Columna de opinión de Lauren Enriquez. New York Times, 27 de febrero de 2017.
A los pocos días de la elección de Donald J. Trump, la izquierda estadounidense, nuevamente animada en la oposición, manifestó un grito de protesta: "El amor triunfa sobre el odio". Inherente al lema es la idea de que el señor Trump defiende la división y la discriminación, en tanto que sus oponentes representan el amor y la inclusión. En ningún sitio fue más visible este sentimiento que en la Marcha de las Mujeres en Washington al día siguiente de la inauguración del mandato presidencial.
Sin embargo, en aquel momento y desde entonces, está perdido en medio de la acción cualquier sentido de lo que el movimiento representa; en última instancia, se estableció el sentido de aquello por lo que el movimiento está en contra: no sólo la caricatura de un Sr. Trump como misógino inclinado a enviar a las mujeres a los Estados Unidos de la década de 1950, sino también todo lo relacionado con él. Tal vez lo más importante es que mientras la Marcha de las Mujeres afirmaba defender el amor, la no violencia y la inclusión, sus organizadoras se negaron de manera firme a extender esa "inclusión" a las mujeres pro-vida.
No podemos pasar por alto el significado de este acto, porque revela una grieta fatal en la armadura del nuevo movimiento de resistencia feminista: su posición radical sobre el aborto. Este movimiento no será capaz de unir a las mujeres estadounidenses porque rechaza la posición que la mayoría de las mujeres estadounidenses tienen acerca del aborto - que debe ser completamente ilegal, o legal, pero con restricciones significativas.
Según la última Encuesta Marista financiada por los Caballeros de Colón, un sondeo anual de opiniones sobre el aborto, poco más de la mitad de todas las mujeres quieren ver más restricciones sobre el aborto. Para millones de mujeres, incluidas jóvenes como yo, esto no es sólo una postura política; involucra muchas áreas de nuestras vidas como mujeres. Para nosotras, la "resistencia" tiene que incluir la oposición a la mentira de que la libertad puede ser comprada con la sangre de nuestros hijos pre-nacidos.
Rechazamos la idea de que necesitamos el libre “aborto por demanda”, sin disculpas. Estamos ofendidas por los esfuerzos beligerantes de los medios de comunicación de retratar el movimiento pro-aborto como normal, mientras hace oidos sordos ante las millones de nosotras que creemos que las mujeres merecen algo mejor que el aborto. Rechazamos una caústica minoría que dice hablar en nuestro nombre y nos excluye del "movimiento de mujeres".
Las mujeres contra el aborto rechazan la versión del "feminismo" que infiere que no podemos ser iguales a los hombres a menos que desaparezca lo que es único acerca de nosotras como mujeres: nuestra capacidad de proteger, fomentar y nutrir una nueva vida dentro de nuestros cuerpos. Nos resistimos a la sabiduría convencional de que las mujeres tendrán éxito en la escuela, la carrera profesional y la vida sólo si relegamos la maternidad a un momento "ideal" difícil de alcanzar en el tiempo. Rechazamos la presión para que creamos que matar a nuestras hijas y vivir una vida plena es complementario. No lo es.
Como mujer que ha estado involucrada en el movimiento pro-vida por toda mi vida adulta, quiero borrar el estereotipo de que las personas que trabajan para acabar con el aborto odian a las mujeres. Mi movimiento empodera a las mujeres de maneras tangibles. En Human Coalition, donde trabajo, extendemos ayuda tangible y compasiva a mujeres embarazadas que creen que el aborto es la mejor o única opción disponible para ellas. Este es un grupo poblacional desatendido, y estamos trabajando para estar en el combate a favor de ellas.
Grupos como el nuestro trabajan con cada mujer para identificar las circunstancias únicas que la han hecho sentir impotente, y luego respondemos a esas necesidades. Eso puede significar ir con ellas a solicitar servicios de seguridad social; ayudándolas a asegurar viviendas seguras y asequibles; encontrando soluciones de cuidado de niños; o ayudarlas a mejorar su currículum y a encontrar empleo. No hay debate: Las mujeres se enfrentan a obstáculos durante el embarazo. Pero me niego a aceptar que la venta ambulante de la muerte ante la crisis pueda realmente alguna vez empoderar a una mujer.
Y no son sólo las mujeres pro-vida las que sienten de esta manera. Los hombres junto con los que trabajo quieren acabar con el aborto no porque quieran controlar a las mujeres, sino porque están de acuerdo en que el sacrificio de los hijos de una mujer a cambio de su éxito es inimaginable.
Los hombres con los que trabajo están creando una cultura en la cual sus propias esposas, hijas y hermanas son fortalecidas y apoyadas. Están haciendo impensable el aborto al extender compasión y esperanza en una sociedad donde los hombres han usado demasiado a menudo el aborto para oprimir y explotar a las mujeres.
Si un movimiento quiere hablar por mí como mujer, entonces debe ser lo suficientemente amplio como para tomar mis firmes creencias, y aceptarlas como corriente de pensamiento. Las mujeres que desafían el movimiento del aborto saben que nuestro poder no está en un puño cerrado o un acto de violencia contra cualquier persona - especialmente no contra nuestros propios niños pre-nacidos. Más bien, nuestro poder consiste en elevar el statu quo del aborto exigiendo más por nosotras mismas, por nuestras familias y por nuestros hijos.
