que lo hizo inmune a la tentación a las malas compañías" tanto en el colegio de Ealing como luego en Oxford.[2] Decide permanecer célibe. Destacable que haya sido a sus quince años, pero aún más porque el concepto era poco común tanto en la sociedad inglesa como en la propia Iglesia Anglicana.
(1825) Se ordena presbítero anglicano.
(1826) Tutor en Oriel College, de la Universidad de Oxford, mismo año en que es nombrado becario Froude, luego miembro del movimiento de Oxford y cercano amigo de Newman. "Froude fue una fuente pausada pero inagotable de inspiración religiosa, no solo por su modo de hablar y comunicarse, sino también por su gran clase intelectual, que necesariamente debió causar un impacto perdurable en la receptiva y crítica mente de Newman. Froude fue uno de los primeros británicos de creencias anglicanas que intentaron y consiguieron hacerle justicia a la iglesia de Roma y utilizaron para ella un lenguaje respetuoso y amable. Alentó así en Newman una visión nueva sobre la comunión Romana, sin ignorancia afectada, y poco a poco, sin prejuicios importantes"[3].
(1828) Comienza a leer los Padres de la Iglesia. Muere su hermana Mary, de la que es muy cercano. En el mismo año Newman fue nombrado vicario de Santa María, Iglesia del recinto universitario a la que se unió el beneficio de Littlemore (al sur de la ciudad de Oxford) en donde Newman consigue construir hacia 1935 una capilla, estilo gótico, que se convirtió en un modelo para las iglesias pequeñas de la época[4]. En Santa María predica sermones a los jóvenes universitarios donde pretendía alejarlos "de una espiritualidad pietista, burguesa, sin raíces en la vida cotidiana, y devolverles al ámbito de la verdadera batalla cristiana en medio del mundo"[5]. Pusey, un eminente teólogo, fue nombrado Profesor Regio de Hebreo en Oxford. También fue escritor de algunos «tractos» del movimiento de Oxford.
(1830) Época en que se acaba su evangelismo anglicano. Los principios básicos del evangelismo anglicano eran: escasa elaboración doctrinal, acento en lo afectivo, autoridad de la sola Escritura y justificación por la sola Fe que hace del bautismo algo meramente simbólico, distinción entre elegidos y cristianos puramente nominales, preponderancia de la actividad externa destinada a provocar la conversión carismática del corazón del hombre tibio[6].
(1832-33) Viaje al Mediterraneo italiano en compañía de Froude. En el viaje enfermó Newman y durante ésta concibió que su misión era reformar la Iglesia Anglicana.
(1833) Un sermón titulado "Apostasía nacional" dado por el teólogo y poeta John Keble fue el que incentivó a Newman a dar el paso hacia la reforma que había concebido como misión, iniciando la publicación de los “Tracts of the Times”, lo que a su vez dió forma a lo que se denominó el movimiento de Oxford. Su objetivo era asegurar a la Iglesia de Inglaterra una base definida de doctrina y disciplina.
(1833) Publicación de los tractos #1 #2, #3, #6, #7 y #11, entre otros de los que era autor: “Pensamientos sobre la comisión Ministerial", "La Iglesia católica”, “Pensamientos respetuosamente dirigidos al clero sobre alteraciones en la Liturgia. El servicio de entierro. El Principio de la Unidad.”, “La actual obligación de la práctica primitiva. Un pecado de la Iglesia.”, “La Iglesia Episcopal apostólica” y “La Iglesia Visible”, respectivamente. Para los anglicanos el catolicismo incorpora lo litúrgico, pero excluye la subordinación a Roma.
(1834) Publicación de los tractos #31, #33, #34, #38 y 41, y #47, entre otros de los que era autor: “La Iglesia Reformada”, “El Episcopado primitivo”, “Ritos y usos de la Iglesia”, “La Via media” y “Sobre la Iglesia Visible”, respectivamente.