Fuente: https://www.nytimes.com/2017/02/27/opinion/how-the-new-feminist-resistance-leaves-out-american-women.html
Blog que incorpora apologética (defensa de la fe), ética en el contexto de la sociedad actual y, en general, formación.
viernes, 3 de marzo de 2017
lunes, 27 de febrero de 2017
¿Creacionismo o evolucionismo?
Hace poco más de un año me invitaron a una charla que iban a dar unos científicos católicos norteamericanos. No me dijeron más. Investigué acerca de los individuos y encontré que apoyaban el creacionismo. Respondí de una manera dura y poco caritativa sobre el fundamentalismo y cómo ahora los católicos norteamericanos se están dejando llevar por sus hermanos protestantes.
El tema me dejó inquieto. ¿Por qué hay tanta gente de acuerdo con el creacionismo? ¿Qué hay de fundamentalismo y qué hay de ciencia en mi primera reacción? Me permití darle un vistazo al tema.
Se deben distinguir dos sentidos del “creacionismo”. Una cosa es el “creacionismo científico” que en biología se opone a la teoría de la evolución y defiende que cada una de las especies es el resultado de un acto particular de creación. Otra cosa diferente es el “creacionismo” como visión filosófica o teológica. En este segundo sentido nos estamos refiriendo a la teoría según la cual Dios creó el mundo de la nada e interviene directamente en la creación del alma humana en el momento de la concepción.
Se puede ser creacionista en este segundo sentido, y a la vez ser partidario, en el ámbito científico, de la teoría de la evolución.
El Papa Juan Pablo II en una de sus catequesis semanales tocó el tema de la evolución, indicando que ésta es “sólo una probabilidad, no una certeza científica”. Recordó que “la doctrina de fe afirma que el alma espiritual humana es creada directamente por Dios. De acuerdo a la hipótesis mencionada (la evolución), es posible que el cuerpo humano, siguiendo la orden imprimida por el Creador sobre las energías de la vida, pudiera haber sido preparado gradualmente en formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende definitivamente la humanidad del hombre, no puede provenir de la materia, debido a su naturaleza espiritual”. (16-abril-1986)
Dios pudo haber escogido formar el universo a través de un proceso evolucionista. Pero, aunque lo haya hecho así y no lo haya hecho por creación directa, Dios siempre debe ser reconocido como su Creador.
Bajo esta clara premisa, la Iglesia Católica estimula una investigación diligente, seria y honesta, de manera que algún día los científicos puedan conocer con certeza el método que Dios utilizó para llevar al ser humano y al universo hasta su estado actual de desarrollo. La respuesta final no causará conflicto entre la verdad científica y la verdad de fe, ya que Dios es el autor de ambas.
El Magisterio de la Iglesia, en sí, no se opone a la evolución como teoría científica. Por una parte, deja y pide a los científicos que hagan investigación en lo que constituye su ámbito específico. Pero, por otra, ante las ideologías que están detrás de algunas versiones del evolucionismo, deja claros algunos puntos fundamentales que hay que respetar:
Transcribo ahora algunos de los puntos que los creacionistas le argumentan a los evolucionistas:
El tema me dejó inquieto. ¿Por qué hay tanta gente de acuerdo con el creacionismo? ¿Qué hay de fundamentalismo y qué hay de ciencia en mi primera reacción? Me permití darle un vistazo al tema.
Se deben distinguir dos sentidos del “creacionismo”. Una cosa es el “creacionismo científico” que en biología se opone a la teoría de la evolución y defiende que cada una de las especies es el resultado de un acto particular de creación. Otra cosa diferente es el “creacionismo” como visión filosófica o teológica. En este segundo sentido nos estamos refiriendo a la teoría según la cual Dios creó el mundo de la nada e interviene directamente en la creación del alma humana en el momento de la concepción.
Se puede ser creacionista en este segundo sentido, y a la vez ser partidario, en el ámbito científico, de la teoría de la evolución.
El Papa Juan Pablo II en una de sus catequesis semanales tocó el tema de la evolución, indicando que ésta es “sólo una probabilidad, no una certeza científica”. Recordó que “la doctrina de fe afirma que el alma espiritual humana es creada directamente por Dios. De acuerdo a la hipótesis mencionada (la evolución), es posible que el cuerpo humano, siguiendo la orden imprimida por el Creador sobre las energías de la vida, pudiera haber sido preparado gradualmente en formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende definitivamente la humanidad del hombre, no puede provenir de la materia, debido a su naturaleza espiritual”. (16-abril-1986)
Dios pudo haber escogido formar el universo a través de un proceso evolucionista. Pero, aunque lo haya hecho así y no lo haya hecho por creación directa, Dios siempre debe ser reconocido como su Creador.
Bajo esta clara premisa, la Iglesia Católica estimula una investigación diligente, seria y honesta, de manera que algún día los científicos puedan conocer con certeza el método que Dios utilizó para llevar al ser humano y al universo hasta su estado actual de desarrollo. La respuesta final no causará conflicto entre la verdad científica y la verdad de fe, ya que Dios es el autor de ambas.
El Magisterio de la Iglesia, en sí, no se opone a la evolución como teoría científica. Por una parte, deja y pide a los científicos que hagan investigación en lo que constituye su ámbito específico. Pero, por otra, ante las ideologías que están detrás de algunas versiones del evolucionismo, deja claros algunos puntos fundamentales que hay que respetar:
- No se puede excluir, «a priori», la causalidad divina. La ciencia no puede ni afirmarla, ni negarla.
- El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. De este hecho deriva su dignidad y su destino eterno.
- Hay una discontinuidad entre el ser humano y otros seres vivientes, en virtud de su alma espiritual, que no puede ser generada por simple reproducción natural, sino que es creada inmediatamente por Dios.
Transcribo ahora algunos de los puntos que los creacionistas le argumentan a los evolucionistas:
- La Evolución es una teoría. Es decir, es sólo una posible explicación de los orígenes del universo, no un hecho científicamente comprobado, menos aún, innegable ... a pesar de lo que digan los libros de texto. Siendo sólo una teoría, debe aceptarse o rechazarse basándonos en evidencia científica.
- Los científicos evolucionistas no pueden demostrar sus teorías como un químico lo hace en un laboratorio, sino que sus teorías las desarrollan basados en interpretaciones razonables, en la que muchas veces incluyen la imaginación.
- La Teoría de la selección natural ha sido seriamente cuestionada por algunos científicos. Las posiciones contrarias a ella están siendo bloqueadas en los medios académicos, lo cual va en contra del método científico.
- En la evolución de las especies el estudio de los fósiles no ofrece pruebas del paso de los peces a los reptiles, de las aves a los mamíferos, ni tampoco eslabones entre una especie y otra. De tal forma que muchos científicos están considerando la evolución como una teoría más bien especulativa.
-
Tampoco el “eslabón perdido” que establecería el paso de una especie homínida al hombre actual se ha conseguido todavía. Más aún, como la ciencia evolucionista no es una disciplina estable, suceden revisiones, correcciones y replanteamientos de manera constante. Por ejemplo, hoy en día el Homus Erectus incluye a tres divisiones de fósiles que anteriormente se consideraban diferentes entre sí: el hombre de Pekin, el hombre de Java y el hombre de Neardental. Es decir, actualmente los científicos están dándose cuenta que fósiles que parecían distintos (pocos, por cierto) son esencialmente los mismos.
Otro ejemplo: la teoría de que el ser humano fue en algún momento feroz hoy en día se refuta, ya que hay evidencia de que el ser humano fue desde el principio avanzado en el desarrollo de utensilios, llegó a realizar amputaciones y hasta enterraba a sus muertos con flores. Y esto no corresponde a la categoría de bestia que se la ha dado en algunas teorías evolucionistas.
Estos puntos apoyan que no se tome el evolucionismo como verdad definitiva. Son puntos válidos, que en sí mismos tampoco apoyan el creacionismo en la primera acepción expuesta.
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martes, 17 de enero de 2017
Las ofensas a la castidad
La introducción al blog especifica que comprende, entre otras, "ética en el contexto actual". Encuentro que además de hablar de cuestiones de derechos humanos, trato mucho el tema de la sexualidad. Pero no es de extrañar. Estamos en una sociedad que vende el sexo como sinónimo de felicidad. Bien nos advierte Pedro en I Pe 5,8 que Satanás es como león rugiente buscando devorar a su presa y Jesús en Jn 8,44 lo define como el padre de la mentira.
Lo que vende el mundo son ofensas a la castidad, o dicho de otra manera impureza. ¿Por qué es importante para Satanás la impureza? Lo cierto es que no es posible ver a través de agua turbia. Y en cuestiones espirituales no es posible ver el amor de Dios a través de la impureza. Una vez eres impuro, no te será claro el bien y el mal y quedas en manos del mundo y sus tentaciones, sin entender por qué te hacen mal.
Transcribo los numerales correspondientes a las ofensas a la castidad del Catecismo de la Iglesia Católica:
Lo que vende el mundo son ofensas a la castidad, o dicho de otra manera impureza. ¿Por qué es importante para Satanás la impureza? Lo cierto es que no es posible ver a través de agua turbia. Y en cuestiones espirituales no es posible ver el amor de Dios a través de la impureza. Una vez eres impuro, no te será claro el bien y el mal y quedas en manos del mundo y sus tentaciones, sin entender por qué te hacen mal.
Transcribo los numerales correspondientes a las ofensas a la castidad del Catecismo de la Iglesia Católica:
2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.
2352 Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. “Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”. “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”. Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de “la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 9).
Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral.
2353 La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores.
2354 La pornografía consiste en sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales, reales o simulados, para exhibirlos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.
2355 La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.
2356 La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf. incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.
Algunas aclaraciones:
Desordenado significa que no está bajo el dominio (las órdenes) de uno mismo.
Venéreo significa "relativo o concerniente al place sexual".
De la masturbación, muchos nos justificamos diciendo que no le hacemos daño a nadie, no obstante, el daño es amplio y duradero. La venérea masturbación requiere de la fantasía sexual, por eso masturbación y pornografía van juntas. Dicha fantasía lleva a exigir de la pareja real comportamientos irreales, generando disconformidades que atentan contra el verdadero significado del amor y la sexualidad como entrega mutua (don de sí a la pareja). Los psicólogos dicen que alrededor del 70% de las separaciones matrimoniales tienen asociada la pornografía. Un camino cierto para llegar a la incapacidad de crear y mantener relaciones estables de pareja son estas ofensas contra la castidad. Por el contrario, si buscas una relación estable y feliz, evita a toda costa la pornografía y la consecuente masturbación. Sólo Dios es capaz de borrar las imágenes pornográficas impresas profundamente en la mente. Obsérvese que ambas ofensas las califica el Catecismo de 'graves'.
De la lujuria y la fornicación ya se ha hablado abundantemente en otras entradas.
La prostitución y la violación van mucho más allá de un pecado sexual comprendiendo en realidad un abanico completo de pecados.