(1836) Publica el tracto #75 del que era autor: “Sobre el Breviario Romano como encarnando la sustancia de los Servicios Devocionales de la Iglesia Católica”. También escribió en el ámbito político "Aclaraciones de las afirmaciones teológicas del Dr. Hampden" para evitar que el primer ministro lo nombrase para la cátedra de Teológía en Oxford. El escrito era un muestrario e implacable crítica a Hampden probando su heterodoxia y reduccionismo dogmático[7].
(1837) Publica el tracto #79, del que era autor: “Sobre el Purgatorio”. El purgatorio no era admitido por parte de la Iglesia Anglicana.
(1841) Publica el tracto # 90. En este examen detallado de los Treinta y nueve artículos sugirió que sus redactores dirigieron sus negaciones no contra el credo autorizado del catolicismo, sino solamente contra los errores populares y las exageraciones. Recibió un gran rechazo por parte de los opositores al Movimiento de Oxford y su obispo lo obligó a no volver a publicar mas tractos.
(1842) Inicia su retiro en Littlemore, donde vivió cuatro años bajo condiciones monásticas con un pequeño grupo de seguidores. Entre los protestantes no hay monasterios, por lo cual fue algo muy inusual. Años más tarde, en su libro "Perder y ganar" enuncia su pensamiento de que la llamada al celibato es ahogada por la sociedad, pero que él no era el único que había recibido tal llamado.
(1843) Retractación formal de todas las afirmaciones que pronunciara contra Roma. Aduce que siempre siguió a los teólogos que así lo afirmaban, pero sin conocer él personalmente mayor cosa sobra la Iglesia de Roma.
(1845) Es acogido en la Iglesia Católica por parte del Cardenal Wiseman.
(1847) Ordenado sacerdote católico.
(1848) Escribe su novela filosófica Perder y Ganar. Describe el clima religioso de la Universidad de Oxford durante la década de 1840, un momento de gran contienda entre varias facciones dentro de la Iglesia de Inglaterra. Algunas facciones abogaban por las doctrinas protestantes, renunciando al desarrollo de la doctrina a través de la tradición y enfatizando la interpretación privada de las Escrituras y unas exigencias morales cercanas al puritanismo (era lo que se denominaba la Low Church). Contra estas y otras facciones religiosas liberales, es que el Movimiento de Oxford defendía una interpretación católica de la Iglesia de Inglaterra, alegando que la Iglesia y sus tradiciones eran autoritarias (lo que se denominaba la High Church).
(1851) Se convierte al catolicismo Henry Edward Manning, clérigo de la Iglesia de Inglaterra desde 1832, luego Cardenal. También miembro del movimiento de Oxford. En 1842 empezó a compartir púlpito con Newman en la capilla de St. Mary’s. Fue importante para la conversión de la madre de Hilarie Belloc, quien fue un futuro apologeta católico y difusor del distribucionismo, modelo económico apoyado por la Iglesia Católica. Manning no se llevó bien con Newman por considerarlo un converso de corazón anglicano.
(1854) Funda la Universidad de Irlanda a solicitud de los obispos de dicho país. Las universidades existentes en Irlanda eran protestantes y deseaban crear una católica. Newman abogaba por una educación en dónde hubiera cabida para todas las confesiones, y en la que el laicado se preparara para ser fermento en el mundo, pero no recibió respaldo a sus propuestas[8].
(1859) Funda una escuela en su oratorio de Birmingham (donde estudió el propio Hilarie Belloc). Newman les proponía a los jóvenes un alto ideal de vida y exigencia en la vida intelectual y espiritual.
(1859) Se pone al frente de la revista católica Rambler. Inicia un periodo de depresión para Newman, que continuó hasta 1864.
(1864) Escribe “Apologia pro vita sua, historia de mis ideas religiosas”. Defiende sus creencias frente a las críticas en torno a su propia conversión, el sacerdocio y la Iglesia Católica. Uno de sus grandes apostolados fue intentar convencer a la sociedad inglesa que se puede ser ingles y católico simultáneamente.
(1875) Publica su carta al Duque de Norfolk, "donde desarrolla el tema de la conciencia como lugar sagrado de encuentro ente dos personas, la persona Divina y la persona humana... Newman se desmarca claramente del sentido de conciencia que tienen los protestantes, en cuanto que, para estos, la conciencia significa subjetivismo y juicio privado, mientras que para Newman, la conciencia debe estar formada y sometida a la verdad"[9]
(1879) Es nombrado Cardenal.