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martes, 10 de enero de 2017
Sexualidad, voluntad y derechos
Algunas frases sobre el tema:
Sobre la sexualidad y la voluntad.
Sobre la sexualidad y la voluntad.
“… los hombres, despreciando cosas mejores y dudando acerca de su percepción, prefirieron buscar lo más cercano a ellos, y lo más cercano a ellos era su propio cuerpo y sus sentidos … más cuando, instigados por la serpiente, se apartaron de la consideración de Dios y comenzaron a considerarse a sí mismos, entonces fue cuando cayeron en el deseo del cuerpo y se dieron cuenta de que estaban desnudos.” San Atanasio de Alejandría en “Contra los paganos”
Esto depende ante todo de la constitución
del ser humano, que está compuesto de cuerpo y alma. El hombre es realmente él
mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede
considerarse superado cuando se logra esta unificación. Si el hombre
pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una
herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el
contrario, repudia el cuerpo y por tanto a la materia, el cuerpo, como una
realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. Dios es Amor. Benedicto XVI.
Ni la carne ni el espíritu aman: es el
hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte
el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad,
el hombre es plenamente él mismo. Únicamente de este modo el amor – el eros-
puede madurar hasta su verdadera grandeza. Dios
es Amor. Benedicto XVI.
Hace falta una purificación y maduración,
que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni “envenenarlo”,
sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza. Dios es Amor. Benedicto XVI.
Dios todopoderoso… concedió al alma
irracional memoria, sentidos y apetito, y a la racional, además de éstas
cualidades, espíritu, inteligencia y voluntad. San Agustín. La Ciudad de Dios.
Precisamente por esto, por ser diferente,
se erije en juez de los sentidos, y lo que aquellos perciben, ésta lo discierne
y lo recuerda, y les indica lo que es mejor. Pues lo propio del ojo es ver, y
de los oídos oir, y de la boca gustar, y de la nariz percibir olores … pero lo
que hay que ver y oír, lo que hay que tocar, gustar y oler, no le toca a los
sentidos discernirlo, sino al alma y a la mente que hay en ella. San Atanasio de Alejandría en “Contra los
paganos”.
El amor es ocuparse del otro y preocuparse
por el otro. Ya no se busca a sí mismo, ni sumirse en la embriaguez de la
felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia,
está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca. “El que pretenda guardarse su
vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará” (Lc 17, 33). Dios es Amor. Benedicto XVI.
La unión de los cuerpos ha sido siempre el lenguaje más fuerte con el que dos seres pueden comunicarse entre sí. Y por eso mismo, un lenguaje semejante, que afecta al misterio sagrado del hombre y de la mujer, exige que no se realicen jamás los gestos del amor sin que se aseguren las condiciones de una posesión total y definitiva de la pareja, y que la decisión sea tomada públicamente mediante el matrimonio. Carta apostólica sobre La Vocación. Juan Pablo II.
La unión de los cuerpos ha sido siempre el lenguaje más fuerte con el que dos seres pueden comunicarse entre sí. Y por eso mismo, un lenguaje semejante, que afecta al misterio sagrado del hombre y de la mujer, exige que no se realicen jamás los gestos del amor sin que se aseguren las condiciones de una posesión total y definitiva de la pareja, y que la decisión sea tomada públicamente mediante el matrimonio. Carta apostólica sobre La Vocación. Juan Pablo II.
Sobre
los Derechos Humanos
Existe precisamente un cierto número de
derechos que la sociedad no está en condiciones de conceder porque esos
derechos son anteriores a la sociedad; sin embargo, la sociedad tiene la
función de preservarlos y hacerlos cumplir. Estos son algunos de los que hoy
son llamados “derechos humanos”, y que nuestra época se jacta de haber
formulado. Evangelium Vitae. Juan Pablo
II.
El primer derecho de la persona humana es
su vida. Ella tiene otros bienes, y algunos son más preciosos, pero éste es
fundamental, condición de todos los otros. Por lo tanto, debe ser protegido por
encima de todos los demás. No pertenece a la sociedad, ni pertenece a la
autoridad pública, en ninguna forma, el reconocer este derecho para unos y no
para otros. No es el reconocimiento por parte de otros que constituye este
derecho. Este derecho es algo anterior a su reconocimiento; exige
reconocimiento, y es absolutamente injusto negarlo. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, la instrucción “On
procurado Aborto”, 18 de noviembre de 1974, nn 10-13, en la Justicia Social
Review, noviembre de 1974, p. 207.
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lunes, 2 de enero de 2017
Cine y sociedad
En estos días se estrena con gran expectativa
la película “Silencio” de Martin Scorsese. Se trata de la traducción a la pantalla
grande de una novela basada en hechos históricos escrita por un autor japonés:
Shusako Endo. Se ha publicitado como una superproducción, y probablemente lo
sea, pero en el ámbito católico ha creado gran expectativa por cuanto trata del
proceso de evangelización llevado a cabo por los jesuitas en Japón en los siglos XVI y XVII y lleva a pensar en san
Francisco Xavier.
Pero la película no trata del santo, ni de la
santidad, ni de la gracia que se requiere
para evangelizar y mantenerse fiel aún en la persecución. Por el contrario,
protagoniza la historia un jesuita que apostata por el temor a ser torturado. Los
protagonistas secundarios son miles de japoneses, que con una formación
mucho más superficial mueren cruelmente torturados por no abdicar de su fe.
Este punto hace mucho más impactante la apostasía del primero.
Junto al sacerdote, otro protagonista es un atormentado japonés cuya familia entera había sido sacrificada por sostenerse en su fe. El sobrevivió al abjurar. De hecho abjura una y otra vez, y cada vez se confiesa de ese pecado, reconociendo que su debilidad le impide no apostatar ante la amenaza. Es un recurso para anticiparnos el estado de ánimo del sacerdote. Es el tema central, la debilidad de la fe del ser humano al enfrentarse al dolor, el propio o el ajeno.
La película finaliza con el sacerdote viviendo cómodamente como filósofo, sostenido por el Estado, aunque se insinúa que en realidad sigue creyendo, pero para sí mismo.
Junto al sacerdote, otro protagonista es un atormentado japonés cuya familia entera había sido sacrificada por sostenerse en su fe. El sobrevivió al abjurar. De hecho abjura una y otra vez, y cada vez se confiesa de ese pecado, reconociendo que su debilidad le impide no apostatar ante la amenaza. Es un recurso para anticiparnos el estado de ánimo del sacerdote. Es el tema central, la debilidad de la fe del ser humano al enfrentarse al dolor, el propio o el ajeno.
La película finaliza con el sacerdote viviendo cómodamente como filósofo, sostenido por el Estado, aunque se insinúa que en realidad sigue creyendo, pero para sí mismo.
Mons. Robert Barron, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles, hace aquí un comentario sobre la película. Rescato de su escrito que la película muestra la clase de cristianismo del que la cultura actual tiene preferencia: uno que expresa su fe en privado, de manera escondida e inofensiva.
Me vienen cuatro ideas a la cabeza: 1. Quien niegue a Jesús ante los hombres será negado por Jesús ante Dios. Frase fuerte del mismo Jesús, y que viene al caso. Cristiano es el que sigue a Cristo y Él entregó su vida muriendo crucificado en un madero, tratado como criminal. Podría la película tratar sobre el miedo que todos tenemos a ser martirizados por defender nuestra fe, pero entonces debería explicar cómo esa fidelidad es don de Dios y no cualidad del hombre, pero no lo hace. 2. Los laicos sumamos, pero los sacerdotes multiplican. Es impactante e importante que tantos cristianos nipones anónimos hayan muerto martirizados por defender su fe. Podría tratar la película sobre la opresión de los gobernantes y príncipes de este mundo, de la injusticia y de cómo el mensaje cristiano es una esperanza para salir de tal estado. Pero sólo resalta cómo los tiranos se salieron con la suya en el Japón del siglo XVII. 3. El título de la película hace referencia a que en medio de sus temores y circunstancias, el jesuita no oye la voz de Dios. Hay una intensa lucha espiritual dentro de esa alma. Podría la película explorar cómo el silencio de Dios es parte del crisol en que se depura nuestra fe. Pero no lo hace. 4. Los samurais exponen que consideran peligrosa la fe cristiana y que por eso la persiguen. La película en ningún momento reflexiona acerca del por qué. Recordemos que era una sociedad feudal que consideraba a los seres humanos como propiedad de la que se podía disponer como se quisiera. El mensaje de esperanza y dignidad cristianas eran la fuente del peligro.
Una escena fundamental es la conversación entre un sacerdote que ya ha apostatado y otro que se niega a hacerlo. El primero, haciendo referencia a lo dura que es la vida en Japón, dice: "Encontramos nuestra naturaleza humana en Japón, tal vez eso sea encontrar a Dios". Ahí esta el punto clave: toda la película se queda en lo humano. No hace presencia la Gracia.
Los medios de comunicación ponderan
positivamente la película y resaltan que sea una película de contenido
católico, dando a entender que es un tema vigente y pertinente, y que tiene una
visión de muchas aristas que dará para filosofar durante mucho tiempo.
Desde un punto de vista de fe, la película poco ayuda. No sugiero que no la vean, pero sí sugiero que la motivación no sea el contenido de fe, porque la voz del mundo es la que se resalta en la película, no la de Dios. Me asalta a la mente un escena del Evangelio: "!Apártate de mi Satanás¡ Piensas como los hombres, no como Dios".
Desde un punto de vista de fe, la película poco ayuda. No sugiero que no la vean, pero sí sugiero que la motivación no sea el contenido de fe, porque la voz del mundo es la que se resalta en la película, no la de Dios. Me asalta a la mente un escena del Evangelio: "!Apártate de mi Satanás¡ Piensas como los hombres, no como Dios".
Las decisiones que tomamos sobre lo correcto e incorrecto es un tema personal, pero en los cristianos está iluminada por una ética basada en una concepción antropológica personalista y una filosofía realista que propende por la dignidad de la persona humana y la libertad de conciencia. Toda actuación de los poderes públicos o de la sociedad civil que atente contra dichos principios debe ser denunciada y expuesta a la luz. Esa es la posición que incomoda a la cultura actual y esos valores de coraje y claridad basados en la Verdad son los que deberían mostrar los medios de comunicación como el cine.
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martes, 27 de diciembre de 2016
Ecología y ética cristiana
Vivimos un tiempo en que todos nos vemos
afectados por el desequilibrio de los sistemas ecológicos a nivel local y global.
A todos nos afecta, pero en occidente los ecologistas ateos y los cristianos estamos
enfrentados en las guerras culturales pareciendo que dejamos de lado tan gran
problema común. ¿Son la ecología y la ética cristiana dos problemas diferentes
o son dos caras de una misma moneda?