(1890) Muere.
(2010) Beatificado por el papa Benedicto XVI.
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[1] Fuente: Wikipedia donde no se indica lo contrario.
[2] Perder y ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro. 5ta edición. Madrid 2017. pag 33
[3] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[4] Fuente: Wikipedia, en la entrada https://en.wikipedia.org/wiki/Littlemore
[5] Nota a pie de página de la 5ta edición de Perder y ganar, ya mencionada, en la pag 151, cuya fuente, a su vez, es José Morales.
[6] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[7] Newman (1801-1890). José Morales. Ediciones RIALP. Madrid 2010.
[8] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[9] Ibidem
lunes, 31 de julio de 2017
John Henry Newman
En relación con los Padres de la Iglesia, deseo hacer varias entradas relacionadas con John Henry Newman, quien se convirtió del anglicanismo al catolicismo a partir de la lectura de los Padres de la Iglesia.
John Henry Newman nació en Inglaterra en 1801. Antes de comentar su pensamiento e influencia, recapitularé la historia del siglo y país en que vivió. La fuente de lo escrito en esta entrada es Wikipedia cuando no se especifica.
Nació bajo la Iglesia Anglicana, la cual es una combinación entre el catolicismo no papal y el protestantismo. En el momento de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma por razones personales del rey, en 1534, admitían toda la doctrina católica. Fue Isabel I, en la década inicial de la segunda mitad del siglo XVI, la que dotó al anglicanismo de textos y normas oficiales, dando paso a la influencia protestante en la formación del credo anglicano[1]. Se consideran a sí mismos una vía media bajo tres pilares: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la razón.
El denominado “Siglo imperial” del Imperio Británico, que comprende el periodo 1815-1914, fue de radical cambio social y político en el Reino Unido y en el cual la religión desempeñó un papel significativo. Si bien el auge imperial fue entre 1880 y 1930, concentrado en África y Asia, la época previa fue de expansión comercial y colonial hacia América. Por ejemplo, en 1806 y 1807 intentaron tomar por la fuerza, sin éxito, la zona del Rio de la Plata a los españoles. Sus grandes colonias americanas fueron las de América el Norte, las que luego dieron nacimiento a los Estados Unidos de América y de Canadá.
Al principio de este período, muchos anglicanos equipararon el bienestar religioso del país con el de la propia Iglesia Anglicana, mientras que los disidentes protestantes y católicos sufrían bajo la discriminación de la legislación religiosa. Por ejemplo, previniendo una revuelta social en Irlanda, en 1829 se aprobó el Acta de Ayuda Católica en la que se permitió que un católico hiciera parte del Parlamento, es decir, antes estaba prohibido. Dicha Acta multiplicó por cinco los requisitos económicos para tener derecho al voto, buscando que disminuyeran la cantidad de campesinos y granjeros católicos de Irlanda que pudieran votar.
Newman estudio su carrera clerical en el Trinity College de Oxford. Las universidades de Oxford y Cambridge desempeñaron un papel central en la Iglesia de Inglaterra. Eran instituciones completamente anglicanas. En Oxford, los estudiantes tenían que suscribirse a los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra como parte del proceso de admisión; mientras que en Cambridge nadie podía graduarse sin hacerlo. Eran los principales viveros del clero anglicano y muy influyentes en el país en general. Los Treinta y Nueve Artículos definen la doctrina de la Iglesia de Inglaterra en cuanto a su relación con la doctrina calvinista y la práctica católica. Fueron definidos inicialmente en 1563, aunque con desarrollos durante los siglos siguientes[2].