En la moral cristiana nuestro comportamiento debe ir orientado a las cosas eternas, no las temporales, por ello un ideal es lograr despreciar todo lo terreno en pro de anhelar los bienes venideros. Pero esta es sólo la mitad de la historia. En la moral cristiana nuestro comportamiento también debe ir orientado al respeto a la creación. El paradigma para los católicos es Francisco de Asís, patrón de la ecología, pero también el santo para los santos, es decir, quién fue un ejemplo para aquellos a quienes debemos imitar. Fue un hombre profundamente espiritual, que predicaba con el ejemplo la “hermana pobreza” como vivencia del desprecio por las cosas temporales, pero que amaba y respetaba profundamente a la “hermana naturaleza” como vivencia del respeto por la creación como imagen del amor de Dios por los hombres.
El Papa Francisco inició su pontificado con una carta encíclica, es decir, una circular dirigida a todos los fieles de la Iglesia católica, acerca del cuidado de la casa común. Se trata de “Laudato, sí”, y la casa común a que se refiere es el planeta Tierra.
A partir del numeral 216 de la circular (encíclica) mencionada, propone unas líneas para generar una espiritualidad ecológica porque “la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea.”
Nos habla del peligro de esa visión desentendida de las realidades temporales y del peligro de la pasividad ante el medio ambiente: “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana.”
Nos exhorta a reconciliarnos con la creación examinando nuestras vidas y reconociendo de qué maneras ofendemos la creación de Dios con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar. Implica reconocer con gratitud lo recibido en el mundo y de darnos cuenta que nos fue dado de manera gratuita y amorosa. No fuimos nosotros los creadores de la naturaleza. Añade que la conversión ecológica también implica “la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres.”
La carta a los Romanos menciona a la creación como a un ser vivo[1]: “Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.” (Rm 8, 19-23). ¿A qué hace referencia?
Una respuesta nos la proporciona el cardenal Joseph Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI. Peter Seewald, periodista, le recuerda al cardenal en 1996: “Hace poco usted decía: tal vez las advertencias bíblicas sobre la mala conducta del hombre quisieran decirnos: el estado de nuestro espíritu influye en la naturaleza”. A lo que responde Ratzinger. “Sí. A mí a veces también me parece ver claramente que es el hombre quien amenaza a la naturaleza arrebatándole su hálito de vida. Y esa contaminación ambiental exterior que sufrimos también me parece espejo y consecuencia de la contaminación de nuestro interior, a la que apenas prestamos atención. Yo diría que ése es el defecto de los movimientos ecologistas. Arremeten con pasión muy comprensible y justificada contra la contaminación del medio ambiente, mientras tratan la autocontaminación espiritual del hombre como si fuera uno de sus derechos a la libertad. Ahí hay una incoherencia. Eliminamos la contaminación visible, pero no prestamos atención a la contaminación espiritual del hombre ni a la imagen de criatura que hay en él, para poder respirar humanamente, y en cambio, defendemos con un concepto falso de la libertad todo lo que el arbitrio humano produce.
Mientras sigamos manteniendo esa caricatura de libertad – la libertad de destrucción interior y espiritual – no cambiarán siquiera sus consecuencias exteriores.
El capítulo 8 de la carta a los romanos lo explica muy claramente. Dice que Adán, es decir, el hombre interiormente contaminado, trata a la Creación como a una esclava y la somete, y que la Creación sometida gime por ello. Hoy en día escuchamos a la creación gemir como nunca. Pablo, además añade, que la Creación espera la presencia del Hijo de Dios para poder respirar, y que sólo respirará cuando se vea sometida a hombres que sean un reflejo de Dios.”[2]
Ya hemos identificado, entonces, cuál es el punto de desacuerdo entre los ecologistas ateos y los cristianos: el cuidado de la naturaleza no será posible sin una mística con “móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria”[3], pero en los cristianos los móviles deben estar guiados por una moral que no malentienda lo que es la libertad.
“Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacitad – por poner sólo algunos ejemplos –, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza».”[4]
Hablar de la bioética hacia el ser humano es hablar acerca de la bioética hacia la naturaleza. No se puede defender la naturaleza y defender el aborto, la eutanasia, la promiscuidad y otros asuntos defendidos por el relativismo. “No hay ecología sin una adecuada antropología.”[5]
“… es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica.”[6]
La ecología y la ética cristiana son entonces dos caras de una misma moneda.
En la moral cristiana nuestro comportamiento debe ir orientado a las cosas eternas, no las temporales, por ello un ideal es lograr despreciar todo lo terreno en pro de anhelar los bienes venideros. Pero esta es sólo la mitad de la historia. En la moral cristiana nuestro comportamiento también debe ir orientado al respeto a la creación. El paradigma para los católicos es Francisco de Asís, patrón de la ecología, pero también el santo para los santos, es decir, quién fue un ejemplo para aquellos a quienes debemos imitar. Fue un hombre profundamente espiritual, que predicaba con el ejemplo la “hermana pobreza” como vivencia del desprecio por las cosas temporales, pero que amaba y respetaba profundamente a la “hermana naturaleza” como vivencia del respeto por la creación como imagen del amor de Dios por los hombres.
El Papa Francisco inició su pontificado con una carta encíclica, es decir, una circular dirigida a todos los fieles de la Iglesia católica, acerca del cuidado de la casa común. Se trata de “Laudato, sí”, y la casa común a que se refiere es el planeta Tierra.
A partir del numeral 216 de la circular (encíclica) mencionada, propone unas líneas para generar una espiritualidad ecológica porque “la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea.”
Nos habla del peligro de esa visión desentendida de las realidades temporales y del peligro de la pasividad ante el medio ambiente: “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana.”
Nos exhorta a reconciliarnos con la creación examinando nuestras vidas y reconociendo de qué maneras ofendemos la creación de Dios con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar. Implica reconocer con gratitud lo recibido en el mundo y de darnos cuenta que nos fue dado de manera gratuita y amorosa. No fuimos nosotros los creadores de la naturaleza. Añade que la conversión ecológica también implica “la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres.”
La carta a los Romanos menciona a la creación como a un ser vivo[1]: “Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.” (Rm 8, 19-23). ¿A qué hace referencia?
Una respuesta nos la proporciona el cardenal Joseph Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI. Peter Seewald, periodista, le recuerda al cardenal en 1996: “Hace poco usted decía: tal vez las advertencias bíblicas sobre la mala conducta del hombre quisieran decirnos: el estado de nuestro espíritu influye en la naturaleza”. A lo que responde Ratzinger. “Sí. A mí a veces también me parece ver claramente que es el hombre quien amenaza a la naturaleza arrebatándole su hálito de vida. Y esa contaminación ambiental exterior que sufrimos también me parece espejo y consecuencia de la contaminación de nuestro interior, a la que apenas prestamos atención. Yo diría que ése es el defecto de los movimientos ecologistas. Arremeten con pasión muy comprensible y justificada contra la contaminación del medio ambiente, mientras tratan la autocontaminación espiritual del hombre como si fuera uno de sus derechos a la libertad. Ahí hay una incoherencia. Eliminamos la contaminación visible, pero no prestamos atención a la contaminación espiritual del hombre ni a la imagen de criatura que hay en él, para poder respirar humanamente, y en cambio, defendemos con un concepto falso de la libertad todo lo que el arbitrio humano produce.
Mientras sigamos manteniendo esa caricatura de libertad – la libertad de destrucción interior y espiritual – no cambiarán siquiera sus consecuencias exteriores.
El capítulo 8 de la carta a los romanos lo explica muy claramente. Dice que Adán, es decir, el hombre interiormente contaminado, trata a la Creación como a una esclava y la somete, y que la Creación sometida gime por ello. Hoy en día escuchamos a la creación gemir como nunca. Pablo, además añade, que la Creación espera la presencia del Hijo de Dios para poder respirar, y que sólo respirará cuando se vea sometida a hombres que sean un reflejo de Dios.”[2]
Ya hemos identificado, entonces, cuál es el punto de desacuerdo entre los ecologistas ateos y los cristianos: el cuidado de la naturaleza no será posible sin una mística con “móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria”[3], pero en los cristianos los móviles deben estar guiados por una moral que no malentienda lo que es la libertad.
“Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacitad – por poner sólo algunos ejemplos –, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza».”[4]
Hablar de la bioética hacia el ser humano es hablar acerca de la bioética hacia la naturaleza. No se puede defender la naturaleza y defender el aborto, la eutanasia, la promiscuidad y otros asuntos defendidos por el relativismo. “No hay ecología sin una adecuada antropología.”[5]
“… es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica.”[6]
La ecología y la ética cristiana son entonces dos caras de una misma moneda.
[1] No confundirlo con la presentación a la manera de la Nueva Era.
[2] La sal de la tierra. Quién es y cómo piensa Benedicto XVI. Joseph Ratzinger.
Una conversación con Peter Seewald. Ediciones Palabra. 10ª edición. Madrid. 2007.
[3] Papa Francisco. Laudato, sí. Numeral 216.
[4] Papa Francisco. Laudato, sí. Numeral 117.
[5] Papa Francisco. Laudato, sí. Numeral 118.
[6] Papa Francisco. Laudato, sí. Numeral 136.
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jueves, 15 de diciembre de 2016
Abstinencia, Evidencia y Analogías
Hace rato no escribo. Hoy transcribo el artículo: https://c-fam.org/turtle_bay/abstinence-evidence-analogies
Por fin admiten que en realidad no se trata de
evidencia, sino de un proyecto político en oposición a lo
"moralista", o un "dogma" secular bajo otro nombre.
-------------------
[1] Centers for Disease Control and Prevention. Nota del editor del blog.
[2] ETS - Enfermedades de Transmisión Sexual. Nota del editor del blog.
Rebecca Oas, Ph.D | 15 de diciembre de 2016
En agosto escribí acerca de un
comentario publicado en The Lancet que argumentaba que las resoluciones de la ONU
deberían dejar de promover la abstinencia y la fidelidad como componentes
centrales de la prevención del VIH. Los autores de ese comentario se posicionaron
como proponentes de la evidencia sobre la ideología:
"Con evidencia científica más que dogma, los países deben adoptar e implementar una
agenda progresista para acabar con el SIDA y asegurar la salud sexual y el
bienestar para todos".
Este lenguaje figurado de la ciencia sobre la enseñanza
religiosa es una característica frecuente de argumentos que son profundamente
ideológicos por derecho propio. La frase anterior refiere de manera informal el
"es" de la observación empírica e inmediatamente gira hacia el
"deber" de las prescripciones de política infundidas por la visión
del mundo.
Pero la formulación de política es intrínsecamente prescriptiva, por lo que también podemos poner nuestras
cartas sobre la mesa: todos somos ideológicos hasta cierto punto, ya sea notificado
por la religión o alguna otra tradición filosófica. (Como un aparte, hay pocas
personas más dogmáticas en sus pronunciamientos en estos días que aquellos que
dicen evadir el dogma.)