Políticamente, la Iglesia Anglicana era abrumadoramente Tory (conservadora). El partido Whig (liberal) y su programa de reforma se soportaba en gran medida en el apoyo de los protestantes más liberales. A pesar del alivio parcial proporcionado por el Acta de Ayuda Católica y revocación de la obligatoriedad de suscribir los Treinta y Nueve Artículos en los años treinta, los no anglicanos seguían sufriendo una grave discriminación. En 1830 se pasó de un gobierno dominado por liberales-conservadores (Pittite-Tories) a un gobierno liberal (Whig). Esto creó tensiones entre la Iglesia Anglicana y el Estado. Por ejemplo, veintiún obispos votaron en contra de la reforma del Parlamento en 1831. Si todos hubieran votado a favor, el proyecto de ley habría pasado. En 1832 se aprobó el Acta de Reforma al sistema electoral de Inglaterra y Gales. Muchos clérigos temían que el gobierno se estuviera preparando para invadir los derechos y la constitución de la Iglesia Anglicana. Dicho temor se volvió patente cuando en 1833 un Acta del Parlamento reformó los territorios episcopales de la Iglesia de Irlanda. Es necesario aclarar que en ese tiempo los clérigos anglicanos eran funcionarios del Estado y la Iglesia dependía totalmente de los cargos civiles[3].
Ante tales perspectivas, una serie de teólogos, principalmente de la Universidad de Oxford, exhortaron a la recuperación de las tradiciones más antiguas para enfrentar el fuerte movimiento de secularización.
Newman detectó que el talento en boga y la corriente de la opinión pública se estaba posicionando en contra de la Iglesia. Predominaba el vivir bien, el sentido hedonista, relativista, materialista, laicista y ateo. Newman veía cómo la Iglesia anglicana era muy débil para afrontar los cambios que se estaban dando porque dependía del Estado para vivir, los clérigos observaban mudos el fin del prestigio de las autoridades eclesiásticas, y los principios de la Reforma protestante eran impotentes para rescatar a la Iglesia[4]. Así que preguntó ¿qué es la Iglesia de Inglaterra? y así inició el denominado “Movimiento de Oxford” con la publicación de una serie de escritos, “Tracts of the Times”, entre 1833 y 1841, que eran la materialización de este movimiento. Su primer número, escrito por el mismo Newman se titulaba "Tenéis que decidiros".
La próxima entrada proporciona una cronología de su biografía.
--------------------------------
[1] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[2] "En 1538 Enrique VIII, con el fin de llegar a un acuerdo con los príncipes luteranos de Alemania, promulgó los Trece Artículos, que pasaron a ser los Cuarenta y Dos Artículos en 1553 con el arzobispo Thomas Cranmer, que obligó a los sacerdotes a jurarlos para evitar controversias y eliminar resistencia de anabaptistas y católicos. El paso decisivo a los Treinta y Ocho Artículos de 1563, redactados con deliberada ambigüedad para consolidar una Iglesia Nacional que admitiera el mayor número posible de opiniones. La última revisión fue en 1571: los Treinta y Nueve Artículos." Nota del traductor, Víctor García Ruiz, al inicio del capítulo quinto del libro Perder y Ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro, Madrid. 2017.
[3] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[4] Ibidem.
John Henry Newman nació en Inglaterra en 1801. Antes de comentar su pensamiento e influencia, recapitularé la historia del siglo y país en que vivió. La fuente de lo escrito en esta entrada es Wikipedia cuando no se especifica.
Nació bajo la Iglesia Anglicana, la cual es una combinación entre el catolicismo no papal y el protestantismo. En el momento de la ruptura del rey Enrique VIII con Roma por razones personales del rey, en 1534, admitían toda la doctrina católica. Fue Isabel I, en la década inicial de la segunda mitad del siglo XVI, la que dotó al anglicanismo de textos y normas oficiales, dando paso a la influencia protestante en la formación del credo anglicano[1]. Se consideran a sí mismos una vía media bajo tres pilares: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y la razón.
El denominado “Siglo imperial” del Imperio Británico, que comprende el periodo 1815-1914, fue de radical cambio social y político en el Reino Unido y en el cual la religión desempeñó un papel significativo. Si bien el auge imperial fue entre 1880 y 1930, concentrado en África y Asia, la época previa fue de expansión comercial y colonial hacia América. Por ejemplo, en 1806 y 1807 intentaron tomar por la fuerza, sin éxito, la zona del Rio de la Plata a los españoles. Sus grandes colonias americanas fueron las de América el Norte, las que luego dieron nacimiento a los Estados Unidos de América y de Canadá.
Al principio de este período, muchos anglicanos equipararon el bienestar religioso del país con el de la propia Iglesia Anglicana, mientras que los disidentes protestantes y católicos sufrían bajo la discriminación de la legislación religiosa. Por ejemplo, previniendo una revuelta social en Irlanda, en 1829 se aprobó el Acta de Ayuda Católica en la que se permitió que un católico hiciera parte del Parlamento, es decir, antes estaba prohibido. Dicha Acta multiplicó por cinco los requisitos económicos para tener derecho al voto, buscando que disminuyeran la cantidad de campesinos y granjeros católicos de Irlanda que pudieran votar.
Newman estudio su carrera clerical en el Trinity College de Oxford. Las universidades de Oxford y Cambridge desempeñaron un papel central en la Iglesia de Inglaterra. Eran instituciones completamente anglicanas. En Oxford, los estudiantes tenían que suscribirse a los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra como parte del proceso de admisión; mientras que en Cambridge nadie podía graduarse sin hacerlo. Eran los principales viveros del clero anglicano y muy influyentes en el país en general. Los Treinta y Nueve Artículos definen la doctrina de la Iglesia de Inglaterra en cuanto a su relación con la doctrina calvinista y la práctica católica. Fueron definidos inicialmente en 1563, aunque con desarrollos durante los siglos siguientes[2].
Políticamente, la Iglesia Anglicana era abrumadoramente Tory (conservadora). El partido Whig (liberal) y su programa de reforma se soportaba en gran medida en el apoyo de los protestantes más liberales. A pesar del alivio parcial proporcionado por el Acta de Ayuda Católica y revocación de la obligatoriedad de suscribir los Treinta y Nueve Artículos en los años treinta, los no anglicanos seguían sufriendo una grave discriminación. En 1830 se pasó de un gobierno dominado por liberales-conservadores (Pittite-Tories) a un gobierno liberal (Whig). Esto creó tensiones entre la Iglesia Anglicana y el Estado. Por ejemplo, veintiún obispos votaron en contra de la reforma del Parlamento en 1831. Si todos hubieran votado a favor, el proyecto de ley habría pasado. En 1832 se aprobó el Acta de Reforma al sistema electoral de Inglaterra y Gales. Muchos clérigos temían que el gobierno se estuviera preparando para invadir los derechos y la constitución de la Iglesia Anglicana. Dicho temor se volvió patente cuando en 1833 un Acta del Parlamento reformó los territorios episcopales de la Iglesia de Irlanda. Es necesario aclarar que en ese tiempo los clérigos anglicanos eran funcionarios del Estado y la Iglesia dependía totalmente de los cargos civiles[3].
Ante tales perspectivas, una serie de teólogos, principalmente de la Universidad de Oxford, exhortaron a la recuperación de las tradiciones más antiguas para enfrentar el fuerte movimiento de secularización.
Newman detectó que el talento en boga y la corriente de la opinión pública se estaba posicionando en contra de la Iglesia. Predominaba el vivir bien, el sentido hedonista, relativista, materialista, laicista y ateo. Newman veía cómo la Iglesia anglicana era muy débil para afrontar los cambios que se estaban dando porque dependía del Estado para vivir, los clérigos observaban mudos el fin del prestigio de las autoridades eclesiásticas, y los principios de la Reforma protestante eran impotentes para rescatar a la Iglesia[4]. Así que preguntó ¿qué es la Iglesia de Inglaterra? y así inició el denominado “Movimiento de Oxford” con la publicación de una serie de escritos, “Tracts of the Times”, entre 1833 y 1841, que eran la materialización de este movimiento. Su primer número, escrito por el mismo Newman se titulaba "Tenéis que decidiros".
La próxima entrada proporciona una cronología de su biografía.