Volviendo al debate sobre la
abstinencia como una característica de las resoluciones de las Naciones Unidas
y de la salud pública en términos más generales, la revista Lancet publicó
recientemente una correspondencia adicional relacionada con el comentario
original. Chika Edward Uzoigwe y Luis Carlos Sánchez Franco respondieron que,
aunque no todos los programas basados en la abstinencia son igualmente
eficaces, la efectividad de la abstinencia, el retraso en el inicio sexual y la
reducción del número de parejas sexuales es incuestionable en la prevención del
VIH.
Uzoigwe y Sánchez Franco hacen
una analogía con otras dos importantes preocupaciones de la salud pública: el
tabaquismo y la nutrición:
"El
mensaje primordial del CDC[1] es sencillo, intransigente e inequívoco de que fumar
mata y dejar de fumar resulta en sustanciales beneficios para la salud. La
evidencia de que este mensaje no disuade a los 1 a 2 millones anuales de nuevos
fumadores nunca podría justificar abdicar de nuestra responsabilidad
profesional para resaltar comportamientos y prácticas que engendren riesgo bajo y aquellos que conllevan riesgo alto. Lo mismo se aplicaría a la dieta, el
ejercicio y la sexualidad".
Los autores de la pieza original,
Kent Buse, Sarah Hawkes y Mikaela Hildebrand, respondieron, cuestionando
algunas de las analogías utilizadas por Uziogwe y Sánchez Franco:
"Ellos
citan el tabaco y defienden la abstinencia, omitiendo mencionar la ausencia de
cualquier beneficio conocido en la salud por fumar. Una mejor analogía sería la
nutrición. Varios efectos no deseados pueden ocurrir si la gente come los
alimentos equivocados o demasiado de los alimentos adecuados. Es nuestro deber
como profesionales de la salud no refrenarlos de comer, sino guiarlos hacia una
alimentación saludable ".
Es cierto que ambas analogías son
insuficientes, como todas las analogías lo son inevitablemente hasta un cierto
punto. Además de no impartir ningún beneficio para la salud, fumar es
totalmente opcional. Por otra parte, comer de acuerdo con las
directrices nutricionales básicas no sólo es algo que puede mejorar la salud, sino
que también es esencial no sólo para la calidad de vida, sino para la vida
misma. La abstinencia prolongada del sexo puede ser indeseable, pero la
abstinencia prolongada de los alimentos es letal. Buse y sus colegas continúan:
"Planteamos
que hay muchos beneficios para la salud de experiencias sexuales placenteras y
seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Sin embargo, en el
mundo real hay riesgo de relaciones sexuales no seguras, incluyendo embarazos
no deseados, ETS[2] y VIH. Por lo tanto, apoyamos programas basados en
evidencia para reducir esos riesgos - en lugar de nociones especulativas de
abstinencia (¿durante cuánto tiempo?) O reducir el número de parejas sexuales
(¿qué sería un número seguro?)".
Este fatalismo es sorprendente en
yuxtaposición a la referencia inmediatamente anterior a los "efectos
indeseables" de comer "los alimentos equivocados o demasiado de los
alimentos correctos." ¿Cómo creen exactamente Buse y colegas que hemos
llegado a nuestras nociones de lo que constituye un buen comportamiento
nutricional? ¿No podría adoptarse un enfoque similar con respecto al
comportamiento sexual? ¿Qué es exactamente "especulativo" acerca de
la promoción de la abstinencia hasta el matrimonio y la fidelidad dentro del
matrimonio como un ideal, tanto desde la perspectiva de la epidemiología como, más
ampliamente, de la prosperidad humana?
La afirmación de "beneficios
para la salud de experiencias sexuales placenteras y seguras" también
necesita ser examinada más de cerca: al menos, parecería ser altamente
contextual en cuanto a la edad de los individuos, la naturaleza y la
estabilidad de su relación, la presencia de cualquier pareja simultánea y otros
factores como el consumo de drogas o alcohol. Por ejemplo, hay poca evidencia
que sugiera que la actividad sexual entre los adolescentes es absolutamente
beneficiosa para su bienestar o correlacionada con mejores resultados en la
vida.
Volviendo una vez más a la
analogía alimentaria, la política de salud pública se ocupa no sólo del valor
nutricional de los diversos tipos de alimentos, sino también de su procedencia y manejo dentro de las cadenas de suministro. Una dieta rica en frutas y
vegetales para ser verdaderamente saludable debe estar libre de patógenos que
produzcan enfermedades. Del mismo modo, la promesa de una vida sexual sana y
placentera puede ser rápidamente socavada por la exposición innecesaria al
riesgo de muchas parejas. En un contexto en el que las infecciones de transmisión
sexual se están propagando rápidamente y, preocupantemente, cada vez más
resistentes a tratamiento, es sumamente irresponsable sugerir que el número de
parejas sexuales, o la concurrencia de múltiples parejas no importa y no debe
ser el foco de la política sanitaria.
Para terminar, Buse y sus colegas aluden al debate más
amplio:
"Existe
un proyecto político más amplio dirigido por la moralidad que busca limitar los
derechos sexuales - incluyendo la prohibición de la educación sexual integral,
el aborto y las relaciones sexuales homosexuales. Una vez más, vemos que
asegurar la salud y los derechos sexuales y reproductivos para todos requiere
más que evidencia, requiere administrar la política inherente en ella".
-------------------
[1] Centers for Disease Control and Prevention. Nota del editor del blog.
[2] ETS - Enfermedades de Transmisión Sexual. Nota del editor del blog.
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