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[1] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[2] "En 1538 Enrique VIII, con el fin de llegar a un acuerdo con los príncipes luteranos de Alemania, promulgó los Trece Artículos, que pasaron a ser los Cuarenta y Dos Artículos en 1553 con el arzobispo Thomas Cranmer, que obligó a los sacerdotes a jurarlos para evitar controversias y eliminar resistencia de anabaptistas y católicos. El paso decisivo a los Treinta y Ocho Artículos de 1563, redactados con deliberada ambigüedad para consolidar una Iglesia Nacional que admitiera el mayor número posible de opiniones. La última revisión fue en 1571: los Treinta y Nueve Artículos." Nota del traductor, Víctor García Ruiz, al inicio del capítulo quinto del libro Perder y Ganar. John Henry Newman. Editorial Encuentro, Madrid. 2017.
[3] Newman y la crisis actual frente a frente. Rafael Pardo Fernández. Editorial San Pablo. Madrid. 2014.
[4] Ibidem.
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miércoles, 19 de julio de 2017
El silencio de María
María meditaba
todo en el corazón (Lc 2,51). Era una mujer que reflexionaba. No
hablaba mucho. Excepto en el Magníficat, sólo se saben pocas y cortas frases de
ella. Vivía en el silencio interior. Aquel en que se conversa con Dios. Aquel
en que se contempla la obra de Dios en los hombres. Aquel en que se sabe
esperar el tiempo de Dios.
¿Cómo no fijarse en María? Dios habló bien de Moisés, habló bien de Juan Bautista, pero habló tres veces bien de María. ¿Qué otra persona ha recibido semejante tratamiento?
El pecado original se transmite por la carne. Pero Jesús no tuvo pecado original. Pero Jesús era hijo de la carne de María. ¿Es posible que María no tuviera pecado original? Así lo dice Dios Padre a través de su mensajero celestial: “Alégrate, plena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28). La plenitud de la Gracia significa que no puede haber más Gracia. Que está totalmente llena de la vida misma de Dios. No hay cabida para el pecado. Tampoco para el pecado original. Por eso Dios Hijo, en su majestad, pudo habitar en ella.
No fue accidental ni incidental. Dios se preparó para sí mismo una criatura digna de Él. María. No hubo otra ni la habrá. Por eso es bendita entre todas las mujeres. Fue, es y será la más bendecida entre todas las mujeres.
¿Dichosos los pechos que criaron al Redentor? (Lc 11, 27-28) Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen: María. ¿Quién es la madre de Jesús? La que cumple la voluntad del Padre celestial. (Mt 12, 47-50)
¿Quién recibió el Espíritu Santo como primicia de la Ascensión de Jesús a los cielos? Hechos nos dice: "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos." Y Hechos nos dice: "Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.", y luego: "Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse." (Hc 2, 1-5) No hay duda. Lucas, en el libro de los Hechos de los apóstoles, incluye a María cuando dice “todos”. Pero, en realidad, María había recibido hacía mucho tiempo su Pentecostés. El Espíritu Santo hacía mucho tiempo había hecho su obra en ella.
¿Para qué guardaba María todo en el corazón? Ella fue el puente entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La única persona nombrada en la Biblia que está presente antes del nacimiento de Jesús y después de la muerte de Cristo, es María.
Fue María la que dio a conocer a los apóstoles todo lo que aconteció a Jesús antes de que ellos lo conociesen. Cuando Cristo murió crucificado, los apóstoles estaban desolados y llenos de temor. María les contó que ella sintió que había perdido a Jesús cuando Él tenía alrededor de 12 años. Su angustia y temor fue enorme, pero al tercer día lo encontró. (Lc 2, 41-47) ¿No les dio esperanzas a esos corazones arrugados?
-He aquí tu Madre-, nos dice Jesús (Jn 19, 27). Somos el discípulo amado, no tengamos dudas. Tenemos la opción de no tomarla por madre. ¿Pero cómo no llevar a casa a aquella que nos puede indicar los más íntimos secretos del corazón de Jesús? ¿Cómo no honrar a aquella a la que honró Dios Padre? ¿Cómo no tomarla como maestra? ¿Cómo no cuidarla? Sabemos que, a la larga, es ella la que nos cuida a nosotros. No hay duda.
¿Cómo no fijarse en María? Dios habló bien de Moisés, habló bien de Juan Bautista, pero habló tres veces bien de María. ¿Qué otra persona ha recibido semejante tratamiento?
El pecado original se transmite por la carne. Pero Jesús no tuvo pecado original. Pero Jesús era hijo de la carne de María. ¿Es posible que María no tuviera pecado original? Así lo dice Dios Padre a través de su mensajero celestial: “Alégrate, plena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28). La plenitud de la Gracia significa que no puede haber más Gracia. Que está totalmente llena de la vida misma de Dios. No hay cabida para el pecado. Tampoco para el pecado original. Por eso Dios Hijo, en su majestad, pudo habitar en ella.
No fue accidental ni incidental. Dios se preparó para sí mismo una criatura digna de Él. María. No hubo otra ni la habrá. Por eso es bendita entre todas las mujeres. Fue, es y será la más bendecida entre todas las mujeres.
¿Dichosos los pechos que criaron al Redentor? (Lc 11, 27-28) Dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen: María. ¿Quién es la madre de Jesús? La que cumple la voluntad del Padre celestial. (Mt 12, 47-50)
¿Quién recibió el Espíritu Santo como primicia de la Ascensión de Jesús a los cielos? Hechos nos dice: "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos." Y Hechos nos dice: "Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.", y luego: "Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse." (Hc 2, 1-5) No hay duda. Lucas, en el libro de los Hechos de los apóstoles, incluye a María cuando dice “todos”. Pero, en realidad, María había recibido hacía mucho tiempo su Pentecostés. El Espíritu Santo hacía mucho tiempo había hecho su obra en ella.
¿Para qué guardaba María todo en el corazón? Ella fue el puente entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La única persona nombrada en la Biblia que está presente antes del nacimiento de Jesús y después de la muerte de Cristo, es María.
Fue María la que dio a conocer a los apóstoles todo lo que aconteció a Jesús antes de que ellos lo conociesen. Cuando Cristo murió crucificado, los apóstoles estaban desolados y llenos de temor. María les contó que ella sintió que había perdido a Jesús cuando Él tenía alrededor de 12 años. Su angustia y temor fue enorme, pero al tercer día lo encontró. (Lc 2, 41-47) ¿No les dio esperanzas a esos corazones arrugados?
-He aquí tu Madre-, nos dice Jesús (Jn 19, 27). Somos el discípulo amado, no tengamos dudas. Tenemos la opción de no tomarla por madre. ¿Pero cómo no llevar a casa a aquella que nos puede indicar los más íntimos secretos del corazón de Jesús? ¿Cómo no honrar a aquella a la que honró Dios Padre? ¿Cómo no tomarla como maestra? ¿Cómo no cuidarla? Sabemos que, a la larga, es ella la que nos cuida a nosotros. No hay duda.
miércoles, 7 de junio de 2017
Los padres de la Iglesía (III)
San Cirilo (315 - 386). Nacido en Cesaréa Marítima, ciudad situada al norte de la región de Samaria. Fue una ciudad portuaria construida por Herodes el Grande entre los años 25 y 13 a.C., y se convirtió en la capital administrativa romana de la provincia a comienzos del año 6 a.C. En 1961 se descubrió en esta ciudad la Piedra de Pilato, el único objeto arqueológico que menciona al prefecto romano Poncio Pilato, que ordenó la crucifixión de Jesús.
San Cirilo fue un obispo de Jerusalén, declarado doctor de la Iglesia en 1883. Hay que contextualizarlo en el Concilio de Nicea y en las disputas contra los arrianos. Eso lo llevó en una ocasión a retirarse a Tarso. En ese tiempo fue oficialmente encargado de vender propiedades de la Iglesia para ayudar a los pobres, al parecer una excusa para apartarlo de enseñar la doctrina del Concilio de Nicea y no la arriana en su catecismo.
Más tarde fue exiliado de Jerusalén, hasta la ascensión del emperador Juliano el Apóstata que le permitió regresar. Pero el emperador Valente, que era arriano, lo volvió a deportar en el año 367. Posteriormente participó en el Primer Concilio de Constantinopla (381). En ese concilio, votó por la aceptación del término homoioussios en el entendido de que hay consubstancialidad de las tres personas de la Trinidad[1], en referencia a la naturaleza de Dios.[2]
He aquí un escrito suyo acerca de la catolicidad[3]:
La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestiales o las terrenas; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y a los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella posee todo género de virtudes, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.
Con toda propiedad se la llama Iglesia o convocación, ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: Convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión. Y es de notar que la primera vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es precisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: Convoca el pueblo a asamblea, para que yo le haga oír mis palabras y aprendan a temerme. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, de en medio del fuego, el día de la iglesia o convocación; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregasteis.» También el salmista dice: Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo.
Anteriormente había cantado el salmista: En la iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán.
En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que estaba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la iglesia de los fieles. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: Vosotros no me agradáis -dice el Señor de los ejércitos-, añadiendo a continuación: Desde el oriente hasta el poniente es grande mi nombre entre las naciones.
Acerca de esta misma santa Iglesia católica escribe Pablo a Timoteo: Sabrás ya de este modo cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
En un escrito de sus Catequesis, menciona su enseñanza sobre el Cuerpo y la Sangre[4]:
1. Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11,23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11,23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26,26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?
2. En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2,1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?
3. Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1,4).
4. En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6,53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (cf. 6,60) creyendo que les invitaba a comer carnes.
5. Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.
6. Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estáte seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo.
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[1] http://www.mercaba.org/VocTEO/H/homoousios.htm bajado el 8 de junio de 2017
[2] Wikipedia.
[3] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/sync/2017/jun/07/oficio.htm
[4] http://www.mercaba.org/TESORO/CIRILO_J/Cirilo_24.htm bajado el 8 de junio de 2017
San Cirilo fue un obispo de Jerusalén, declarado doctor de la Iglesia en 1883. Hay que contextualizarlo en el Concilio de Nicea y en las disputas contra los arrianos. Eso lo llevó en una ocasión a retirarse a Tarso. En ese tiempo fue oficialmente encargado de vender propiedades de la Iglesia para ayudar a los pobres, al parecer una excusa para apartarlo de enseñar la doctrina del Concilio de Nicea y no la arriana en su catecismo.
Más tarde fue exiliado de Jerusalén, hasta la ascensión del emperador Juliano el Apóstata que le permitió regresar. Pero el emperador Valente, que era arriano, lo volvió a deportar en el año 367. Posteriormente participó en el Primer Concilio de Constantinopla (381). En ese concilio, votó por la aceptación del término homoioussios en el entendido de que hay consubstancialidad de las tres personas de la Trinidad[1], en referencia a la naturaleza de Dios.[2]
He aquí un escrito suyo acerca de la catolicidad[3]:
La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestiales o las terrenas; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y a los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella posee todo género de virtudes, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.
Con toda propiedad se la llama Iglesia o convocación, ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: Convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión. Y es de notar que la primera vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es precisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: Convoca el pueblo a asamblea, para que yo le haga oír mis palabras y aprendan a temerme. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, de en medio del fuego, el día de la iglesia o convocación; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregasteis.» También el salmista dice: Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo.
Anteriormente había cantado el salmista: En la iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán.
En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que estaba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la iglesia de los fieles. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: Vosotros no me agradáis -dice el Señor de los ejércitos-, añadiendo a continuación: Desde el oriente hasta el poniente es grande mi nombre entre las naciones.
Acerca de esta misma santa Iglesia católica escribe Pablo a Timoteo: Sabrás ya de este modo cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
En un escrito de sus Catequesis, menciona su enseñanza sobre el Cuerpo y la Sangre[4]:
1. Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11,23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11,23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26,26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?
2. En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2,1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?
3. Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1,4).
4. En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6,53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (cf. 6,60) creyendo que les invitaba a comer carnes.
5. Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.
6. Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estáte seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo.
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[1] http://www.mercaba.org/VocTEO/H/homoousios.htm bajado el 8 de junio de 2017
[2] Wikipedia.
[3] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/sync/2017/jun/07/oficio.htm
[4] http://www.mercaba.org/TESORO/CIRILO_J/Cirilo_24.htm bajado el 8 de junio de 2017
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catolicidad,
Eucaristía,
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